ROJO AMANECER

ROJO AMANECER
Víctor Hugo Rascón
Es común que las obras de teatro pasen al cine
Lo que no es común en México es que las historias de cine pasen al teatro Esto es lo que ha sucedido con Rojo Amanecer que, dirigida en cine por Jorge Fons, ahora es puesta en escena por Adam Guevara, en el teatro Hidalgo, basados ambos en texto de Javier Robles y Guadalupe Ortega con la colaboración, en el teatro, de Sergio Molina

El tema ya había sido abordado en el teatro, con otra perspectiva por Pilar Campesino en Octubre Terminó Hace Mucho Tiempo, que tuvo muchos problemas de censura allá por los setenta, y por Jesús González Dávila, aunque de manera simbólica, en La Fábrica de los Juguetes, que presentaba unos niños fantasmas, mártires de Tlatelolco que se negaban a morir
Quien ve Rojo Amanecer en el escenario debe olvidarse que vio la película Hay que presentarse al teatro en estado virgen, sin prejuicios, a ver una obra de teatro y no una película teatralizada, porque cada uno de estos géneros tiene sus propias reglas, virtudes y posibilidades
El público y la prensa han sido injustos con esta obra de teatro que ya anuncia sus últimas semanas, después de haber llegado a sus primeras 100 representaciones Cosa lamentable, porque debiera permanecer permanentemente en cartelera Tanto como Cats o Cleopatra Metió la Pata, Rojo Amanecer es de esas obras que son tan valiosas para la sociedad, como hecho vivo y artístico, que en otros países los espectadores la habrían hecho suya, por cercana y entrañable Pero no, acá el escaso público que se acercó a la obra fue sólo para despejar su duda sobre quién era mejor: María Rojo o Irma Lozano, Adam Guevara o Jorge Fons
La obra logra trasmitir su carga emotiva y su dosis de reflexión, a pesar de múltiples barreras Tiene eficacia, no obstante la escenografía no realista, que contradice la propuesta realista del texto y que se mueve cada vez que la tocan o la pisan; de las acciones de violencia, los efectos y la sangre de mentiras, de la visión de Tlatelolco a base de cartón; de la iluminación irregular (se anuncia un apagón y todos los actores son perfectamente iluminados, se prenden velas y se encienden focos de muchos watts); de la regadera, que no logra simbolizar la lluvia; de la dirección convencional de los actores, que les permite actuar siempre de frente y modular la voz, como en el teatro de antes
La obra estremece, conmueve y convence a pesar de todo Hay tanta verdad en lo que dice, que al final no importa cómo se dice
Cómo no conmoverse ante esa familia de Tlatelolco, como tantas otras del país, con su cotidianidad doméstica, sus conflictos generacionales y su hogar violado por el poder
Probablemente haya muerto ya ese espléndido abuelo que hace Eduardo López Rojas, o ya esté jubilado ese burócrata que representa César Balcárcel, o trabaje fuera del hogar esa madre que actúa Irma Lozano, o ya sean profesionales incorporados al sistema esos estudiantes, como el que personifica notablemente bien Patricia Pereyra (quién la viera en las telenovelas) El hecho trágico y los personajes existieron y la memoria teatral los ha registrado
Rojo Amanecer es un hecho teatral, un acercamiento artístico al asunto, no un ensayo exhaustivo sobre el tema, que para eso están los libros de Elena Poniatowska y de Luis González de Alba, para quien quiera documentarse sobre el 2 de octubre
Así como Rojo Amanecer, la película, con todo y sus deficiencias técnicas, es una gran película; así, Rojo Amanecer, el teatro, con todo y su dirección convencional, es una gran obra de teatro que merece ser vista por el público que tiene derecho a otra alternativa teatral diferente de la del teatro de evasión, porque es un teatro vivo, honesto, valiente, bien escrito, bien construido, bien tramado Un teatro nuestro, que nos corresponde

Comentarios