90 AÑOS DE LEOPOLDO MENDEZ

90 AÑOS DE LEOPOLDO MENDEZ
Raquel Tibol
Al cumplirse el pasado 30 de junio el aniversario 90 del nacimiento de Leopoldo Méndez, muerto el 8 de febrero de 1969, sólo en una institución se pudo apreciar una colección de obra gráfica de este notable artista que, además, hizo murales, pintura de caballete, dibujo, diseño de libros, fue maestro y militante cultural con un consciente sentido de nacionalismo revolucionario Esa institución fue el IAGO (Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca), que bien puede considerarse ya como el mejor gabinete de estampa en México, gracias al sostenido empeño de su animador y donante principal: Francisco Toledo La gran seriedad que ha caracterizado el desarrollo del IAGO, desde su apertura en noviembre de 1988, ha hecho que artistas, coleccionistas y galerías de México y otros países le hagan donativos de estampas, álbunes, libros y otras piezas relacionadas con su clara y cuidada orientación
No fue el aniversario 90 la razón para haber expuesto en varias de sus salas 98 estampas de Leopoldo Méndez entre mayo y julio (fue desmontada el pasado 18 de julio); pero la coincidencia aumentó su importancia, ya de por sí relevante debido a que en Oaxaca nunca se había podido apreciar tal número de piezas de este grabador al que hace ya mucho tiempo que no se le dedicaba una muestra individual antológica Ahí estuvieron algunas de las carpetas editadas por la editorial La Estampa Mexicana durante los años que la dirigió el arquitecto y urbanista suizo Hannes Meyer (1889-1954), quien fue maestro de arquitectura de la Bauhaus en 1927, y su director entre 1928 y 1930, tiempo en el que introdujo en esa escuela superior clases de urbanismo, así como de ciencias naturales y materias técnicas Como director de La Estampa Mexicana, Hannes Mayer vigiló las siguientes ediciones con obras de Méndez: 25 Grabados de Leopoldo Méndez (1943), Incidentes melódicos del mundo irracional (1944, 40 grabados en madera y scratch board que ilustraron cuentos de Juan de la Cabada), Río Escondido (1948, diez grabados en linóleo hechos en 1947 para la película del mismo nombre) Otras películas para las que Méndez aportó estampas, que se utilizaron como soporte visual para los créditos, fueron: Pueblerina, 1948, linóleo; Un día de vida, 1950, linóleo; El rebozo de Soledad, 1952, madera; La rosa blanca, 1953, linóleo; La rebelión de los colgados, 1954, linóleo; Un dorado de Pancho Villa, 1966, litografía También colaboró en la versión 1950 de Memorias de un mexicano Entre un crédito y otro las estampas lucían a toda pantalla Seguramente la reproducción de ellas nunca tuvo mejor oportunidad Méndez lo sabía y se esmeró sobremanera tanto en la composición como en la variedad, sentido y emotividad de los cortes

Méndez llevaba pocos años de militancia en el Partido Comunista y sólo dos de haber fundado junto con Pablo O’Higgins, Luis Arenal, Alfredo Zalce, Ignacio Aguirre, Isidoro Ocampo, Everardo Ramírez, Raúl Anguiano, Jesús Escobedo y Angel Bracho, el Taller de Gráfica Popular, cuando tuvo que padecer lo que él consideró una verdadera trampa En su libro El Río, novelas de caballería (1986) así lo relata Cardoza y Aragón: “Hernán Laborde, secretario general del Partido Comunista Mexicano, Valentín Campa y otros altos dirigentes rechazaron tomar parte alguna en el complot contra Trotski Leopoldo Méndez, responsable principal en aquellos días del Taller de Gráfica Popular instalado en las calles de Belisario Domínguez, ignorándolo todo prestó las llaves a compañeros que utilizarían por la noche la prensa La policía averiguó que en el Taller se disfrazaron los asaltantes Alfaro Siqueiros no era miembro del Taller Detuvieron a Méndez, Isidoro Ocampo, Mariano Paredes, José Chávez Morado, los cubanos `El Gordo’ Quintana y Julio Girona, del TGP Olga Costa y Chávez Morado compartian el apartamento con Leopoldo Méndez y Andrea, su mujer A Méndez lo encarcelaron más de dos semanas (Página 528) El atentado del grupo encabezado por Siqueiros contra León Trotsky se produjo en la madrugada del 24 de mayo de 1940 En lo que le restó de vida a Méndez nunca le perdonó a Siqueiros haber metido al TGP en semejante complot”
De los 19 a los 66 años Leopoldo Méndez fue: estridentista, comunista, mariateguista, lombardista y lopezmateísta Fue todo eso de manera sucesiva, sincera y abierta, y la obra realizada en cada etapa es la mejor prueba En el libro antes citado Luis Cardoza y Aragón dice: “Leopoldo Méndez estuvo cerca de los estridentistas; no lo veo como tal Qué buen grabador” Estas frases se pueden interpretar de diversa manera: que Cardoza prefiere al “buen grabador” que al estridentista; que estando con los estridentistas estuvo “cerca” pero no dentro El joven Méndez —como el joven Siqueiros, como el joven Alva de la Canal— tuvo interés por los vanguardismos, se ejercitó en ellos, gracias a ellos aprendió a expresarse artísticamente Después de varios años, el ascenso de factores y personalidades democráticas dentro de la revolución mexicana alimentó en él fibras intelectuales y creativas ligadas al realismo que privilegiaba la función didáctica Durante cuatro décadas fincó en esa tendencia con profunda convicción ética
Sobre Méndez y el realismo Octavio Paz opinó (catálogo de la Exposición de Grabados de Cartón y Papel, Museo de Arte Moderno, 1980): “El didactismo de Méndez fue el resultado de la aplicación sistemática de una de las grandes aberraciones morales y estéticas de este siglo: el realismo socialista Por fortuna, la ideología no ahogó enteramente el talento y la sensibilidad de Méndez: en sus mejores grabados triunfa una línea tranquilamente poderosa y sus tintas, espesas y calientes, poseen una vitalidad densa, sensual y que no está reñida con la elegancia Esos grabados respiran”
Si bien durante la Segunda Guerra Mundial Méndez expresó con frecuencia en sus grabados una abierta simpatía por la Unión Soviética invadida por los nazis alemanes, lo predominante en sus obras es el nacionalismo revolucionario, contrario al dominio del gran capital y a la opresión de los débiles por los poderosos de dentro y fuera del gobierno; no respondía, como lo exigía el realismo socialista, a las tácticas y conveniencias del Partido Comunista de la Unión Soviética establecidas por la cúpula del aparato político Su práctica de un realismo social se inscribe en el humanismo, no en el dogmatismo

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