Editorial

Editorial
A la condición azarosa de todo proyecto humano se añaden, en el caso de este semanario, que hoy inicia su presencia en la vida pública mexicana, modalidades que le confieren una peculiar naturaleza Esta publicación surge, entre dificultades remontadas penosamente, al calor de la lucha por la libertad de expresión, lucha perenne entre la prensa que busca ser responsable y el poder que no se ciñe a la legitimidad
Este semanario nace de la contradicción entre el afán de someter a los escritores públicos y la decisión de éstos de ejercer su libertad, su dignidad Estas prendas valen en tanto posibiliten el que a través de ellas se expresen los que no pueden hacerlo de otro modo Como bien lo han entendido quienes de varias, emocionantes maneras contribuyeron a su aparición, Proceso no sirve sólo al propósito —que en sí mismo resulta menor— de dar voz a un grupo de trabajadores del periodismo La tarea real de Proceso trasciende a los periodistas que lo hacen, en la medida en que asuman su compromiso con su tiempo y con su país
En sí mismo, Proceso es un acto de confianza en la capacidad de nuestra sociedad para madurar como nación Agobiados por signos en contrario, lo peor que puede ocurrir a los mexicanos es desesperar de las posibilidades democráticas de remontar la crisis que hoy nos abruma Con la ruindad que es propia del anónimo, surcan hoy el país toda clase de adjetivaciones contra el régimen Con el sólo hecho de proclamar su nombre y el de sus autores, Proceso ejercerá su actividad crítica sin sumarse a tal desahogo Por lo demás, sería un ínfimo propósito el aparecer sólo para combatir a un gobierno que vive sus últimas horas

En medio de señales ominosas, entre las cuales la información y la crítica pública pudieran parecer exóticas o peligrosas, Proceso asume el compromiso de brindarlas Nos empeñamos en hacerlo porque estamos persuadidos de que es importante contribuir a que la nación se conozca a sí misma para que a partir de su propia conciencia pueda delinear su porvenir justo y libre
Testigo del transcurrir social, del proceso inacabable de los hechos con que el hombre edifica su historia, este semanario aspira a no ser mero relator de los acontecimientos, simple correa transmisora entre la realidad y los lectores Puesto que el hacer humano tiene sentido, se requiere también un proceso analítico para determinar si tal afán sirve o no para mejorar a los hombres y las comunidades que ellos integran
Proceso de los hechos, proceso a los hechos y a sus protagonistas: estas son las líneas de acción de nuestro semanario Golpeados por la inquina política en términos que causaron asombro dentro y fuera de México, por la impudicia de la agresión y la relevancia de quienes la concibieron, sus miembros no harán de Proceso un semanario del despecho y del resentimiento Primero, porque comprenden la naturaleza política de los hechos en que se les ha involucrado Y en segundo lugar, y sobre todo, porque los conforta y obliga la solidaria generosidad de un vasto número de mexicanos decididos a que el silencio no cubra por completo a esta nación
Proceso No 1, 6 de noviembre de 1976

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