Exportación: contramarcha fiscal

Exportación: contramarcha fiscal
Carlos Pereyra
En los periodos de crisis económica se agudizan las presiones y se tornan más incisivas las maniobras de los sectores dominantes, a fin de preservar sus posiciones privilegiadas y desplazar el costo de la depresión al resto de la sociedad En el tiempo transcurrido entre las dos devaluaciones decididas en el último bimestre, se encuentra un claro ejemplo de lo anterior en la exitosa campaña destinada a eliminar el gravamen decretado el 8 de septiembre a las exportaciones de artículos y obtener la reanudación del subsidio gubernamental a través de la concesión de los certificados de devolución de impuestos indirectos (Cedis), suspendidos en aquella misma fecha
Cuando a comienzos de septiembre se decidió modificar la Tarifa del Impuesto General de Exportación, la conveniencia de la medida se apoyó en los siguiente argumentos: a) los exportadores obtendrán beneficios extraordinarios en virtud del nuevo tipo de cambio y se requiere transferir una parte de esta excepcional utilidad cambiaria, para coadyuvar al sector público en la atención de las necesidades derivadas de la devaluación, sin incurrir en presiones adicionales al déficit de las finanzas públicas; b) los precios externos resultarán muy atractivos y los empresarios tenderán a ofrecer internamente su mercancía a los mismos precios que se pueden obtener en el mercado internacional; el impuesto prestará una parte de esa ganancia atenuando las presiones alcistas de los precios internos

Las exportaciones, sin embargo, no tuvieron el incremento esperado en el momento de la primera devaluación, pero ello no se debió como pretextaron los industriales exportadores a la revisión de la tarifa fiscal, sino a dos causas fundamentales: el rápido aumento en los costos de producción debidos a la ineficacia de cualquier intento en el control de los precios y el estancamiento del principal mercado comprador, afectado por la “recesión” económica que ha vuelto a frenar la capacidad norteamericana de compra, la cual es responsable de casi dos tercios de las exportaciones nacionales En cualquier caso, es improbable que la vigorosa tendencia inflacionaria padecida por el país en septiembre, haya volatilizado por completo los efectos favorables para los exportadores producidos por una devaluación del 58%
No obstante, los industriales impulsaron su criterio En la IX Convención Nacional de Comercio Exterior, realizada en Morelia, los exportadores organizados del país centraron sus baterías contra el gravamen a las exportaciones Pocos días después, las autoridades gubernamentales, en un último y fallido esfuerzo por frenar la fuga de capitales, cedieron ante la presión empresarial En esa reunión nacional, el director de Estímulos Fiscales de la Secretaría de Hacienda todavía defendió la postura oficial: “dicho gravamen se convierte en una fuente de recursos adicionales para el estado, contribuyendo a aliviar su situación financiera, sin que por ello se disminuya de manera sensible la ganancia cambiaria de los exportadores que, salvo en casos muy particulares, sigue siendo sustancial”
Esta “sustancial ganancia cambiaria” recibió de inmediato un nuevo aliciente, pues la segunda devaluación modificó el tipo de cambio en más del ciento por ciento respecto del prevaleciente hasta el 31 de agosto, creando condiciones todavía más favorables para las empresas exportadoras En los considerandos del decreto que derogó el impuesto a la exportación de productos manufacturados, se reconocía que la repercusión principal de ese gravamen había sido “de tipo psicológico”, es decir, se admitía que no eran consideraciones económicas las que conducían a su derogación, sino el afán por restablecer relaciones de confianza con un sector del empresariado injustificablemente inquieto por el rumbo de la política gubernamental
De tal manera el forcejeo en torno a esta cuestión concluyó, sin que por el momento parezca probable otra vuelta de tuerca, con el sacrificio del erario así como de los precios internos, en beneficio de un número muy reducido de empresas, pues es preciso recordar que sólo un porcentaje insignificante de éstas vende en el exterior, en su mayoría filiales “mexicanas” de consorcios transnacionales y plantas maquiladoras norteamericanas dedicadas al ensamblaje

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