Estabilidad del peso, problema político

Estabilidad del peso, problema político
Samuel I del Villar
Mantener una razonable estabilidad en la paridad del peso es, en estos momentos, un problema político más que económico Se debe a la urgencia de que el próximo gobierno asuma los controles sobre la economía y defina con firmeza, claridad y credibilidad la forma en que piensan manejarlos, aún antes de entrar formalmente en funciones
El problema es doble Por un lado se trata de que el Presidente de la República electo esté dispuesto ahora mismo a asumir esas responsabilidades y a hacer una definición tal Por otro lado, se trata de que el presidente de la República saliente esté dispuesto a permitírselo y a facilitárselo a su sucesor

El problema que la sobrevaluación del peso planteaba en la balanza comercial fue más que resuelto con su brutal depreciación del 31 de agosto histórico Las estimaciones más serias la colocaban en 42%, por lo que a 1775 pesos por dólar se hubiese alcanzado el equilibrio Al depreciar en 592%, y fijar la paridad con el dólar en 199 pesos, se subvaluó artificialmente su tipo de cambio
Por la impreparación e improvisación para llevar a efecto un cambio tan radical se cometieron errores muy graves Se estableció una nueva paridad fija, aunque el secretario de Hacienda anunció que la intención del gobierno era dejarla en flotación de acuerdo con el mercado Simultáneamente se impuso un impuesto “ad valorem” del 15% sobre la exportación; se eliminaron los “cedis”; se redujeron los aranceles a la importación; y se decretaron arbitrariamente aumentos generalizados en precios y salarios
Estas medidas tendieron a cancelar en vez de fortalecer los efectos correctivos de la depreciación No sólo tendieron a neutralizar los resultados positivos en la cuenta corriente de la balanza de pagos, sino que provocaron consecuencias francamente negativas en la cuenta de capital Las exportaciones de septiembre prácticamente se estancaron y por la mezcla de alta liquidez en las inversiones financieras, desconcierto e inseguridad, se agravó el drenaje de capitales hacia el extranjero
Para la segunda quincena de octubre se hizo evidente que no había una estrategia para que el peso alcanzase un razonable nivel de estabilidad, o bien, en caso de que la hubiese habido, que ella había sido un rotundo fracaso Primero, se dio un giro de 180 grados al eliminarse el impuesto “ad valorem” sobre la exportación y al reinstalarse los “cedis” Segundo, se hizo pagar de nuevo a la sociedad mexicana un precio muy alto por la impreparación e improvisación
El director del Banco de México, el 26 de octubre, anunció que “por nuevas —y fuertes— presiones en el mercado de cambios” se haría indefinidamente “más amplia la banda (de flotación)” Al día siguiente, al abrir los bancos, el público se percató de que en realidad había ocurrido otra brutal devaluación, al ofrecer el dólar a 265 pesos, (a menos de que la flotación hubiese ocurrido entre las 139 pm en que cierran los bancos y las 900 am que abren sus operaciones para el público)
El dólar debe estar singular y artificialmente sobrevaluado por la paridad del tipo de cambio que se protege, y los problemas en la cuenta corriente de la balanza de pagos por la sobrevaluación del peso deben haberse corregido La paridad oficial ya no otorga subsidios a la importación y obstruye la exportación, sino todo lo contrario
El problema es en la cuenta de capital Bajo condiciones de libertad cambiaria, la impreparación que se ha mostrado para manejar y presentar la devaluación, así como la incredulidad que despertado sobre su eficacia para estabilizar el tipo de cambio han hecho perder más divisas, de lo que ha hecho la devaluación para ganarlas
Quienes tienen la liquidez para comprar y sacar dólares han mostrado una gran inclinación a hacerlo, por caros que se los vendan Se está dispuesto a pagar un seguro muy costoso frente al manejo incompetente de la economía
Como lo mostró la segunda devaluación, en un mes pueden ser fatídicas “las fuertes presiones en el mercado de cambios”, a que hacía referencia el señor Ernesto Fernández Hurtado, que son provocadas por la incredulidad sobre la eficacia gubernamental para estabilizar el peso El gobierno saliente ya no puede hacer nada en las semanas que le quedan para mejorar esas condiciones, aunque sí para deteriorarlas
Nada perdería el país, y sí podría ganar mucho, si el Presidente de la República aceptase nombrar desde ahora las autoridades financieras que le indique su sucesor Se ganaría la valiosísima oportunidad de definir claramente una política sólida, coherente y creíble que dé garantías sobre la capacidad gubernamental para sacar al país de esta desquiciante inestabilidad monetaria y cambiaria a la que lo ha conducido la ausencia de una política real
Bajo condiciones financieras mucho menos desquiciantes, el Presidente Díaz Ordaz aceptó hace poco más de 6 años designar al secretario de Hacienda indicado por el entonces presidente electo Echeverría, para facilitarle la difícil tarea de gobernar la economía mexicana Ahora que esa tarea se ha hecho mucho más difícil un gesto político equivalente se hace tanto más necesario para el bien del país

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