El drama comienza por casa

El drama comienza por casa
Miguel S Wionczek
Por fortuna, no en todas partes del planeta los conceptos del nuevo orden económico internacional y las preocupaciones por el futuro del Tercer Mundo han sido desgastadas tan rápidamente como en México Si bien es cierto que el diálogo norte-sur está en estos momentos casi paralizado, el convencimiento de que el orden económico actual ha de ser objeto de una profunda revisión se está extendiendo rápidamente en las sociedades opulentas
La evidencia al respecto proviene de los importantes informes de insospechable solvencia intelectual que han visto la luz pública en las últimas semanas El primero se conoce como el Informe Tinbergen, el segundo lleva el nombre de Informe Leontieff, siendo sus respectivos autores principales dos premios Nobel en economía
El informe de Tinbergen y de 20 intelectuales de gran renombre en todos los continentes, intitulado “Remodelamiento del orden internacional”, fue auspiciado por el Club de Roma que ha recorrido mucha distancia en todos los sentidos desde su duramente criticado estudio inicial “Límites del crecimiento” Es objeto en estos días de una importante reunión convocada en Argel en que participan unos 300 “sabios” representantes de todas las corrientes políticas e ideológicas
El informe Leontieff “El futuro de la economía mundial”, elaborado por encargo de la ONU este año por un equipo de economistas no menos destacados, ha sido objeto de un debate a puertas cerradas en la sede de la ONU en Nueva York apenas hace un par de semanas Ambos estudios son a la vez optimistas y pesimistas respecto al futuro del mundo Son optimistas en el sentido de que llegan a la conclusión de que la crisis actual no se debe ni a la escasez de recursos naturales ni a la falta de conocimientos científicos y tecnológicos Son pesimistas porque, primero, consideran que la presente crisis mundial es obra humana; segundo, porque creen que los principales obstáculos que se oponen al desarrollo son de orden político, social e institucional antes que físico y tecnológico, y, tercero, porque sostienen que si no habrá cambios muy profundos en las relaciones internacionales y dentro de cada sociedad durante lo poco que resta de este siglo, la brecha de bienestar entre los países avanzados y las periferias del planeta se volverá para el año 2,000 sencillamente insoportable en términos políticos
Ambos informes, elaborados completamente por separado, ofrecen propuestas muy parecidas respecto a la solución de los principales problemas económicos internacionales La debilidad de ambos consiste en que no prestan debida atención a la naturaleza de las transformaciones internas que se consideran necesarias tanto en las naciones opulentas como en las subdesarrolladas, transformaciones aún más difíciles que las de orden internacional Su fuerza se origina en la claridad del razonamiento y la ausencia de la demagogia que ha caracterizado tantas campañas a favor del nuevo orden internacional en las periferias económicas mundiales
Tal demagogia aunada a las visiones muy confusas de la realidad mundial y al divorcio penosos entre los manifiestos dirigidos hacia afuera y las prácticas internas se han traducido en el desgaste de la concepción del nuevo orden internacional en muchos países del llamado Tercer Mundo, incluyendo a México Sería muy grave si se produjera ahora una situación en que al lado del avance en la concientización de los países avanzados frente a los grandes problemas mundiales, nos fuéramos a dormir agotados por el profundo cansancio originado en las torrentes interminables de las palabras huecas sobre el nuevo orden internacional y el drama del Tercer Mundo, drama que —cabe añadir— empieza en la casa propia

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