De sus memorias escritas en la vejez

De sus memorias escritas en la vejez
Los personajes y sus anécdotas en el mundo que vivió Isabela Corona
Susana Cato
El día en que cumplió ochenta años, frente a tres de sus pasteles favoritos, los de queso con coco, y en familia, Isabela Corona se veía triste, como si presintiera que el telón de su vida estaba a punto de cerrarse Seis días después, durante una operación imprevista, una de las más grandes actrices del teatro mexicano no volvió de la anestesia
El 8 de julio Isabela Corona murió, pero no abandonó la escena Quiso dejar al público, además de su presencia en más de cuarenta películas, las memorias de los tantos momentos que no quedaron apresados en el celuloide: ella fue ante todo una mujer de teatro, y perteneció a él desde siempre: formó parte del grupo Ulises, que moldeó —bajo la mecenas Antonieta Rivas Mercado— el teatro mexicano de vanguardia, y procreó con Julio Bracho el teatro Orientación y el teatro universitario
En el escenario de la vida de Isabela, desfilan fugazmente grandes figuras de ese México entre los años veinte y los cincuenta: Agustín Lara, María Izquierdo, Andrea Palma, Miroslava Stern, Diego Rivera, Germán Cueto, el doctor Atl, Miguel Lerdo de Tejada, Carlos Chávez, Frida Kahlo, Dolores del Río, María Félix Su dramaturgia anecdótica —repartida en cuadernos, cuadernitos y hojas sueltas— fue escrita en rígida letra Palmer, durante diez años, los últimos de su vida, como un patrimonio para sus nietos Javier e Isabela, hijos de su único hijo, Javier Corona, quien murió en 1986 Su nieto Javier entregó a solicitud de Proceso una preselección de textos —con base en personajes destacados— extraídos de la enorme caja de cartón donde Isabela Corona ahogó sus recuerdos el día que dejó de escribir, en diciembre del año pasado
Esas memorias, cuando el licenciado Javier Corona las revise exhaustivamente, serán publicadas como libro, y constituyen un fresco vivaz del mundo “culto y cúltico” del México de la época Son un documento que nos permite imaginar desde los trajes de Dolores del Río hasta los días malhumorados de Diego Rivera Reflejan una Isabela distinta a las malvadas que siempre encarnó en el cine y las telenovelas: una mujer fina y alegre, apasionada sobre todo del teatro, educada y coqueta hasta el extremo Un pez extraño en el mar de la crema y nata mexicana Una mujer que entró al teatro por casualidad y encontró allí la razón de su vida y su más grande pasión Tan atenta a todo, que sus memorias recrean en detalle gestos, vestidos y frases con una mezcla de ingenuidad y malicia en esta especie de crónica de sociales sui generis, escrita muchos años después de los hechos
También guardadas en la casa de su nieto en las Lomas de Chapultepec, donde Isabela pasó sus últimos meses, las fotografías desordenadas: en una lancha en Chapultepec, con Bracho, Octavio Paz y Elena Garro; en un cuartel, rodeada de soldados pidiéndole autógrafos; en Hollywood, luciendo el auge de su extraña belleza
Para su nieto Javier Corona, la pérdida fue grande Isabela Corona era “como mi segunda madre” En su última década, Isabela “vivía muy al margen de los medios y los homenajes”; en cambio, recuerda su nieto: “escribía a cualquier hora, a veces la escuchábamos escribir a las tres o cuatro de la madrugada”
Mujer durante casi diez años de Julio Bracho, Isabela fue un punto clave en la entrada de éste al teatro, a fines de los años veinte Sus memorias manuscritas abren la llaga de un secreto que su nieto mantiene y que ella se llevó a la tumba: Bracho fue el padre de su único hijo
México en el corazón de Isabela Corona o Isabela Corona en el corazón de México, estas memorias terminan siendo lo mismo, los días del México postrevolucionario dosificados: góticas de amor, de historias tras bastidores, de esos pequeños dramas cotidianos que van armando, casi sin quererlo, el gran teatro de la vida
JULIO BRACHO
En 1927, Isabel Refugio Corona Pérez Frías fue descubierta por el doctor Atl durante una función de declamación de la escuela comercial en que ella estudiaba Odiaba la declamación, según cuenta ella misma, pero la hacían recitar para que no se escapara con los novios
Un año después, Isabela Corona —nombre que le dio el mismo Atl— fue invitada por el poeta Gilberto Owen a participar en el recién fundado Teatro de Ulises
Escribe que Owen pasó a su casa por ella y le dijo: “Isa, no creas que el cacharro es un teatro como los que conoces Antonieta Rivas Mercado, la aristócrata de la que te hablé en mi carta, alquiló una vivienda en una vieja vecindad, en la calle de Mesones, y en lo que era la sala, se levantó un pequeño foro”
El teatro de Ulises surgió tras la desaparición de la revista literaria del mismo nombre y fue fundado por Xavier Villaurrutia, Salvador Novo y Gilberto Owen para montar “obras nuevas por actores no profesionales” Aunque tuvo solamente dos temporadas, la primera en 1928 y la segunda en 1929 en el Teatro Virginia Fábregas, el Teatro de Ulises tradujo y representó obras de Paul Claudel, Roger Marx, Charles Vildrac, Eugene O`Neill y Lord Dunsany Era un apasionado proyecto colectivo donde todos la hacían de todo, de actores, directores y escenógrafos: los ya citados poetas del grupo Contemporáneos, Villaurrutia, Novo y Owen, así como los pintores Roberto Montenegro, Manuel Rodríguez Lozano y Julio Castellanos, el arquitecto Agustín Lazo, la escritora Clementina Otero, desde luego Isabela y la misma Antonieta
En uno de los cocteles del Ulises Isabela conoció a Julio Bracho —contó ella al director teatral Otto Minera en una entrevista publicada en la revista Escénica, en junio del 89— Fueron compañeros durante diez años, antes de que Bracho se casara con Diana Bordes, madre de otra famosa actriz, Diana Bracho
Isabela habla de Julio en varios de sus textos Uno de ellos revela cómo era su relación en el teatro y en la vida real:
“En aquellas inolvidables noches en el Café Tacuba, los dos planeábamos con el pintor Carlos González la puesta en escena de Lázaro rió, de Eugene O’Neill Carlos realizaría los decorados y los trajes y el escultor Germán Cueto, también presente, crearía las 300 máscaras Mi admirado Arqueles Vela aportaba ideas
“Julio aún no contaba con el reconocimiento pleno de las autoridades de la Secretaría de Educación, que al parecer no tenía en su haber la trascendental fundación del Teatro Orientación El, comprendiéndolo, me dijo: Tú que conoces de tiempo atrás a Carlos Chávez, puesto que ambos están ligados por los días de Antonieta Rivas Mercado, eres la indicada para exponerle el proyecto de Lázaro rió
“Me entrevisté con Carlos Chávez, a la sazón director de Bellas Artes, dándole a conocer el costo del monto de la obra: seis mil pesos que en ese entonces eran una cantidad importante
“Carlos, tras breve momento de reflexión, me dijo: Isa, querida, me parece muy interesante su proyecto, pero perdone mi franqueza: ¿Cómo puedo autorizar esa erogación considerable de seis mil pesos para una realización teatral tan ambiciosa, que estaría bajo la dirección de Julio Bracho, que es tartamudo? ¿Cómo puede ser tartamudo un director de teatro? O mejor dicho ¿Cómo puede ser director de teatro un tartamudo?
“Yo, ante las sorpresivas palabras de Carlos, le dije:
Comprendo sus reticencias, Carlos, pero le aseguro que Julio, al dirigir, no tartamudea Ya lo demostró en la temporada de inauguración del Teatro Orientación () Julio, al dirigir, actúa como el mejor de los actores No me hubiera atrevido a exponerle este proyecto sin la certeza de que es el único que actualmente puede dirigir teatro de masas
“Le creo, Isa”
Chávez prometió contestar en una semana (“Julio no supo nunca de las reticencias de Chávez”), y en efecto le dijo a Isabela:
“Isa, Bellas Artes patrocinará la puesta en escena de Lázaro rió Tengo fe en usted, aunque sigo creyendo que es insólito que el director sea tartamudo”
Isabela escribe:
“Yo no tenía dudas, mi fe en Julio como director escénico era absoluta”
Pero esa fe había sido hija de la desconfianza, pues cuenta este hecho ocurrido cuando daba clases de declamación en las escuelas nocturnas, poco tiempo antes:
“Julio me acompañaba al departamento de Bellas Artes de la Secretaría de Educación Pública() Uno de esos días, me propuso ¿por qué no le dices al doctor Pruneda que en lugar de impartir esa clase de declamación que tan poco les sirve a los trabajadores te siga dando el sueldo para que formes un grupo de teatro que haga representaciones en esta sala? Pide además 50 pesos cada mes para montar las obras Que esta sala sea teatro experimental Yo llamo a mi primo Chucho Cárdenas que se preparó en los Estados Unidos para ser director de teatro”
El doctor Pruneda aceptó la propuesta de Isabela
“Con gran entusiasmo llamé a jóvenes a los que había oído declamar en reuniones sociales Julio había seleccionado la obra Jinetes hacia el mar, de John M Synge, y la más fuerte de Strindberg para el programa de inauguración
“Llegó el día del primer ensayo Esperamos inútilmente la llegada del director Chucho Cárdenas Ante ese contratiempo, Julio decidió dirigir
“Me pareció tan absurda su decisión Julio nunca había manifestado deseos de dirigir teatro El mismo había sugerido a Chucho Cárdenas ¿Qué podía saber de dirección un estudiante de Arquitectura sin ningún antecedente artístico?
“A mí no me diriges, le dije sin miramientos”
Julio Bracho, “humilde, no replicó, e inició su tentativa dirección”
En Escénica, Isabela narró: ” pero cuando lo oí haciendo indicaciones a los demás, me convenció y ya luego no movía un dedo si él no me decía cómo”
Ese estudiante de arquitectura “sin ningún antecedente artístico” fue más tarde el fundador del teatro universitario y uno de los más prestigiados cineastas mexicanos, director de Ay qué tiempos señor don Simón, Distinto amanecer y La Sombra del caudillo, entre otras
“Yo le pasaba a Julio mis conocimientos escénicos y él me los devolvía enriquecidos”, anota Isabela, quien recuerda además a Lázaro rió como un éxito total, un interesante y difícil experimento de teatro de masas que nadie se atrevió a repetir
La actriz describe los ensayos tras la aprobación de Chávez, después de los cuales “Julio y yo íbamos al obligado Regis, abierto toda la noche Yo pedía reparador jugo de carne y molletes con mantequilla Julio saboreaba carne estilo Cantinflas, asiduo concurrente del lugar, como tantos artistas que remataban allí después de las funciones, y quien inventó ese platillo, según aseguraban los meseros: la carne asada primero y después frita, condimentada con sabrosa salsa”
Después “volvíamos a Condesa, a nuestra realidad Julio me dejaba a la puerta de mi casa, pero sin prescindir de sus quejas, de sus peticiones para que apartara a mi hijo de mi vida, para que no me exhibiera con él A pesar de sus inhumanos deseos, todas las mañanas yo sacaba a pasear a mi niño en su carreola, como a cualquier niño que tiene derecho a la vida, a no ser lastimado, entristecido”
Y concluye con esta frase enigmática:
“Yo no lo escondería, como me escondieron en mi niñez”
DOÑA BARBARA
Aclamada como una de las actrices más intensas de México, Isabela Corona participó en 45 películas —en 1978 obtuvo la Diosa de Plata por Los indolentes, de José Estrada—, 48 obras de teatro —entre sus favoritas, Macbeth, de Shakespeare, y Largo viaje de un día hacia la noche, de Eugene O’Neill— y fue villana favorita de las telenovelas y radionovelas
En 1943, Fernando de Fuentes, quien la había dirigido en la película Creo en Dios, tres años atrás, la eligió para protagonizar a Doña Bárbara, en la versión cinematográfica de la novela del mismo nombre del venezolano Rómulo Gallegos Cuentan que durante una comida con el escritor, María Félix apareció en la puerta, bellísima, imponente, toda de blanco Allí se detuvo, en espera de un caballero que la escoltara, porque decía que jamás cruzaría un salón sola Mientras los hombres corrían hacia ella, Rómulo Gallegos exclamó emocionado: “¡Ella es mi doña Bárbara!”
En las memorias de Isabela Corona, la elegante referencia a este episodio queda plasmada así, con un nuevo personaje en la escena:
“Varias tardes fui a ensayar con Agustín Lara Me gustaba cómo Agustín daba su interpretación muy laresca de sus canciones Recuerdo aquella tarde, sobre el piano había una revista El la tomó y comentó: Estos desdichados periodistas me espían Dicen que María me hace escándalos nocturnos para que le abra la puerta y que los vecinos se quejan de las desveladas Sus labios prolongados por la herida sonrieron, y agregó con la gracia que lo caracteriza: Y no mienten, Isa, María es bruta, bruta Claro que al decir bruta no quería decir que fuera tonta Esa era su forma especial de expresarse hasta en forma elogiosa Sólo comenté: ‘Yo he tratado a la señora Félix muy superficialmente Coincidimos las dos en el Country Club de Guadalajara Nos fotografiamos con David Silva, te he de enseñar la foto Me cayó muy bien No tengo nada en su contra, ella no tiene la culpa de ser bella ni de que Rómulo Gallegos la haya preferido a mí para Doña Bárbara, además tuvo la gentileza de invitarme a su filmación No acepté, por supuesto’
“Agustín me miró un instante con sus ojos inyectados No esperaba mis palabras Puso sus dedos descarnados, mágicos, sobre el teclado, y reanudamos el ensayo Estábamos en ese diciembre cuando el teléfono me trajo la voz de Agustín: Isa preciosa, creo conveniente que suspendamos nuestros ensayos en estos días hasta después del 12 de diciembre Ya sabrás que soy de los organizadores de las Mañanitas a nuestra Virgencita morena y tengo que hacer antesalas de ir y venir En las heladas y concurridas Mañanitas a la Virgen ví a lo lejos a Agustín Lara del brazo de la señora Félix Seguramente se había decidido por ella y las otras bellas estarían llorando
“Agustín no volvió a llamarme Aquella nuestra amistad tan limpia, que parecía indestructible, se desplomó”
EL MACARTISMO
A principios de los años sesentas, después del gran éxito de El niño y la niebla, de Rodolfo Usigli, dirigida por José de Jesús Aceves, se hizo tuvo una gira con la obra por Estados Unidos Anota Isabela lo sucedido al ir a sacar su pasaporte en la embajada de ese país:
“() tuve que comparecer ante una funcionaria severa, impresionante, de grandes ojos penetrantes Me disparó varias preguntas y me dio la impresión de que quería a toda costa que me declarara comunista
“No soy comunista ni lo he sido, señora, afirmé terminante Ella, acusadora, me dijo: Usted fue invitada a firmar el Manifiesto de la Paz
“Desconcertada ante la referencia a un hecho para mí sin importancia contesté:
“—Sí, señora, hace muchos años Recuerdo que el joven Covarrubias, como usted lo sabrá, fue al teatro Ideal en donde yo actuaba a solicitar mi firma, pero me excusé diciéndole: No quiero guerra, deseo un mundo de paz para mi hijo Pero perdóneme que no firme, si lo hiciera, quedaría fichada como comunista sin serlo”
Isabela obtuvo el pasaporte y salió de la embajada convencida de que la funcionaria “era mejor actriz que yo”
ANTONIETA, MIROSLAVA, FRIDA, MARIA IZQUIERDO
Las descripciones de las mujeres famosas de la época hechas por la pluma de Isabela Corona encajan perfectamente con sus mitos Alguna palabra, alguna frase, son piezas del rompecabezas de la memoria y del ansia de moda que trata de reconstruirlas, quizá de revivirlas
De Antonieta Rivas Mercado: “Era alta, esbelta Su rostro sin afeites, enclavado en su airoso cuello, con piel morena pálida, ojos grandes escapándose de sus órbitas, nariz amplia, un poco caída, casi escondía su boca pequeña de labios finos No era bella, pero el conjunto resultaba interesante, algo misterioso Su distinción era innata, como su elegante sencillez Vestía con finas telas, trajes tal vez parisinos, de talle largo y falda corta, siempre con manga larga Lucía, discretamente consciente, sus bien delineadas piernas, quizá un poco sobradas para su esbeltez, basadas en largos pies calzados siempre con zapatillas negras de glasé de medio tacón En su vestimenta dominaba el gris, blanco y negro En sus sombreros, los mismos tonos Por todo adorno usaba frecuentemente un largo collar de perlas, pero prefería un collar de plata de varios hilos, que caían sin alteración sobre sus senos también discretos Prolíficos y finos aros de plata cubrían gran parte de su brazo izquierdo, sus manos largas, pálidas, bellas, siempre estaban disciplinadas, suaves, reposadas, no reveladoras”
De Frida Kahlo, cuenta, “me trató como a una amiga, en nuestra primera y única plática” El encuentro se produjo durante el último coctel que ofreció Miroslava Stern en su casa de la calle de Kepler Frida, escribe Isabela, “lucía la suntuosa indumentaria que siempre la caracterizó, tan mexicana, con su falda y blusa de olanes y encajes, con su pelo negro trenzado con listones de colores en lo alto de su cabeza, y sus ricos aretes, collares y pulseras de oro
“En su lenguaje claro, rudo, yo advertí su pureza de espíritu, sinceridad, superioridad para soportar estoicamente su intenso sufrimiento físico, el más fiel y pertinaz compañero de su vida”
En ese breve diálogo, Frida dijo “sin blandura, sin lloriqueo: Me está llevando la tostada A veces creo que puedo acostumbrarme al dolor, pero me equivoco
“¿Sufre dolor en este momento, Frida?, le pregunté impresionada Sufro dolor en este momento y en muchos otros Pensé: ¿Cómo puede Frida pintar su martirio con esa maestría y disciplina? ¿Cómo puede tener aliento para vestir tan regiamente? ¿Cómo puede ser tan humana en su trato, llevando a cuestas tanto sufrimiento? Creo que yo en su lugar, inferior a ella, me dejaría morir”
Miroslava se suicidó poco tiempo después “Conjeturas, lucubraciones corrieron de boca en boca ‘Amor imposible por un torero español o por el actor cómico mexicano’
“¡Con qué energía y sentido de la amistad Ninón Sevilla y la Chula Prieto impidieron que los fotógrafos de prensa entraran en la recámara de Miroslava y la retrataran tal y como quedó al morir!
“Ernesto y yo asistimos a la cremación de Miroslava en el Panteón de Dolores Tal como fue cremada su doble de cera en la película de Buñuel Ensayo de un crimen, en la que también Alonso intervino”
Sobre Dolores del Río, anota: “Es la amiga sin complejos, porque lo tiene todo: belleza y talento reconocidos mundialmente, distinción y elegancia, por bien nacida, generosidad, porque tiene mucho de bueno en sí misma para dar a los demás”
De María Izquierdo: “Apoltronada en un equipal, con sonrisa complaciente y ojos adormilados, con su acostumbrada indumentaria al estilo ranchero de Jalisco; su negro y lacio pelo indígena trenzado con cordones de colores que coronaban su cabeza, disfrutaba al ver su salón concurrido por escritores, pintores, periodistas, diplomáticos María, hospitalaria, hacía a un lado sus tristezas Los años no habían borrado la presencia de Rufino Tamayo, su único y perdido amor
“Estaba casada últimamente con un pintor chileno, Raúl Uribe, que no le dio felicidad El no era estimado en el círculo de amigos de María, y algunos guasones decían que era como los tamales, de chile y de manteca, porque su humanidad era gorda Pero María llevaba las frustraciones con señorío, su máscara india revelaba solamente serenidad”
CRONICAS DE LA SOCIALITE
Los manuscritos de Isabela Corona podrían ser considerados “crónicas de la socialité” de ese México que murió muchos años antes que ella Seguramente están todos los que deben estar, porque en cada texto menciona nombres, características y estilos Cuenta incluso sus grandes amores: el último fue Rafael Corrales Ayala, exgobernador de Guanajuato
Una de sus reglas inquebrantable sobre el escenario era no ver jamás al público, y en Largo viaje de un día hacia la noche peleaba con Augusto Benedico:
“No veas al público, me distraes viendo quién está
“No veo al público, replicaba él, es que soy miope y te doy esa impresión”
Sin embargo, en sus textos, escritos al calor de la nostalgia, se revela como una ferviente espectadora de lo que llama el mundo “culto y cúltico”
A veces es la persona, a veces la anécdota
Como ésta, sobre una fiesta que en honor de Isabela organizó Agustín Lara, en su casa de Polanco Escribe sobre Agustín:
“No es feo del montón, sino feo especial No hay en su rostro algún rasgo hecho con caridad Una herida que marca notoriamente su cara ha cicatrizado en su mejilla izquierda hasta su oreja; pero al frente ha quedado abierta: por esa herida canta y come Sin embargo, su conversación fácil, ingeniosa, su personalidad tan original hacen olvidar su rosada y accidentada máscara”
Esa noche, narra Isabela, “Agustín, anfitrión espléndido, resplandecía de satisfacción ante la categoría de mis amigos: Xavier Villaurrutia, Celestino Gorostiza y Armando Valdez Peza, entre otros”
Y suelta la anécdota: “Los finos tragos, escanciados en exceso, enfermaron a Armando Valdez Peza Al compás de Noche de ronda, Armando, sanguíneo de suyo, pero de momento pálido como la cera, subió las escaleras tratando de mantenerse erecto, y desapareció de la fiesta
“En los días subsecuentes, Armando tuvo tema de conversación hilarante Con su proverbial elocuencia relataba que, al llegar a la planta alta de la aburguesada casa de Agustín, dejó caer en una cama su larga y casi exánime humanidad —naturalmente después de haberse liberado de los buenos caldos y las exquisiteces culinarias de la Chata Sosaya, esposa de Lara— Que para ‘ludibrio y escarnio’ suyo, manos anónimas, audaces, pero caritativas, lo desvistieron y pudorosas, lo metieron en una pijama de fina seda, que obviamente le quedó corta, pero que alcanzaba a cubrir lo cubrible
“Al despertar, ya con las primeras luces, en una cama desconocida, ya mareado, se vistió de inmediato, y al tomar su corbata del buró, le pincharon los dedos los alfileres que atravesaban a un muñequito de trapo, que muy serio, estaba entre los dobleces de la prenda
“Armando, empavorecido, furtivamente, para no despertar a Agustín y a la Chata, bajó las escaleras y alcanzó la calle
“Salió al parque Polanco, que estaba enfrente, y terminó de abotonarse el traje; al sacar el peine de su bolsillo sufrió nuevos pinchazos en los dedos y sacó nuevos muñecos; lanzó un grito de terror y echó a correr ante el asombro de los lecheros y los barrenderos, después de arrojar lejos de sí el fetiche”
RIVERA Y GOITIA
“Militante católica”, como se autodefinía, y acostumbrada a departir con el jet set artístico y cultural, Isabela Corona narra una comida con algunos de los grandes pintores en los treintas, en casa de Francisco Goitia, así:
“El doctor Atl me invitó a una comida en Xochimilco en casa de un pintor, cuyo nombre se me escapa, pero su presencia no; muy bohemio, muy desaseado, vestía por no andar desnudo Estaba casado con una indígena del lugar, con su cara prematuramente marchita, como toda mujer ruda, de trabajo No salió de la crema
“Entre los invitados estaban Diego Rivera y su esposa Lupe Marín, Carlos Chávez y Concha Michel
“Mientras la trajinera se deslizaba por el no tan contaminado lago para conducirnos a casa del pintor anfitrión, entonamos canciones a coro Carlos Chávez me dijo: Isabela, tiene usted una voz de contralto pura Hay muy pocos contraltos en el mundo Debería estudiar canto en el Conservatorio Si gusta, yo la presentaré con la princesa Polignac, que es una excelente maestra, además, ella la introducirá en la alta sociedad
“Lupe Marín y Concha Michel, que hacían un dueto extraordinario cantando estilo ranchero, entonaron la canción que el doctor Atl siempre canturreaba Al escucharlas, Diego montó en cólera y regañó a Lupe, ante el azoro de los invitados: ‘Debería darte vergüenza cantar esa letra tan inmoral’
“La canción que escandalizó al genial pintor dice así:
Oyes Ignacia,
qué bonito huerto tienes,
qué bonito huerto tienes,
me regalas una flor
No me la des de mirto,
dámela de pasión,
que sólo y el que no sea hombre,
no sabe lo que es amor
Y ella me dijo: Pasa a cortarla,
y yo le dije, que nos podían ver,
y ella me dijo: Pasa miedoso,
que al cabo ¿qué te han de hacer?
Ni tú eres el primer hombre,
ni yo la primer mujer”

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