Continuar la política exterior

Continuar la política exterior
César Sepúlveda
Frente a la intensa, incisiva, insólita actividad internacional del Presidente Echeverría estos seis años —sin precedente en ninguna otra época— muchos observadores públicos y privados predican un receso, una vuelta a épocas más tranquilas, pues achacan algunos de los males del país a la insistencia en la política exterior, o cuando no, injustamente escépticos, sostienen que ella es útil para enaltecer la imagen personal de quien la practica, y no al interés nacional
El régimen que se inaugurará en breves semanas, confronta varias alternativas, ya que habrá la opción de proseguir, aún con mayor énfasis, el programa internacional de la presente administración, o de aceptar sólo una parte de él, o bien, de preservarse, practicando un cierto aislamiento, para dedicarse de preferencia a los ingentes problemas domésticos

Pese a las críticas que suelen escucharse, exacerbadas estos días, y admitido que la política externa exhibió en este periodo algunas, previsibles fallas, y no dejó de inquietar, es evidente que ella produjo aciertos formidables, que benefició directa e indirectamente a nuestro país, y que elevó el prestigio de México en todos los foros internacionales Puede decirse en justicia que el balance es satisfactorio y está por encima de cualquier deturpación
Es lógico, entonces, esperar que se continúe esa por senda, no obstante las diferencias de inclinación y de temperamento entre uno y otro mandatario, y sin que sea óbice la necesidad de atender a las presionantes cuestiones nacionales, que requieren cada vez más de una consagración enorme, casi exclusiva
Y no debe ser de otra manera, porque realmente en el ejercicio de una enérgica, activa política exterior, bien planeada por supuesto, puede encontrarse la solución a no pocos problemas internos Ya no es posible desligar lo doméstico de lo internacional y viceversa La férrea ley de la interdependencia entre los Estados establece fatalmente que no se descuide la actividad externa un solo momento, a riesgo de perder considerable terreno en asuntos de vital interés propio
Por ejemplo, la oportunidad de alcanzar un nuevo orden internacional más justo, en lo político y en lo económico, podría alejarse si uno de los principales puntales como ha sido México se disocia de ese tremendo empeño Y también se perdería la mayor capacidad de negociar, y la ocasión de concertar entendimientos productivos, favorables por entero a la República, si se practica el aislamiento y la ruptura de la dependencia, que gravita tan fuertemente sobre nosotros, no podría lograrse si existe abstención de parte de México
Parece, entonces, que el nuevo mandatario debiera continuar empujando con denuedo, perseverando en la diplomacia personal, martillando en los foros internacionales, en la búsqueda de un nuevo sistema interestatal más comprensivo y más justo y que es esencial para la paz No parece haber otra alternativa para él que continuar aportando la voz de su nación en bien de la convivencia internacional y en última instancia, en bien de México y parece aconsejable que en esa empresa se pongan en práctica los métodos mejores y más probados, para que esa política sea lo más tersa y efectiva posible

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