Universidad ¿para qué?

Universidad ¿para qué?
Marcos Moshinsky
Es oportuno analizar, como piensa hacerlo Proceso, los acontecimientos recientes que nos han llevado a la situación que actualmente lamentamos Más importante aún es reflexionar sobre las acciones futuras que necesitaremos tomar para poder salir de esta situación Esto requiere cuestionar las premisas sobre las que se ha basado la vida del país Debemos preguntarnos el por qué y el para qué de todas las instituciones en nuestra estructura social, tratando de aportar los conocimientos específicos que tengamos respecto a estas instituciones, y no nada más agregar el torrente de palabras que, como auditorio cautivo, hemos tenido que sufrir en los últimos años
Por razones de sobra conocidas dejé, junto con muchos otros de los colaboradores actuales de Proceso, de escribir en la prensa desde hace más de cuatro meses Durante ese periodo, en múltiples ocasiones hubiera querido comentar los acontecimientos que han sacudido brutalmente al país y mostrado, en toda su cruda realidad, la magnitud de los problemas que enfrentamos
El tema al que quisiera abocarme es el para qué de las universidades del país y particularmente de la UNAM Mis credenciales lo constituyen treinta años de investigación y docencia en esta última Esta experiencia me lleva a considerar, entre otros, a los siguientes puntos de vista que se han externado sobre el papel de las universidades en México: 1) Las universidades son instituciones académicas cuyo objetivo es crear conocimiento nuevo, así como entrenar a personas capaces de aplicar el conocimiento existente a la resolución de los problemas económicos y sociales que afronta el país 2) Las universidades son instituciones críticas cuyo objetivo es promover el cambio social hacia estructuras más justas 3) Las universidades tienen por objetivo el mantener el mayor número posible de jóvenes en sus aulas para que no presionen sobre el de por sí exiguo mercado de trabajo ni provoquen disturbios fuera del propio campus universitario
Los primeros dos objetivos se han mencionado con frecuencia y, si se implementan a través de estudios y acciones serias y disciplinadas, son irreprochables Pero es el concepto de universidad como válvula de escape de las crecientes tensiones sociales, la que parece ir adquiriendo cada vez mayor vigencia Como resultado de ello ha habido una devaluación de la educación superior en México, quizás no tan dramática como las últimas devaluaciones del peso, pero a la largo posiblemente de efectos aún más nocivos
¿Es posible detener la devaluación académica y elevar posteriormente la enseñanza e investigación al nivel que el país requiere? ¿Pueden las universidades tener un papel importante en la transformación social del país, en lugar de limitarse a vivir una revolución cultural permanente (en el sentido chino de la frase) limitada al campus universitario? ¿Cuales son los requisitos académicos mínimos que debieran exigirse a los que aspiran a la educación universitaria y cómo proporcionarlos a aquellos que no pudieron adquirirlos por razones económicas? ¿Cómo financiar la educación universitaria que en el presente año, y sólo en la UNAM, implicará una erogación cercana a los cuatro mil millones de pesos? ¿Cómo elevar el nivel académico de los estudiantes y a la vez incrementar su participación en actividades de relevancia social? ¿Cuál es el nivel académico del personal docente, y cómo podemos ir eliminando las disparidades de nivel que hay entre los que laboran en diferentes institutos y facultades de una misma universidad o entre las diferentes universidades? ¿Qué papel debe jugar el sindicalismo universitario? ¿Cómo podemos descentralizar la investigación, hoy tan concentrada en la capital?
Esta y muchas otras preguntas requieren urgente respuesta de todos los universitarios, independientemente de la ideología que profesen De allí la necesidad de múltiples debates abiertos que podrían intitularse “Universidad ¿Para Qué?”

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