Mes de muertos

Mes de muertos
Juan José Hinojosa
Existe en México una liturgia popular sobre la muerte; se expresa en los panteones de Mixquic o Janitzio que hacen florecer la tierra de los muertos en estallido de flores y de luces; en la artesanía de azúcar que construye calaveras: en el pan de muerto: en la literatura da forma a “las calaveras” que en verso aprovechan el tema del tránsito para subrayar en gracia, malicia o picardía defectos y virtudes sobre hombres que ocupan lugares destacados en los campos del arte, la ciencia, la empresa o la política Las hay cuidadosamente anodinas o terriblemente intencionadas, cargadas de zalamería o de veneno, mediocres o brillantes Quienes desconocen la técnica del verso, sufren la frustración de no decir en “calaveras” lo que saben o piensan sobre personas importantes En contraste, es común que los poetas —don de Dios— digan en buen estilo cosas de superficie Tal vez resultaría excelente —para la historia y la antología— que en equilibrio de armonía los primeros aportaran el pensamiento informado y penetrante y los segundos lo vaciaran en la gracia iluminada del verso
Así, podría sugerirse para el epitafio del secretario de Turismo una sola palabra: “mañana” Define en brochazo de Orozco, seis años de gris mediocridad: hombre optimista, sus declaraciones endosan permanentemente al futuro las posibilidades de la eficacia A partir de mañana, del mes siguiente, del próximo trimestre o año, de la cancelación del impuesto, de las campañas que realizamos, del convenio que firmamos, de la reunión a la que asistimos, el turismo se recuperará; en su peregrinar por el sexenio, hasta el desenlace en noviembre de 1976 —mes de muertos— se ganó a pulso el “mañana” para su tumba; y termina su actuación, desenlace de la vida, calavera de la muerte, con los índices más bajos de ingreso por concepto de turismo en la historia de este país
Del hombre en la Reforma Agraria, podrían subrayarse, en acento marcial de redondillas, los matices en sus discursos cuando ascienden como nube de incienso hacia las cumbres del altar que entroniza al semidiós, o cuando descienden a los infiernos en los que sitúa a los pequeños propietarios En el primer caso, zalamero En el segundo, insolente Siempre, un denominador común, la promesa de un paraíso terrenal para los campesinos mexicanos; parca y guadaña muy cerca de su vida —palabras manoseadas por los poetas que hacen calaveras— la estadística implacable —otra palabra socorrida en los versos de noviembre— evidencia que ingreso y desempleo en el campo, con su carga terrible de angustia y amenaza, desembocaron en índices que no son para presumir
Para el secretario de Hacienda debiera construirse en verso épico de elegía, variantes sobre un mismo tema: “cohete que estalla en las manos” Repetición obsesiva de una frase, nutrida en la inspiración de García Lorca, —”eran las cinco en punto de la tarde”— que taladre y aletee sobre el verso calavera: “la política económica se maneja desde Los Pinos” La calavera alcanzaría en este caso cumbre de poema, oficio de rescate, acto de justicia Pecado mortal sería descargar sobre el último eslabón de la cadena las furias de las parcas, los guadañazos del reproche, los propósitos sombríos de la condenación eterna al fuego del infierno; el poeta podría deslizar en la arquitectura del poema la aguda afirmación de la Sabiduría Popular: “El éxito tiene cien padres y el fracaso es huérfano”
En esta conjugación sugerida entre poetas y profanos podría sugerirse una “calavera” hermosa y profunda, mexicana y ecuménica, que encontrara inspiración en López Velarde, Beethoven o Darío, construida en métrica de oda o himno a la esperanza, que no hablara de muerte, sino de vida, no de guadañazos rencorosos o revanchistas, sino de paz, de tranquila convivencia en el orden y la justicia, de concordia, de alianza fraterna en el pensamiento plural; no de enfrentamientos, sino de cooperación, no de resta, sino de suma Y que incluyera entre sus versos, como centro de gravitación del estilo y del mensaje, la vieja frase esperanzada: “qué gran pueblo si hubiese gran señor”

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