LOS AMIGOS ENTRAÑABLES DE RITA MACEDO ANTE EL ENIGMA DE SU SUICIDIO

LOS AMIGOS ENTRAÑABLES DE RITA MACEDO ANTE EL ENIGMA DE SU SUICIDIO
Miguel de la Vega
“Era un día de mucho tráfico Al entrar a mi casa, la mujer que me atiende me dijo `parece que murió la señora Rita’ Lo había oído en el radio Me reporté a casa de Julissa y confirmé que así había sido Me quedé muy atarantado No recuerdo que pensé”, relata José Luis Ibáñez
“¿Qué le pasó?, ¿qué dolor, qué oquedad la venció?”, pregunta María Luisa “la China” Mendoza ante el suicidio de Rita Macedo

Actriz de cine, teatro y televisión, Rita Macedo murió a los 65 años el lunes 6 de diciembre, a la una y treinta de la tarde Las primeras versiones atribuían su muerte a “un repentino ataque cardiaco” Al día siguiente, la policía emitió un boletín en el que precisaba que se había disparado en el paladar con una pistola calibre 25, tipo escuadra No dejó notas ni explicaciones, sólo dudas
Con más de 60 películas en su filmografía, Rita Macedo destacó con sus actuaciones en Rosenda, de Julio Bracho; Nazarín, de Luis Buñuel; El hombre de papel, de Ismael Rodríguez; y El castillo de la pureza, de Arturo Ripstein
Para sus amigos, Rita Macedo era enigmática y solitaria Su espacio íntimo estaba basado, principalmente, en su familia: sus hijos Luis, Julia y Cecilia, y sus nietos Entre sus amistades se cuentan a Lucero Isaak, Bertha “Chaneca” Maldonado, Mercedes Pascual, José Donoso y José Luis Ibáñez
Estuvo casada con el productor de televisión Luis de Llano Palmer, con quien tuvo dos hijos: Luis y Julissa, el primero también productor de televisión, y la segunda actriz y cantante Después fue pareja del cronista de sociales Pablo Palomino Cuando le preguntaban si se había casado con él, sólo reía Después contrajo matrimonio con el escritor Carlos Fuentes, de quien tuvo una hija: Cecilia Su última pareja conocida fue un extranjero llamado Ron, que murió de cáncer hace más de diez años
A “la Macedonia”, como la llamaban, algunos de sus amigos la recuerdan especialmente por “sus enormes ojos rasgados y su nariz perfecta”
Gabriel Figueroa tuvo la oportunidad de perpetuar la belleza de Rita Macedo cuando trabajó como fotógrafo de Luis Buñuel en Nazarín: “No importaba la toma, en todas salía bellísima La clave estaba en los ojos, tenía uno ojos preciosos Me entristeció mucho su muerte porque yo la quería bien”
Era “hacedora”, dicen, y despuntaba por sus dotes para la costura y la cocina, principalmente Al parecer hasta llegó a tomar un curso especializado de confección en París
Aunque coinciden en su trato afable, “muy suave”, íntimo, “definitivamente no era una castañuela” Cuentan que siempre tuvo un lado triste, contemplativo “Como si echara la mirada a lo lejos, profunda y triste”
Desde muy joven padeció problemas gástricos que se le agravaron en los últimos años
Al morir, Rita Macedo estaba por emprender la lectura de las biografía de Charlotte Bronte y “Africa mía” que esperaban en el buró de su recámara
LAS LAGRIMAS DE IBAÑEZ
“Más que hablar de la actriz, me interesa hablar de un caso humano Mi testimonio es sobre una persona muy fuera de lo común, de extremos de carácter, de sensibilidad, como es una persona rica humanamente Yo le hablo de una relación afectiva tan larga, tan duradera, como profunda Ahí es el corazón el que está hablando”, explica el director de teatro José Luis Ibáñez, quien durante 35 años fue el amigo más cercano de Rita Macedo
“Trabajé con ella por primera vez en Las Criadas, en 1958 La había visto en Anastasia y Mesas separadas, que puso con Salvador Novo Siempre fue una mujer muy llamativa, tenía una presencia física muy importante Era una imagen de estrella que sostenía con todo el glamour que requería una primera figura
“En aquella época hacía pareja con Ernesto Alonso El público la iba a ver porque habían hecho una selección de obras superior a la media que había entonces”
Ibáñez relata que al trabajar con Rita Macedo se dio cuenta de que tenía “un sentido muy riguroso del trabajo Se obsesionaba trabajando Por eso, trabajar con ella era una experiencia muy intensa
“La conocí en el trabajo y en la vida personal Fuimos un par de amigos extraordinarios, en la manera en que esa amistad se sostuvo Fue estudiando con Rita como conocí su nivel muy profundo de percepción y una manera excepcional de atender el mundo Puedo decir que fue mi primera alumna, pero nunca pienso en ella como alumna, pienso en ella como compañera, como alguien que siempre confió en mí a la hora de estudiar Tuvo una fe en mi trabajo
“Ella siempre estuvo atenta a lo que yo leía, a lo que yo estudiaba”
La cercanía entre la actriz y el director era de tal magnitud que él vivió diez años en su casa Además, cada semana, los martes, se reunían con otras personas para estudiar literatura, teatro o algún texto en específico Ibáñez aclara que “no eran clases Era un acompañarse, preocuparse juntos por abordar un texto, un problema que quizá no resolvimos o que quizá quedó fuera de nuestro alcance y que compartimos ese impulso de conocer”
Ibáñez cuenta orgulloso que cuando Rita Macedo descubrió la vocación actoral de Julissa, decidió confiarle su instrucción: “Quiso que yo la enseñara a estudiar, que le ayudara a desarrollar esas capacidades que había demostrado En realidad la gran maestra de Julissa es Rita, se empeñó en abrir ese contacto entre el mundo y Julissa Creo que lo logró”
La última vez que la vio fue una semana antes de su muerte Al recordar los temas de su última plática con Rita Macedo, a Ibáñez se le quiebra la voz:
“Hablamos de la posibilidad de ir a Nueva York (Silencio) De la exhibición de una película, Orlando De las dificultades de estos meses para que la gente se deje ir al teatro De la posibilidad de armar un grupo de lectura exclusiva de la obras de Shakespeare, que es algo que estaba emprendiendo, porque siempre le había parecido tan deseable como difícil Estábamos haciendo una lista tentativa de quiénes podrían interesarse para ver en qué horarios podríamos hacerlo”
Cruzado de brazos, los ojos anegados, José Luis Ibáñez cuenta su incredulidad al enterarse de la muerte de su amiga:
“Era un día de mucho tráfico Regresaba a mi casa como a las ocho, después de haber estado en la presentación de un nuevo teatro (El Milagro) Al entrar a mi casa, la mujer que me atiende desde hace tantos años me dijo `parece ser que murió la señora Rita’ Lo había oído en el radio Me reporté a casa de Julissa y confirmé que así había sido Me quedé muy atarantado No recuerdo que pensé Lo único que recuerdo fue el impulso de ir a hablarle a Julissa para ver que pasaba, porque la vida nos enseña a ser escépticos Muchas veces nos llaman con bromas violentas, feas, alevosas”
Como a la mayoría, el suicidio de Rita Macedo sorprendió a Ibáñez: “Tuvo una época difícil, de trastornos gástricos, desde hace algunos meses A veces, cuando sus trastornos hacían crisis, se veía desmejorada, pero siempre fue una mujer que tuvo la belleza de que, con un poco de descanso y cierta mejoría, inmediatamente se volvía a ver con toda su personalidad”
—Entonces, ¿qué le pasó a Rita Macedo?
—Pues, se murió
—¿Por qué?
—No soy yo el que se lo pueda contestar Los demás son los que interpretan, yo no me he puesto a interpretar Desde el principio he insistido en que mi relación con Rita fue de un profundo respeto humano Cómo me podría proponer responder por qué murió, si el que haya muerto es más fuerte para mí que cualquier cosa
BENITEZ Y CUEVAS: LOS AÑOS DE LA MAFIA
—¿Cómo que se murió? —pregunta sorprendido el escritor Fernando Benítez, desde su residencia en Santo Domingo, República Dominicana, en donde se desempeña como embajador de México
“Caramba, pobre Sí, la conocí cuando era esposa de Carlos Fuentes, mi hermano Viajé con ellos Holanda, Grecia, París”
Sin transición, Fernando Benítez relata que Rita Macedo “era una mujer muy atractiva, mediana actriz, dotada de un mal genio terrible Por eso no le duraba ningún marido”
Cuenta que la Macedo era extremadamente violenta cuando se enojaba, “a veces hasta grosera Nosotros nos peleamos varias veces” Sin embargo, los mejores recuerdos de Fernando Benítez se refieren a las legendarias fiestas que el matrimonio Fuentes-Macedo ofrecía en su casa de San Angel A aquellas reuniones acudía lo que se conoció como el tout Mexique: intelectuales, artistas, empresarios, políticos, publicistas, que hacían suyas las páginas de sociales, la Reseña de Acapulco y la Zona Rosa
Testimonio de esos días es la dedicatoria que escribió Carlos Fuentes en La región más transparente: “A Rita”
“Eran los tiempos en que nos llamaban La Mafia”, relata a su vez el pintor José Luis Cuevas: “Eramos los del grupo de Fernando Benítez” Recuerda, en especial, una fiesta que organizó junto con Fuentes y Ramón Xirau, a propósito de un simposio de intelectuales latinoamericanos y estadunidenses, que patrocinó el heredero del millonario Nelson Rockefeller en 1961
“Estaban William Styron, Lilian Hellman, esposa de Dashell Hammet Gente de primer orden de la intelectualidad Muchos invitados mexicanos, mucha gente del cine La figura que más atraía a las estrellitas era Rockefeller”, cuenta
Cuevas afirma que Rita Macedo, recientemente, “era un personaje que se le veía triste, abatido Ya en los últimos años, no se podría decir que fuera una persona feliz, por lo menos esa era la apariencia que daba Cuando se divorció de Fuentes, dejamos de verla, a pesar de ser vecinos Bertha, mi esposa, siempre decía `debemos buscar a Rita, porque ha sido nuestra amiga’ Pero Rita se había aislado Ya no frecuentaba a ninguno de los que habían sido amigos de Carlos Fuentes Pienso que pudo haber sido la soledad la que la llevó a tomar esa decisión terrible”
A manera de moraleja, Cuevas considera que “si la proyección de todas estas películas con motivo de su muerte se hubiera llevado a cabo cuando ella estaba viva, tal vez eso la hubiera llenado de alegría y, quizá, eso la hubiera detenido para cometer el suicidio”
UN TEXTO DE LA CHINA
María Luisa “La China” Mendoza conoció a Rita Macedo cuando apenas era novia de Carlos Fuentes Sin embargo, declina comentar al respecto: “Para desgracia de mi vida, tengo una revoltura en las fechas y en los años No me acuerdo de nada Creo que es una ventaja y un terror a la edad Terror mismo que debe haber entorpecido la lucidez de Rita, hasta conducirla a la cresta de la ola, que es la edad y la soledad, y no pudo con ella Creo que la revolcó la ola” A cambio de la entrevista, entrega un texto:
“Rita Macedo era la suma de la belleza femenina mexicana, sus huesos faciales se sustentaban en los pómulos y la naricilla infantil jugaba con la boca inflada como globitos de luz
“Sus ojos tenían a dos niñas sentadas expectantes y asorpresadas En su vida la distinguió la elegancia Daba la idea del bosque fresco, olía a árboles Sobre todo poseyó un hálito misterioso que contradecía su encantadora sencillez, la naturalidad
“En la plenitud de su estar joven aquí con nosotros fue compañera esplendente de Carlos Fuentes Hizo la casa hermosísima como todas las que habitó y tan fáciles y abrazadoras, que uno nunca quería dejarlas Discreta y sabia —como mago Merlín, que dijera de ella Carlos Fuentes— presidió fiestas mágicas, de esas que sólo la juventud logra y alcanza De pilón nos daba regias cenas, sacadas de la nada, con decir abra cadabra ya estaban allí las cazuelas de mole y chiles en nogada preparadas por sus manos de artista y esposa
“Eso fue Rita, antes que nada esposa Nació para ello, era completa sólo con la compañía del varón No le importaba su talento en el cine, su exactitud disciplinada y severa en el teatro, sino la cauda de sapiencia con la que invadió a Julissa, a Luis y a Cecilia, sus niños adorados y continuó en los nietos que cantaron y bailaron bajo su dirección Y claro, su amor, sus trabajos de amor
“Y si cocinó platillos pantagruélicos que nos alimentaron de muchachos, supo trajinar la costura Julissa nunca fue más aluzadora que cuando la vistió su madre
“¿Qué le pasó?, ¿qué dolor, qué oquedad la venció? Sus amigos lloramos porque la dejamos sola y nunca volveremos a asomarnos a su mirada de pozo, lejana, metida en sí, meditabunda, triste, en una palabra Nos legó el recuerdo de su mar en calma y la electricidad azul de su muerte”

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