Ginebra no salva a Rodesia

Ginebra no salva a Rodesia
Las primeras conversaciones en ginebra entre los representantes de los rodesianos blancos y negros fueron un fracaso El obstáculo principal: La pelea por las vitales carteras de Defensa y Seguridad En Washington, mientras tanto, el secretario de Estado, Henry Kissinger, se hallaba en situación crítica tratando de obtener 2,000 millones de dólares que exige la minoría de origen europeo en calidad de “compensaciones y garantía” como requisito para dar a los representantes negros la mitad de los ministerios en un gabinete de transición encargado de organizar, en un plazo de dos años, la transferencia del poder real de los blancos a los negros En Salisbury, la cuestión para el primer ministro Ian Smith era: ¿Cómo reactivar la economía de un país que, para sus importaciones y exportaciones, depende de sus hostiles vecinos gobernados por africanos y de la propia impotencia económica y política de Sudáfrica, agobiada por sus problemas internos y externos?
Tal es, a grandes rasgos, el rompecabezas armado en el Sur de Africa por la victoria de la fuerza expedicionaria cubana en Angola, hazaña política y militar que cambió, radicalmente, el juego de fuerzas del continente
El triunfo de las izquierdas en Angola no sólo ayudó a acelerar el proceso de toma de conciencia entre las mayorías negras de Africa del Sur También contribuyó poderosamente a la unificación de los líderes africanos de Rodesia, entre los cuales emergen, desde ya, como factores decisivos, tres hombres que habrá que seguir muy de cerca:
El obispo Abel Muzorewa; Robert Mugabe, jefe de la facción armada, y Joseph Nkomo, líder de enorme capacidad política que cuenta con el apoyo de Londres, Washington y Moscú
Ciertamente, Smith no exagera siquiera cuando afirma que “podemos resistir durante años a los guerrilleros”, pero al hablar así, reconoce que el régimen de minoría blanca no tiene más que un recurso —las armas— y carece de futuro
La situación se tornó más conflictiva por la incursión de tropas rodesianas, el domingo 31 de octubre, sobre territorio de Mozambique que causó más de 300 muertos entre los nacionalistas del Ejército Popular de Zimbabwe (ZIPA) y unas 40 víctimas mozambiqueñas; y el anuncio de Ian Smith de retirarse de la conferencia “probablemente el miércoles”, porque no tenía ya “nada que hacer”
El simple anuncio de Smith provocó la inmediata movilización de Henry Kissinger quien envió al subsecretario de Estado para Asuntos Africanos, William Schaufle a entrevistarse con Ivor Richard, presidente de la conferencia, y con órdenes expresas de buscar una entrevista con el mismo Smith

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