Apartheid sofisticado

Apartheid sofisticado
En la madrugada del lunes, en los suburbios y aldeas de Sudáfrica comenzó a circular la directiva de la Resistencia: “El Consejo Nacional Africano prepara la lucha armada” Pocas horas antes, habían estallado tres bombas de fabricación casera en el suburbio mártir de Soweto
Diecisiete millones de negros habían aceptado el desafío del gobierno de Pretoria
El primer ministro sudafricano John Vorster -duro, tenaz, hábil— hizo caso omiso de la condena de las Naciones Unidas y ese mismo día firmó el decreto que concede la “independencia” a Transkei, un territorio poblado por los bantúes donde Pretoria ha creado ya, de hecho, una suerte de “Estado títere” siguiendo el ejemplo de los japoneses en Manchuria
Es obvia la intención de Vorster: Dividir a los africanos con la ilusión de una “autonomía” por lo demás muy limitada en la práctica pero que, entre los pueblos y tribus más atrasados del Africa austral, podría convencer a los elementos más tibios y despolitizados a abandonar la revolución armada en aras de una supuesta evolución política
Sin embargo, el “experimento” de Transkei parece de antemano condenado al fracaso: Durante todo el pasado fin de semana, el general David Kriel, jefe de la policía de asalto, tuvo a sus “leopardos” ocupados despejando las calles de Soweto y Gulugetu Como de costumbre, en esa suerte de rutina de la muerte que se ha establecido ya en Africa del Sur, se produjo al final de las “operaciones de limpieza” un saldo trágico de muertos, heridos, y detenidos Los hombres de Kriel introdujeron también a fines de la semana pasada, una “variante técnica” en sus sistemas de operaciones El allanamiento de las escuelas para negros, con el consiguiente arresto masivo de maestros y estudiantes
Y es que, como declaró recientemente Kurt Waldheim, “la única solución sudafricana real y efectiva es la eliminación del `apartheid’ es una política que conduce a la violencia”

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