Las convencionales Jornadas Casals

LAS CONVENCIONALES JORNADAS CASALS
José Antonio Alcaraz
Hay una locución que designa como “caballos de batalla” entre otras cosas, a las obras que implacablemente integran el repertorio de los conjuntos musicales “clásicos” y los teatros de ópera Quizá sería más apropiado llamarles “caballos de molino”; puesto que las palabras hablan por sí solas, es innecesario explicar tal sugestión
La aportación equina suele conformar en un setenta y cinco por ciento —en el mejor de los casos— la programación de nuestros organismos sinfónicos, recitales, y sesiones de música de cámara: el auditor consume lo que conoce y gusta de ello, su apetito está siempre dispuesto a aceptar una vez más aquello que ya ha disfrutado; esto será sin duda lo que se programe en razón de tan poco seductor proceso que concierne a los vicios del círculo
Así, parcialmente la programación de las Primeras Jornadas Internacionales Casals es convencional y realizada sin gran imaginación: revela una defectuosa dirección artística, pálida y desdibujada, que contradice las excelencias en organización y difusión de este Festival
El tocar música (por mucho que tal sea el hábito), que sirva como vehículo al despliegue de las habilidades de los grandes virtuosos no puede justificarse, a menos que se equilibre convenientemente esta directriz con la inclusión de partituras inéditas o poco habituales
Vista en forma panorámica la programación de las Jornadas es un cruce de caminos entre el conservatismo que no se atreve a decir su nombre y el recato disfrazado de “fair play” que engendra la rutina Tiene sin embargo, este repertorio un punto positivo: en él predomina Bach y Mozart, compositores que en nuestro medio sufren una tibia negligencia
Pero, asimismo, hay una inmoderada predominancia del fotostático grupo de las tres “B” Evidente desproporción: de un total de 43 obras diferentes sólo hay una mexicana
Aspectos positivos: varias partituras que en una forma u otra aportan una posibilidad de enriquecimiento del panorama para el auditor medio a) la Sinfonía de Salmos de Stravinsky: lección de ejemplar sobriedad; una de las partituras religiosas para coro y orquesta más importantes en este siglo; b) la Cuarta Sinfonía de Mahler, compositor a quien por desgracia se está transformando hoy en una entidad a punto de volverse rutinaria; c) la Serenata Italiana de Hugo Wolf: bienvenida cualquier realización de este autor cuyo “descubrimiento total” sólo ahora empieza a efectuarse; d) el Cuarteto I de Bartók, logro espléndido de un músico que hace oír plenamente por primera vez la suya como una de las voces nuevas más ricas e importantes de su tiempo; e) Cumbres de José Pablo Moncayo, culminación de la escritura sinfónica del compositor mexicano caracterizada por una integridad poética en interrelación con una escritura alejada del lugar común local; f) la Sinfonía 49 de Hayden: testimonio fascinante del Sturm und Drang, cuya realización sitúa claramente a este compositor como manifestante cabal de las corrientes socioestéticas que habrían de renovar en forma tan radical el arte y la vida política
El nivel de ejecución de todas estas obras, y en general el de el total de las “Jornadas” ha sido altísimo; con holgura más allá de lo habitual en nuestro medio: aspecto que hay que aplaudir sin reserva
Si el adjetivo “primeras” que encabeza la denominación de las Jornadas Internacionales Casals no es sinónimo de “únicas —como suele ocurrir con frecuencia en nuestras actividades musicales— habrá que desear, e incluso exigir, que el repertorio no tenga en próximas ocasiones la cautela excesiva con el guiño culpable a la taquilla, como fuerzas dominantes y características esenciales

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