La profundidad de la crisis mexicana, causada por la insólita desinformación que Zedillo confesó al “New York Times”

A casi tres meses del estallido de la que ahora se ve como la crisis económica más severa de las últimas décadas —ni cuantiosos rescates financieros ni reiterados programas de emergencia la detienen—, el presidente Ernesto Zedillo confesó haber llegado a la Presidencia de la República sin conocer la magnitud de la dependencia de México respecto del capital extranjero, la estructura de la deuda interna y la composición de la cuenta corriente
Su mayor sorpresa al asumir el cargo, según dijo, fue la vulnerabilidad de la economía mexicana Más aún, aceptó que muy tarde entendió por completo las debilidades de la estrategia económica y que no fue sino hasta diciembre cuando comprendió el problema de los Tesobonos
Reconoció, asimismo, que fue errático su diagnóstico inicial de la crisis pos devaluatoria
En Nueva York, la sede de los grandes fondos financieros y bancos de inversión internacionales, poseedores de la mayor parte de los Tesobonos, aparecieron las confidencias del presidente Zedillo en torno de su desinformación económica Una nota de primera plana —parte central, columnas 3 y 4— de The New York Times (NYT), en su edición del martes 14 de marzo, dio cuenta de estos hechos
Escribió el corresponsal Tim Golden, quien entrevistó al mandatario mexicano en Los Pinos el día anterior: “Zedillo dijo que no había sido capaz de ver la gravedad de la gran deuda de corto plazo que México estaba contrayendo mediante emisiones de bonos gubernamentales llamados Tesobonos”
Y reprodujo sus palabras: “no estaba consciente, por una parte, de lo rápido que había cambiado la estructura de la deuda interna Tomé conciencia del problema de los Tesobonos en diciembre”
Esta fue la causa del equívoco en el diagnóstico inicial de la depreciación del peso: “pocos días después de que devaluamos, me convencí de que no enfrentábamos un clásico problema de ajuste en la cuenta corriente”
Las cosas eran más graves, reconoció el presidente Tanto, que haber devaluado antes —en el otoño de 1994, cuando lo sugerían empresarios, analistas, inversionistas y hasta funcionarios públicos, incluido el ahora secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Guillermo Ortiz Martínez— hubiera sido una medida insuficiente, que sólo habría pospuesto la solución a un “problema más fundamental: la dependencia de México de los enormes flujos de capital extranjero de corto plazo para financiar el déficit en la cuenta corriente”
Por ese error de apreciación —de falta de información sobre la abultada presencia del capital foráneo especulativo, de corto plazo—, “el primer plan de recuperación económica del gobierno no pudo calmar los mercados financieros”
No fue sino hasta este momento cuando Zedillo se dio cuenta, escribió Golden, de que el problema no podía manejarlo México solo “Fue entonces que le hablé a Clinton y le dije que el juego había cambiado”, reveló el presidente
Y apuntó el corresponsal del NYT: “según Zedillo, México fue apenas la primera de las llamadas economías emergentes en enfrentar el creciente poder y la volatilidad de los mercados financieros globales”
Explicó Zedillo: “es obvio que la velocidad con que se han desarrollado los mercados financieros internacionales durante los últimos 25 años ha sido mucho más rápida que la capacidad de los gobiernos y de los organismos internacionales para darse abasto Tenemos un nuevo acuerdo global sobre comercio Pero no tenemos un nuevo acuerdo financiero Algo así está faltando ahí, y eso es muy peligroso para el mundo
“México fue el primero en pagar por este problema”, insistió el mandatario Y Golden escribió: “si Zedillo encontró algún consuelo en las limitaciones económicas de su país, el único signo de ello está en la advertencia que (la crisis mexicana) ofreció a otros México fue apenas la primera nación fuertemente endeudada en entrar en colisión con los inversionistas globales, pero a menos que el mundo enfrente los riesgos de su sistema financiero cambiante, otras podrían seguir”
El presidente Zedillo expuso al diario neoyorquino que sólo hay una manera de salir de la crisis: “aceptar mayores penurias económicas en los meses que vienen y acelerar el cambio político”
Y agregó: “sé que va a ser doloroso Sé que a nadie le va a gustar Pero es lo que el país necesita Se ha dicho que no soy un buen político por plantearlo así Pero algunas de las experiencias más traumáticas que hemos tenido en México en torno de las crisis financieras tienen que ver con el hecho de que a la gente no se le dijo la verdad”
Sí sabía, en cambio, el mandatario que ejercer la Presidencia de la República no sería fácil “Pensé que sería difícil Pero debo ser honesto: nunca esperé algo tan complejo como lo que hemos vivido en estos tres meses”
DESINFORMACION INCREIBLE
Sorpresa y estupor causaron las declaraciones del presidente Zedillo a The New York Times Su trayectoria académica y administrativa, así como la de sus colaboradores más cercanos; su condición de candidato presidencial priísta durante cinco meses, y tres más como candidato triunfante, primero, y presidente electo, después, impidieron siquiera sospechar que Zedillo podría desconocer los problemas económicos que señaló
A su propio entrevistador del NYT sorprendió el presidente: “a pesar de tener un doctorado en economía por la Universidad de Yale, haber trabajado como alto funcionario económico durante una década y haber tenido aliados dentro del gabinete de Salinas, Zedillo dijo que no había sido capaz de ver la gravedad de la gran deuda de corto plazo que México estaba contrayendo mediante emisiones de bonos gubernamentales llamados Tesobonos”, escribió Golden
A Zedillo se le reconocen méritos de estudiante brillante, economista eficiente y administrador diligente De extracción de clase media, tuvo la oportunidad, como pocos alumnos de escuelas públicas, de estudiar posgrados en el extranjero: un año en la Universidad de Bradford, Inglaterra; uno más en la Universidad de Colorado, y cuatro en la de Yale, en Estados Unidos, donde coincidió con Jaime Serra Puche, quien después sería secretario de Comercio
Recibió el doctorado en Yale con una tesis relacionada precisamente con problema de deuda externa pública
Su breve biografía indica que, antes de Serra, sus méritos académicos lo hicieron encontrarse en la Secretaría de la Presidencia, adonde lo llevó el prestigiado economista Leopoldo Solís, con otros jóvenes que, como él, han destacado: Manuel Camacho Solís, Emilio Lozoya Thalmann y Carlos Salinas de Gortari
De regreso de Inglaterra, va al Banco de México, invitado otra vez por Leopoldo Solís, y se encuentra con el contacto que luego lo conduciría al primer círculo: Francisco Gil Díaz, encargado de una gerencia en el Banco de México y a quien había conocido ya, aunque poco, en la Presidencia
Casi nueve años pasa Zedillo en el banco central La mitad de ellos, en cargos más bien menores, que combina con clases en la institución que le confirió su licenciatura: la Escuela Superior de Economía, del Instituto Politécnico Nacional; la otra mitad, en el cargo que lo dio a conocer en el medio financiero: director del Fideicomiso para la Cobertura de Riesgos Cambiarios, el famoso Ficorca, que sirvió de salvamento para las empresas endeudadas en moneda extranjera, y que estuvieron siempre al borde de la quiebra por las continuas devaluaciones del peso mexicano, durante los gobiernos de López Portillo y De la Madrid
A partir de entonces, es rápido el ascenso de Zedillo La liga con Gil Díaz, quien fue maestro de Pedro Aspe Armella en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y hoy subgobernador del Banco de México, le permite llegar a la Subsecretaría de Planeación y Control Presupuestal, cargo que deja precisamente Pedro Aspe Armella para asumir la titularidad de la Secretaría de Programación y Presupuesto cuando Carlos Salinas es destapado como candidato del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la República Zedillo se mantiene en el cargo hasta el término de ese sexenio
En reconocimiento del trabajo de Zedillo en la subsecretaría —de octubre de 1987 a noviembre de 1988—, donde se le reconoce una importante participación, al lado de Aspe Armella, en la concepción e implantación del primer pacto económico, Salinas lo nombra secretario de Programación y Presupuesto (Proceso 909)
Dura en el cargo hasta principios de enero de 1992 Los 21 meses siguientes es el único período en que se aleja de los asuntos económicos: ejerce como secretario de Educación Pública, cargo que deja a fines de noviembre de 1993, cuando Luis Donaldo Colosio lo nombra coordinador general de su campaña por la Presidencia
En ese carácter, primero, y luego como sustituto del sonorense asesinado, Zedillo necesariamente regresó a los asuntos económicos Candidato priísta ya, se rodeó de consumados economistas que hoy son miembros de su gabinete; también, al ser nominado, recibió el beneplácito y apoyo de antiguos superiores suyos —Pedro Aspe Armella y Miguel Mancera Aguayo, ejecutores de la política económica—, con quienes mantuvo estrecho contacto durante su corta campaña presidencial
Prendas académicas y administrativas como las suyas, las tienen sus más cercanos colaboradores Por ejemplo, su secretario de Relaciones Exteriores, José Angel Gurría (egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México —UNAM—; de la Universidad de Leeds, Inglaterra; de Harvard, y de la Universidad del Sur de California), es uno de los mexicanos más enterados de los mercados financieros internacionales Su condición de eterno negociador de la deuda externa mexicana le permitió hacerse de las relaciones más amplias con los hombres importantes de la comunidad financiera internacional
Otro: Oscar Espinosa Villarreal, actual jefe del Departamento del Distrito Federal, aunque no es economista, sino licenciado en administración por la UNAM, es conocedor del sistema financiero mexicano, particularmente del sector bursátil Así se le reconoce por su paso en los cargos más altos en la Comisión Nacional de Valores —donde resolvió el cúmulo de demandas luego del crack bursátil de 1987— y por Nacional Financiera, lugar en que destacó por el impulso que dio a las empresas pequeñas y medianas
El mismo Jaime Serra Puche, extitular de la SHCP, quien duró en el cargo sólo 20 días, constituía una fuente informativa de primera mano para Zedillo Egresado de la UNAM, de El Colegio de México y la Universidad de Yale, Serra Puche era, como secretario de Comercio, asistente obligado de las reuniones del gabinete económico, en donde se da el más completo seguimiento del comportamiento de la economía y se toman las decisiones más trascendentes de política económica Es amigo muy cercano de Ernesto Zedillo
El ahora titular de la SHCP, Guillermo Ortiz Martínez, es también de los hombres de mayor confianza del presidente Ambos se relacionaron en el Banco de México Ortiz Martínez es economista egresado de la UNAM y de la Universidad de Stanford —allí trabó amistad con José Córdoba Montoya—, en la que se especializó en teoría monetaria, economía internacional y econometría En el sexenio pasado, Ortiz Martínez fue subsecretario de Hacienda, cargo desde el cual, ahora se sabe, discrepaba continuamente con su jefe Pedro Aspe Armella: por lo menos en dos ocasiones, desde fines de 1993, sugirió la necesidad de devaluar el peso No le hicieron caso
El resto de los colaboradores cercanos del presidente son también economistas que, en el gobierno anterior, estaban al tanto del comportamiento económico Entre ellos: el jefe de la Oficina de la Presidencia, Luis Téllez Kuenzler (del ITAM y del Instituto Tecnológico de Massachusetts), quien fue coordinador de asesores de Pedro Aspe Armella en la Secretaría de Programación y Presupuesto, y luego, con él mismo, director general de Planeación Hacendaria en la SHCP; por último, subsecretario de Planeación en la Secretaría de Agricultura Otro: Carlos Ruiz Sacristán (Universidad Anáhuac y Northwestern University), hoy secretario de Comunicaciones y Transportes, fue funcionario del Banco de México, colaborador de Zedillo y, en el sexenio pasado, subsecretario en Hacienda También el ahora segundo de abordo de Guillermo Ortiz Martínez, José Julián Sidaoui (Universidad de las Américas y Universidad George Washington), ocupó diversos cargos en el Banco de México, el último como director general de Banca Central
En suma, no había circunstancias para que Ernesto Zedillo se hallara desinformado Máxime que el estallamiento del conflicto armado en Chiapas, los asesinatos políticos y la violencia que se desató en el país habían convulsionado los mercados financieros nacionales y exigían lo mismo de autoridades que de candidatos en campaña una atención puntual al comportamiento de la economía
PROPUESTA DE CANDIDATO
A poco más de dos meses de iniciada su campaña por la Presidencia, el 2 de junio de 1994, el candidato priísta dio a conocer su propuesta económica En ella, que llamó Estrategia de Reactivación Económica y Crecimiento Sostenido —”no proviene de un estudio insensible de gabinete”—, el aspirante diagnosticó: la economía se encuentra fuerte y es sólida, flexible, moderna y participativa Resueltos satisfactoriamente el ámbito macroeconómico y el cambio estructural, sólo resta hacer énfasis en la transformación microeconómica, traducirla en mejores niveles de bienestar para todos los mexicanos Así dijo
Y así lo reiteró, incluso, en su primer día como presidente de la República Menos de tres semanas después cayó en cuenta que había estado equivocado, como reconoció ante The New York Times
Para justificar el cambio en la política cambiaria, que condujo a la macrodevaluación que aún no cesa, Zedillo habló de enormes desequilibrios acumulados que tenían en completa vulnerabilidad la economía nacional Y la causa principal de ello, dijo, era el enorme déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, que llegaba casi a 28,000 millones de dólares, un insólito 8% del producto interno bruto, casi siete veces más grande que el registrado en 1988
Anunció un Programa de Emergencia Económica para tratar de reducir el déficit en la cuenta corriente y evitar que la economía cayera en una carrera entre devaluación e inflación Las metas económicas originales para 1995 quedaban archivadas
Sin embargo, se había equivocado otra vez:
“Pocos días después de que devaluamos, me convencí de que no enfrentábamos un clásico problema de ajuste en la cuenta corriente”, dijo el lunes 13 al NYT Por eso, acepta ahora, el primer plan de recuperación económica no pudo calmar los mercados financieros
El problema, reconoce, era más grave, y se refería a la propia estrategia económica del gobierno anterior, dentro de la cual se había optado por depender peligrosamente de los capitales externos de corto plazo, especulativos en esencia, a los que se había retenido —cuando querían huir por los problemas de violencia política— con premios extraordinarios a través de los Tesobonos
“No estaba consciente, por una parte, de lo rápido que había cambiado la estructura de la deuda interna”, dijo en referencia al efecto que tuvo la oferta que hizo el Banco de México a los tenedores de Cetes, en el sentido de cambiarlos por Tesobonos, que son instrumentos de cobertura denominados en dólares pero pagaderos en pesos
No fue sino hasta diciembre, como refirió, cuando pudo sopesar el problema de los Tesobonos, por lo que Tim Golden observó: “analistas de Wall Street dicen que el problema era evidente desde el otoño pasado, cuando la devaluación fue activamente buscada por varios altos funcionarios, incluyendo al hombre que se convirtió en el secretario de Hacienda de Zedillo, Guillermo Ortiz Martínez”
Sin ir muy lejos, varias voces en México habían alertado sobre el explosivo crecimiento de los Tesobonos El Banamex, por ejemplo, con datos del Banco de México, informó que de julio de 1993 a julio de 1994 la tenencia de Tesobonos se había incrementado 1,0186%
Para fin de año, el problema era grave: cifras recientes de la SHCP indican que el saldo de Tesobonos al 31 de diciembre de 1994 era de 91,7174 millones de nuevos pesos, 24 veces el saldo de Cetes, y una cifra equivalente a 547% del saldo de la deuda interna Los Tesobonos hay que pagarlos al tipo de cambio en el momento de su vencimiento, sin tomar en cuenta el jugoso rendimiento con que se atrajo su compra para evitar la dolarización y la salida de capitales
Pero Zedillo vio el problema cuando ya estaba desatada la crisis posdevaluatoria, convulsionado el país y en plena turbulencia los mercados financieros
Los cuantiosos recursos del exterior y los nuevos programas económicos no han cambiado ese panorama Y para combatir la desconfianza de los inversionistas, para que no saquen sus capitales —nuevos ya no llegan—, el presidente optó por premiarlos con tasas de interés que rondan 100%, no vistas en los siete años pasados, pero que tienen paralizada la economía y encolerizada a la población, que resiente despidos masivos, carestía creciente, menos poder adquisitivo e impuestos mayores

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