LOS INICIOS DE LA UAM-XOCHIMILCO, UNA EXPERIENCIA INEDITA EN LA HISTORIA DE LA UNIVERSIDAD MEXICANA: RAUL VELASCO UGALDE

PARIS – “¿Cómo definir lo que fueron los primeros años de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco? ¿Una efervescencia permanente? ¿Una experiencia absolutamente inédita en la historia de la universidad en México? ¿Un hervidero de ideas encontradas, iniciativas vanguardistas, entusiasmos desbordantes, innovaciones importantes? ¿Un nudo de contradicciones? ¿Una manifestación más de la esquizofrenia política mexicana que escapo efímeramente al control de sus gestores? ¿Un formidable intento de redefinir la universidad, el conocimiento, en sí y en sus relaciones con la sociedad? Fue todo eso y mucho más Fue bello y sin porvenir, como tantas cosas en México”
Sentado en su soleado taller de pintor, rodeado de cuadros abstractos, de hermosas esculturas de madera llenas de poesía y humor, Raúl Velasco Ugalde habla casi en tono de confidencia
Para él, la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) pertenece a un pasado con el cual rompió de manera drástica, inclusive violenta, por razones estrictamente personales Recordarlo, aquí en París, después de tantos años de silencio, no le es doloroso ni le desagrada Le parece simplemente extraño
Velasco Ugalde fue uno de los líderes ideológicos y sindicales más importantes de la UAM-Xochimilco Jugó un papel destacado en la elaboración de ese proyecto universitario fuera de lo común, encabezó el Centro de Investigaciones Educativas y participó de manera determinante en la creación del Sindicato Independiente de Trabajadores de la UAM (SITUAM), el primer sindicato universitario mexicano que agrupó a trabajadores académicos y administrativos

“Viví, no trabajé, en la UAM-Xochimilco de 1974 a 1980 Y esos años me marcaron profundamente Estoy convencido de que dejaron huellas en todos aquellos —profesores y estudiantes— que se involucraron en cuerpo y alma en ese proyecto No puede ser de otra forma”, insiste
Después de cursar la carrera de psicología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Velasco Ugalde obtuvo una beca del gobierno francés para hacer un doctorado en psicología social, en 1970 Regresó a México en 1974, justo cuando se gestaba la UAM-Xochimilco
Recuerda: “No tenía grandes contactos en México Supe que estaban contratando gente en la UAM Me presenté y me propusieron un puesto en el Departamento de Documentación Acabé dirigiendo el Centro de Investigaciones Educativas, cuyo propósito era apoyar las distintas divisiones de la UAM-Xochimilco para realizar material audiovisual y formar a los profesores Esa responsabilidad me permitió participar en todas las discusiones que se dieron en la universidad Por eso muy pronto estuve en todas partes, involucrado en todo”
—¿Cuál fue el punto de partida de la UAM?
—Fue una iniciativa de Víctor Bravo Ahúja, quien entonces era Secretario de Educación El poder se había quedado traumado por la politización masiva de los estudiantes, que culminó en el movimiento de 1968 Reaccionó imaginando una nueva universidad que no tuviera nada que ver con ese gigante peligroso que era la UNAM Por eso se creó la UAM, que se dividió en tres unidades: Xochimilco, Azcapotzalco e Iztapalapa Se retomó también una idea que estaba en el aire, la de una universidad que debía promover un trabajo interdisciplinario Una universidad departamentalizada, compuesta por entidades académicas que debían tener bajo su responsabilidad fragmentos de disciplinas y que tenían que colaborar entre sí para constituir una carrera Además, se decidió contratar a un equipo de profesores de tiempo completo Eso era totalmente nuevo en México Y, finalmente, se impuso una selección financiera: los estudiantes tuvieron que pagar para acceder a la UAM
—Un sistema elitista que contrastaba con el de la UNAM
—Por supuesto Lo que se buscaba, sobre todo, era evitar una nueva irrupción violenta de la política en la universidad Ese fue el punto de partida Una reacción ideológica y académica ante los acontecimientos de los años sesenta La idea era convertir a la UNAM en una ficción de universidad popular y empezar a desarrollar centros de educación superior elitistas, fragmentados, que debían impedir que la universidad siguiera jugando su papel de promotor social y de organizador político
—¿Cómo ese proyecto pudo desembocar en ese fantástico hervidero de ideas que describía al principio de la entrevista?
—¿Se le olvida que estamos hablando de México, donde los políticos no tienen la más remota idea de la realidad y se empeñan en hacer coincidir su país de ficción con el país real? El ideólogo de la UAM-Xochimilco fue Ramón Villarreal, un funcionario internacional que pasó gran parte de su vida fuera del país y que trabajaba en la Organización Panamericana de la Salud, con sede en Washington, cuando el rector de la universidad le propuso encargarse del proyecto de la UAM-Xochimilco En esos organismos internacionales algunos puestos de mediana importancia están en manos de personas de la llamada “izquierda emboscada” o de la “izquierda caviar”, como se dice aquí en Francia Tienen ideas izquierdistas y pretenden promover una visión social comprometida Villarreal pidió asesoría a algunos de ellos Y juntos elaboraron el Documento de Xochimilco, un fascículo de unas 20 páginas, ilustrado con diagramas
—¿Cuál era el contenido de ese documento?
—Es difícil describirlo Era confuso, vago; una mezcla de ideas mal digeridas del psicólogo suizo Jean Piaget, con un supuesto marxismo de bolsillo prácticamente imposible de traducir en términos concretos Villarreal y sus asesores habían retomado el concepto de “objeto transformador” de Piaget, quien estudió muy a fondo el desarrollo de la inteligencia infantil y recalcó la importancia de la relación del niño con la realidad en ese proceso de desarrollo Partiendo de los trabajos de Piaget, Villarreal y su equipo insistían en la necesidad de romper con la tradición de una enseñanza exclusivamente teórica La universidad, recalcaban, debe trabajar prácticamente Su enseñanza debe estar pegada a la realidad La idea en sí era buena, pero su formulación era tan caótica que resultaba casi imposible traducir eso en términos concretos Pero como en México todo se hace de manera improvisada, Pedro Ramírez Vázquez, primer rector general de la UAM, aprobó el documento y llegó Ramón Villarreal a Xochimilco Se contrató a los profesores a toda velocidad, todo el mundo se instaló en los famosos “gallineros”, que eran construcciones prefabricadas que habían surgido casi de la noche a la mañana, y empezó a gestarse la UAM-Xochimilco
—¿Aún no llegaban los estudiantes?
—No Teníamos algunos meses para echar a andar todo antes de su llegada El ambiente en esos gallineros era fabuloso La gente no estaba encerrada en su cubículo Había seminarios y talleres por doquier No había separación jerárquica Ramón Villarreal no tenía oficina aparte Convivíamos con él Pasábamos el día entero discutiendo y organizando la universidad Había allí un clima de creatividad, de entrega, de entusiasmo, de discusión franca, de ganas de trabajar, de echar a andar algo distinto que no se había conocido antes en México Surgieron espontáneamente una serie de mecanismos colectivos totalmente inéditos
—Los planteamientos “vagos” del documento de Xochimilco quedaron rápidamente rebasados, me imagino
—Por supuesto Nuestra improvisación tiene sus lados positivos Las autoridades tenían tanta prisa que, con tal de tener cuanto antes a los profesores que necesitaban, contrataron a personas de manera informal Como por otro lado esa época era la de la diáspora latinoamericana, pudimos contar con espléndidos maestros argentinos, chilenos, uruguayos, venezolanos En la UAM-Xochimilco casi el 20% de los profesores eran extranjeros, eso rebasaba el 12% que autoriza la ley, creo En su mayoría era gente joven, comprometida políticamente, muy bien formada tanto en las disciplinas sociales como en las científicas Entre los mexicanos teníamos a gente muy interesante, que había sido militante en 1968 El más conocido era Gilberto Guevara Niebla, con el cual trabajé muchísimo También estaban Roberto Escudero y Miguel Sandoval Por otro lado llegaban a menudo los funcionarios de la Organización Panamericana de la Salud que le mencioné antes Participaban en los seminarios Contábamos también con la presencia de arquitectos, médicos, sociólogos que sin ser gente de izquierda, tenían una aguda conciencia de los problemas del país Todos ellos aportaban ideas, confrontaba sus puntos vista Se armaban polémicas muy acaloradas, pero como debíamos desembocar en algo concreto, estos debates no se perdían en el vacío, como suele pasar con las discusiones políticas Se aprendía a hacer concesiones, a encontrar puntos en común y a traducir ese volcán de ideas en cosas prácticas
—¿Cuáles eran los temas de esas pláticas y qué conclusiones sacaron de todo esto?
—Hubo miles Por supuesto el tema principal era el papel de la universidad y su relación con la sociedad Allí se enfrentaban dos grandes tendencias Una defendía la enseñanza por objetivos, un concepto que estaba muy de moda en la época Era al estilo norteamericano La universidad debe formar excelentes técnicos, ayudar a los estudiantes a elaborar esquemas eficientes de comportamiento en el trabajo Esa tendencia omitía por completo el tema de la relación universidad-sociedad Quería formar especialistas sin tomar en cuenta el contexto social que los rodeaba La otra era la izquierdista y distaba de ser homogénea Quizá el único punto en común que tenían sus integrantes era la insistencia en la relación estrecha entre la universidad y la sociedad Pero cuando se trataba de precisar esa relación, se volvía a armar la polémica Se enfrentaban los marxistas sudamericanos, con los mexicanos y todos estos peleaban con los portavoces de la “izquierda caviar”
—¿Se logró encontrar un denominador común?
—Sí La conclusión fue muy simple: la universidad no puede cambiar a la sociedad porque está sometida a lo que ocurre en esa sociedad, sin embargo, puede intervenir ofreciendo formas de preparación a los estudiantes que les permitan intervenir más tarde sobre los problemas que padece la sociedad Después de eso nos preguntamos cómo organizar esas formas de preparación Allí Gilberto Guevara Niebla jugó un papel importante
—¿Concretamente, cómo estaba organizada la universidad?
—En divisiones Una de Ciencias Biológicas, otra de Ciencias y Artes para el Diseño, y la última de Ciencias Sociales Estas divisiones contenían en su seno las carreras, pero todo el sistema se organizaba modularmente Cada carrera debía comenzar con un tronco común para todos los estudiantes Después de eso cada estudiante derivaba hacia la división a la cual estaba asignada su carrera y tenía que hacer un cierto número de troncos comunes en su división Sólo empezaba propiamente a cursar su carrera al final del segundo año Cada módulo debía durar tres meses y se daba una importancia extrema a la investigación
—¿Cuándo llegaron los estudiantes?
—El 11 de septiembre de 1974 Las aulas apenas estaban listas Había mosquitos y ranas por todas partes Por eso el símbolo de la UAM-Xochimilco es una rana Lo único que estaba listo realmente era el tronco común Se empezaban a organizar las cosas para los troncos divisionarios y los módulos de carrera
—¿Cómo reaccionaron los estudiantes?
—Muy bien Creo que para esa primera generación de estudiantes fue una experiencia fantástica Aprovecharon todo ese hervidero de reflexiones nuestras, todo ese entusiasmo, nuestra convicción de que era posible enseñar de manera distinta, anclar la enseñanza universitaria en la realidad del país Hubo experiencias interdisciplinarias muy importantes Mediante el aprendizaje de su carrera estos muchachos tomaron conciencia de los problemas reales de México, los que desconocían por completo Se dieron cosas apasionantes, en particular en la división de Ciencias Biológicas y también en la de Ciencias y Artes para el Diseño
—¿Después de la llegada de los estudiantes siguieron todas estas discusiones? ¿Se debatió con ellos?
—Por supuesto La ley orgánica de la universidad favorecía la participación de los estudiantes en todo Y lo hicieron de manera formidable Algunos se volvieron líderes y se quedaron trabajando en la misma UAM-Xochimilco Uno de los grupos más interesantes en las discusiones fue ciertamente el de Ciencias y Artes para el Diseño, donde supuestamente estuvo el subcomandante Marcos
—¿Conoció a Rafael Guillén?
—No recuerdo ese apellido y la foto que presentó la Procuraduría General de la República no me dice nada
La corresponsal enseña a Raúl Velasco Ugalde las fotos de Rafael Guillén publicadas en una edición reciente de Proceso Velasco se queda pensativo
—Esa cara sí me dice algo Pero todo esto es tan lejano Además llevo tanto tiempo sin pensar en esa época
Vuelve a mirar detenidamente el retrato de Rafael Guillén Y se queda largos minutos hundido en sus recuerdos
—Fíjese, ahora que lo veo Recuerdo algo extraño que había olvidado por completo Por 1977 conocí a alguien que estuvo en Ciencias y Artes para el Diseño Se parece un poco a ese muchacho Era brillante y muy inquieto Recuerdo haber platicado bastante con él Pero soy incapaz de recordar su apellido Lo raro es que desapareció de la noche a la mañana y no lo volvimos a ver Es todo lo que le puedo decir viendo ese retrato
—Usted participó activamente en la lucha sindical que se dio alrededor del SITUAM
—Dediqué gran parte de mi energía a eso El primer año de la universidad nos quisieron meter un sindicato Una mañana nos despertamos con un colegio sindical La gente reaccionó de inmediato Todo mundo entendió que era el primer paso de la rectoría general para controlar a los trabajadores Las tres divisiones se movilizaron juntas Hicimos una huelga que duró un mes Nos defendió el abogado Carlos Fernández del Real y ganamos Fue una gran victoria en realidad, porque el SITUAM se convirtió en el primer sindicato universitario mexicano en reunir en su seno a trabajadores académicos y administrativos Pero fue una victoria efímera también Al cabo de muy poco tiempo, todos los sistemas y las modalidades de corrupción típicamente mexicanos empezaron a aparecer en el sindicato La primera descomposición grave de la UAM-Xochimilco empezó con esa degradación sindical
—¿Cuántos años duró la época de oro de la UAM-Xochimilco?
—Apenas cuatro Cuando salí ya todo era muy triste Un papel importante en esa decadencia lo jugaron los bloques de cemento que nos construyeron y donde nos instalaron Era totalmente absurdo Necesitábamos luz eléctrica todo el día para trabajar Además nos hicieron cubículos minúsculos Cada quien se encerró en el suyo Se acabó rápidamente la alegre convivencia inicial Luego se dio la crisis económica La SEP ya no tuvo dinero El personal empezó a ausentarse y a desapasionarse Los más ardientes defensores del proyecto se volvieron cínicos y se convirtieron en sus más violentos críticos
—¿A usted que le quedó de esos años?
—La felicidad de haber vivido algo excepcional en la historia universitaria mexicana, algo que muy poca gente conoce en realidad Fue una experiencia importante Si algún día en México hay modificaciones profundas, la gente manifestará formas de comportamiento parecidas a las que vivimos en la UAM-Xochimilco De eso estoy convencido
—¿Podría ser más preciso?
—Sólo le daré un ejemplo Los mexicanos tenemos fama, en gran parte merecida, de ser irresponsables Sin embargo, en esa época de oro de la UAM-Xochimilco todo el mundo era responsable Era impresionante La gente que se comprometía a hacer algo, lo hacía Los documentos que debían escribirse, se escribían Había una armonía entre lo que decíamos y lo que hacíamos Eso en México era algo inédito, excepcional Fue algo efímero que se tropezó con la realidad que nos rodeaba y que perdió su esencia en ese choque, como tantas otras cosas en nuestro país

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