LA PINTORA CORDELIA URUETA

El pasado 3 de noviembre falleció la pintora Cordelia Urueta Se dijo que a los 87 años de edad, aunque su fecha de nacimiento deberá investigarse pues se sospecha que en verdad nació en 1900 ó 1897 Como Frida Kahlo y Remedios Varo, a Cordelia le gustaba restar años a su vida Los dos últimos los pasó en estado semiconsciente debido a una embolia Desde fines de los años cincuenta sus ojos se enfermaron (cataratas, operaciones, amenaza de ceguera) Con cierto sarcasmo no exento de coquetería, Cordelia solía comentar que por eso había comenzado a pintar abstracciones Verdad relativa porque desde 1945 sus cuadros mostraban formas fantasmales, apariencias invertebradas Desde entonces la espesura volátil de sus volúmenes ilusorios demostraban la necesidad de escapar a cualquier sujeción imitativa
Arrullaron su infancia las catilinarias de Jesús Urueta (1868-1920), su padre, contra Ramón Corral y José Yves Limantour, contra el general Bernardo Reyes y Luis Cabrera, contra Emiliano Zapata y los Vázquez Gómez Creció en un hogar estremecido de raíz por los primeros vientos de la Revolución, y por las primeras decepciones: “Yo fui, señores, de los que creyeron con amor, con amor profundo en la revolución de noviembre; y yo soy uno de los desilusionados de la revolución de noviembre”, exclamaba don Chucho, mientras se refugiaba en su colección de copias de obras clásicas y alimentaba su espíritu con la Ilíada, Cervantes, Balzac, Anatole France, Rodin, Fra angélico
Un día Alfredo Ramos Martínez, el fundador de las Escuelas de Pintura al Aire Libre, estuvo de visita en su casa y comentó con la madre de Cordelia, Tarcila Sierra, que acababa de abrir una escuela de arte en el exconvento de Churubusco Cordelia comenzó a asistir a las clases porque tenía mucha facilidad para el dibujo Ramos Martínez no le corregía, a él le gustaba que las cosas conservaran la frescura de la primera intención Estaban de moda las sombras color violeta; pero a Cordelia le gustaban los grises y los negros Los maestros insistían en que la materia debía ser tenue, vibrátil; pero a ella le gustaba lo pesado, lo espeso Al fin su madre consideró más prudente que tomara las clases en su casa; llegó Gonzalo Argüelles Bringas a enseñarle a pintar paisajes a la acuarela, pero a ella le gustaba hacer retratos y tomó al maestro como modelo; también fueron modelos las criadas de la casa y las niñas de Coyoacán, el barrio donde nació un 16 de septiembre
En 1961 Cordelia me dijo: “Fue así como empecé a buscar fuera de mi mundo lo que después iba a encontrar dentro de él De Ramos Martínez aprendí a respetar mis impulsos, a darle importancia a la libertad y a saber que sólo el sentido profesional no la convierte en libertinaje Mi primera afición fue la de dibujar cuidadosamente, seriamente; me daba alegría ir conociendo por medio del trazo personajes, un árbol, una piedra”

Lo que Cordelia tuvo que buscar desde muy joven fue un trabajo para poder subsistir, pues el único legado de Jesús Urueta a su familia fue un nombre limpio y un amor fanático por la sinceridad y la honradez En 1932 la Secretaría de Educación Pública la nombra profesora de dibujo y trabajos manuales para escuelas primarias (“Ganaba muy poco, pero aprendí mucho de los niños; yo los dibujaba mientras ellos dibujaban”)
En 1935 Cordelia se casó con el pintor Gustavo Montoya En 1938 recibe el nombramiento de canciller de tercera y se van a trabajar al consulado en París Año y medio en Europa, tres años en Nueva York La voluntad de estudio y de trabajo se ve interrumpida una y otra vez por enfermedades, la guerra, las angustias económicas Botticelli y Gauguin alimentan sus ansias de creación, tantas veces postergadas, incluso al regresar a México, porque debe volver a dar clases, porque debe cuidar a su madre enferma, porque los sufrimientos la han debilitado en extremo
La obra de Cordelia Urueta es fruto de una voluntad extraordinaria, de una necesidad de liberarse de premuras materiales Seguramente su padre tenía razón cuando decía: “el genio no es otra cosa que la idea fija, la manía, la sagrada locura”
Cordelia descubrió México al regresar, después de largo alejamiento, en 1945 “Al volver me di cuenta que nunca había visto lo que aquí; no había visto el color del paisaje ni de los seres humanos Me apasionó el color de México, me apasionó su gente Mis primeras pinturas revelaban un especial amor por lo indígena” El indigenismo de Cordelia no se parece al de Rivera ni al de Rodríguez Lozano ni al de Julio Castellanos; aunque hay algo de todos ellos en sus primeros trabajos En su obra temprana se entrelazan las tendencias vigentes hacia los cuarenta y comienza a asomar su peculiaridad hechas de lirismo, de vuelo y de atmósfera
Jesús Urueta había dicho: “No hay una sola forma de arte porque no hay un solo temperamento; la diversidad de las personalidades es un hecho Los genios no se miden con regla Estúdiese la personalidad en sus antecedentes de raza, en sus condiciones de medio, en sus tendencias Los grandes artistas deforman la naturaleza No vamos a condenar a unos para absolver a otros; el arte no tiene dilemas”
Evocando su producción inicial Cordelia admitía: “Me gustaba el movimiento de nuestras mujeres, de nuestro pueblo; sus faldas y rebozos al aire La falta de estudios sistemáticos hizo que me costara un enorme trabajo llegar a dominar la técnica de la pintura Soy de temperamento independiente, siempre quise encontrar una forma personal; con mucho esfuerzo, a través de los años lo he ido logrando”
Hacia 1950 la atmósfera se convierte en el problema principal de Cordelia Urueta, entonces asimila influencias de Tamayo Suprime detalles, relega la geometría “Concibo la pintura como un fenómeno mucho más íntimo que la exteriorización de ideas Trato de que mi pintura represente lo íntimo en que todos los seres humanos coincidimos; esa coincidencia en la que no entran refrigeradores ni automóviles, donde todos estamos ligados, en el drama de la vida misma Al principio estaba yo muy sujeta a la línea porque me interesaba más el dibujo que la pintura; pero comencé a sentir esa necesidad de que mi pintura se liberara de la rigidez del dibujo, de la rigidez de los moldes y de las ideas Necesitaba libertad Al iniciarme en esa tendencia, por mi desconocimiento de la materia pictórica, por más que yo trataba de que mis cuadros tuvieran alas, estaban plantados en la tierra sin poderse mover Después supe que es muy difícil liberarse del ser humano, de su cosa cálida, de su cosa física”
Después de un viaje al sureste, Cordelia Urueta sintió necesidad de volver a las fuentes, de mirar lo antiguo mesoamericano “¡La sorprendente antigüedad! No hay nada más ligado a lo moderno que lo arcaico El misterio en la sencillez de las formas sólidas Por ahí he buscado, aunque me sentía muy alejada de lo indígena, posiblemente por herencia Mi padre me había enseñado a amar lo griego, no lo maya Pero no me sentía ligada a lo griego, me gustaban las cosas más abstractas y más simples Una de mis grandes preocupaciones fue el volumen, quería tener la certeza del volumen Alguna vez le oí decir a Siqueiros que el volumen existe en todas partes, hasta en el aire Mi problema era lograr el volumen interior de las figuras, esa dimensión interior que tenemos los seres humanos, expresar nuestras coincidencias ante el misterio de la vida y de la muerte Esto se hace necesario en nuestra época en que tantas cosas se han derrumbado, en que la angustia es general y a muchos no nos satisface un paraíso hecho de modas y refrigeradores Yo siento que participo en este mundo que está en crisis y que evoluciona Para mí existe el porvenir del mundo y de la pintura Hay cosas tan bellas y sensaciones tan maravillosas Me siento ligada a la Escuela Mexicana no en lo exterior sino en la fortaleza de su ideología Creo tener fortaleza en lo que hago, creo tener convicción en mis búsquedas, quiero que mi camino no tenga ambigüedades Si hemos de encontrar algo en lo abstracto ha de ser completamente diferente a lo que se hace en otras partes”
Su padre había escrito: “No hay dogmas estéticos Siempre la obra decide, siempre el genio da al traste con las retóricas Inyectarse a Paul Verlaine es casi lo mismo que inyectarse morfina: a la larga se forma una manera de ser especial, un temperamento neurótico que invade el antiguo yo, lo penetra, lo transforma, sin que encuentre fuerzas para resistir la invasión, débil como está por las luchas sin tregua de la selección intelectual”
En 1970 Cordelia me dijo: “Hay muchas cosas del ser humano que no se pueden revelar de manera directa; pero yo he sentido la necesidad de lograr un mayor contacto con los demás He tratado de no envolver mis ideas; lo que me interesa es decir Me estremece pensar que estos acontecimientos terribles de los que somos testigos han surgido primero en la imaginación de un hombre y luego lo han rebasado”
Le hice notar a Cordelia Urueta que ya para 1970 su cercanía con la estética de Tamayo había desaparecido Ella contestó: “Tamayo está dentro de la belleza y yo me he salido deliberadamente de ella; tampoco quiero expresarme de manera muy obvia Lo que me preocupa es dar a entender la mutación y la confusión consiguiente en la que hemos caído Con deliberación no me he hecho concesiones, de ahí que el color que ha sido uno de mis mayores gustos, lo he eliminado, me he despojado de él”
Haciendo uso de la eficacia propia del color, Cordelia evitó en sus cuadros los tonos sombríos, los contrastes violentos Para expresar lo dramático se estableció en una especie de discreción cromática y en un dibujo magro, anguloso La indefinición de sus imágenes se originaba en una firma definición en contra de la representación imitativa de la realidad Pese a su indudable interés por acontecimientos del presente, Cordelia Urueta cultivó un arte no realista, en cuyos parámetros ella se fue insertando cada vez con mayor nitidez El lema que eligió para empujar su voluntad cuando el quebranto de su salud era cada vez mayor, fue el siguiente: “El arte exige fidelidad, yo le soy fiel”

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