Ante la cerrazón de Juppé, la hoguera puede volver a encenderse

PARIS – La champaña de las fiestas de fin de año en Francia tuvo un sabor bastante aguado La famosa “cumbre social” organizada el pasado 21 de diciembre por Alain Juppé no desembocó en la gran reconciliación nacional que pretendía celebrar el primer ministro Por el contrario, dejó a todos los participantes perplejos o frustrados
Acorralado por casi un mes de huelgas y manifestaciones multitudinarias en todo el país (Proceso 999), Juppé había accedido por fin a “dialogar” con los sindicatos en vísperas de Navidad y había invitado al patronato a las pláticas
Viendo el resultado de la cumbre, la palabra “diálogo” suena a eufemismo
“Una cumbre de risa”, “Pequeños remedios para luchar contra grandes males sociales”, “El patronato y los sindicatos califican de insuficientes las medidas anunciadas por Juppé” fueron algunos de los títulos de la prensa francesa que reflejan el escepticismo de unos y el coraje de muchos
La gravísima crisis social que acaba de sacudir a Francia explotó en primera instancia para oponerse al plan de reestructuración de la Compañía Nacional de Ferrocarriles (SNCF) y del Seguro Social Esa explosión expresó en segunda instancia el malestar y la angustia de millones de franceses ante una “modernización económica” de su país, llevada de manera autoritaria, brutal, injusta y discriminatoria en el marco de la construcción europea y de la globalización de la economía
En última instancia, de manera a menudo confusa, pero siempre determinada, los manifestantes y los huelguistas exigieron de sus gobernantes que pensaran más en el ser humano y menos en los mercados financieros en el momento de tomar sus decisiones Demandaron también, y sobre todo, que estas decisiones no se tomaran en contra de ellos, sino con ellos Evidenciaron así que Francia sufría no sólo de los déficit presupuestarios endémicos, sino también de un serio déficit democrático
Frente a ese cuestionamiento tan profundo y radical, ¿qué propuso Alain Juppé?
Primero, rehusó hablar de lo que había motivado la crisis y mantuvo intacto su plan de reforma del Seguro Social Segundo, prohibió que se mencionara el tema de los salarios Tercero, explicó a sus interlocutores que los franceses debían consumir más para relanzar el crecimiento económico estancado Para lograr esa proeza, anunció ciertas medidas que permitirán a los franceses disponer más fácilmente de sus ahorros a plazo y gastarlos en la compra de electrodomésticos, hacer obras en sus domicilios o comprar casas de campo
Cuarto, exigió del patronato que contratara a 250,000 jóvenes en el curso de 1996 y afirmó que quiere desarrollar más la información profesional de los jóvenes Quinto, pidió a los sindicatos y a los empresarios acelerar sus discusiones sobre la reducción del tiempo de trabajo para lograr un acuerdo antes del 31 de julio y promulgar una ley al respecto Explicó que el gobierno estaba dispuesto a reducir también el tiempo de trabajo en la función pública, y que esa medida, aplicada conjuntamente en el sector privado y público, iba a generar miles de nuevos empleos
“La montaña parió a un ratón”, declararon furibundos los líderes sindicales, quienes esperaban una “señal fuerte” de Alain Juppé “Es una Navidad de pobres”, exclamó el líder del patronato francés, igualmente exasperado, quien no soporta que el gobierno intente intervenir de manera tan directa en sus asuntos
Resultado: ni el patronato ni los sindicatos aceptaron firmar las conclusiones de la cumbre
EMBESTIDA SINDICAL
¿Se volverá a prender la hoguera, como lo anuncian ya los sindicalistas más radicales? En Francia casi todo el mundo parece temerlo o esperarlo, pero nadie puede prever cuándo volverá a explotar la crisis, ni qué forma tomará
En los rangos de la coalición de derecha actualmente en el poder crece la inquietud Ya varios políticos empiezan a tomar una distancia prudente con respecto a Alain Juppé, inclusive en el seno de su gobierno, y aconsejan al primer ministro aplazar la aplicación de parte de su plan de reforma del Seguro Social
En el seno del Partido Socialista, para no variar, cunde la cizaña Una parte del partido reprocha a su líder, Lionel Jospin, haberse mantenido demasiado al margen del movimiento social; otra, más amarga aún, constata que el partido no tiene alternativa alguna que ofrecer a los franceses Mientras tanto, Jospin reitera una de las grandes propuestas de su campaña presidencial: la organización de una gran conferencia salarial en la cual el patronato, el gobierno y los sindicatos elaborarían juntos una política de alza controlada de los salarios
Los empresarios, por supuesto, rechazan rotundamente ese proyecto, que es apoyado, en cambio, por dos de los principales líderes sindicales
En los sindicatos tampoco reina la armonía Francia es uno de los países europeos menos “sindicalizados” de Europa Se calcula que sólo el 10% de los trabajadores están afiliados a una organización laboral
Existen tres grandes confederaciones sindicales: La CFDT, reformista, que apoyó a los distintos gobiernos socialistas y hoy apoya al de Alain Juppé; Fuerza Obrera (FO), también reformista, pero que se radicalizó durante el otoño caliente, y la CGT, de orientación comunista Las dos primeras están siendo sacudidas por profundas crisis internas Numerosos militantes de base de la CFDT reprochan a su lideresa, Nicole Nottat, haber aprobado el Plan Juppé y haberse opuesto a la huelga de los ferrocarrileros La dama de hierro del reformismo sindical francés no vaciló en expulsar a miembros de la organización que dirige por haber participado en esa huelga
En FO también se enfrentan dos tendencias: por un lado, los reformistas que no soportan la alianza de su líder, Marc Blondel, con los comunistas de la CGT, y que quieren volver a ser los interlocutores privilegiados del gobierno y, por otro lado, los militantes cada vez más numerosos que siguen a su secretario general en su oposición a Juppé y lo estimulan en su creciente combatividad
La CGT, sin duda, es la gran ganadora del conflicto Bien implantada en la Compañía Nacional de Ferrocarriles, esa central obrera encabezó muy pronto el movimiento de protesta, y su dirección, liderada por Louis Viannet, logró evitar cualquier desbordamiento de la base
Paralelamente, surgieron en los años recientes, y se consolidaron durante el movimiento social de las semanas pasadas, nuevos sindicatos, como la Federación Sindical Unitaria (FSU), en la educación nacional; Solidarios Unitarios Democráticos (SUD), bien implantado en la Compañía Nacional del Correo y en la de las Telecomunicaciones, o la Unión Nacional de Sindicatos Autónomos (UNSA) Se trata de organizaciones más democráticas, más activas, más radicales también y, sobre todo, menos corporativizadas, que ya empiezan a trabajar en estrecha colaboración con las asociaciones de solidaridad con los excluidos (alrededor de 5 millones de personas, entre los cuales se encuentran desempleados, los sin techo y gente que recibe el RMI, un subsidio que apenas les permite sobrevivir)
La posibilidad de que la crisis social vuelva a explotar en Francia depende en gran medida de las fuertes discusiones internas que se dan actualmente en todas las organizaciones sindicales ¿Ganarán los reformistas en FO y en la CFDT? Si ganan, ¿decidirán aliarse con la CGT y los sindicatos más radicales todos los militantes inconformes que saldrán de estas confederaciones? ¿Esa alianza será suficientemente fuerte y madura como para proponer buenas orientaciones a una eventual segunda ola de protestas, huelgas y marchas? Si pierden los reformistas, sobre todo en FO, como es bastante probable, ¿cuánto tiempo más podrá resistir Alain Juppé ante una nueva ofensiva unitaria de los sindicatos?
La eventualidad de una nueva movilización popular plantea otra serie de interrogantes a mediano plazo Ese movimiento social defensivo, de rechazo, ¿logrará transformarse en algo constructivo? ¿Surgirán de ese “no” a la opción liberal del actual gobierno fuerzas políticas capaces de formular alternativas?
Ese punto es clave De no encontrar pronto una expresión política seria, el movimiento social francés podría ser parcialmente recuperado por el ultraderechista Frente Nacional Si siguen siendo despreciados y sacrificados por la derecha, si no tienen perspectivas políticas sanas, parte de los inconformes de hoy tendrán la tentación de refugiarse en un nacionalismo exacerbado
EN RIESGO LA UNION EUROPEA
Mientras Francia se interroga sobre su futuro, en Bruselas la Comisión Europea aprieta los dientes La crisis social francesa no estaba prevista en la rigurosa agenda de la Unión Económica y Monetaria (UEM) que los eurócratas elaboraron en la quietud de sus oficinas apartadas del mundanal ruido
Esa agenda preveía una cumbre del Consejo Europeo en Madrid, que se realizó los pasados 15 y 16 de diciembre Durante dos días, los jefes de Estado y de gobierno de los 15 países miembros de la Unión Europea se reunieron en la capital española para escoger el nombre definitivo de la futura moneda única y tomar decisiones “capitales” para su adopción y su puesta en circulación
Mientras 2 millones de manifestantes rechazaban en las calles de Francia la política de austeridad impuesta por Alain Juppé y los criterios de convergencia de Maastricht, los aparentemente imperturbables líderes europeos se felicitaban por los avances logrados
“Hay que admitir que, visto desde París, el Consejo Europeo de Madrid tiene aspectos surrealistas —subrayó un editorialista del matutino francés Liberation— Como si nada estuviera pasando en Francia desde hace más de 20 días, los dirigentes europeos siguen elaborando, con una aplicación de notarios, bajo la presión alemana, el calendario de su mecano monetario”
¿Qué decidieron los 15? Fijaron de manera “definitiva” las etapas que llevarán a la UEM: A principios de 1998 se seleccionará a los países dignos de tener el “euro”, la famosa moneda única (cuyo nombre fue literalmente impuesto por las autoridades alemanas) que entrará en vigor en 1999 Ese mismo año se instalará el Banco Central Europeo En enero del 2002 empezarán a circular las “euromonedas” y los “eurobilletes”, y siete meses más tarde, en julio, desaparecerán monedas y billetes nacionales
¿Qué pasará con los países como Italia e Inglaterra, que rechazan esa agenda? Misterio ¿Qué pasará con los países que no lograrán cumplir con los requisitos de convergencia? Misterio ¿Qué sentido tendrá una UEM demasiado selectiva? Misterio ¿Qué tan drástica será la disciplina presupuestaria impuesta a los “elegidos”? Será aún más rigurosa que la que se exige de los candidatos, susurran los expertos
“¿Podrá conciliar Francia en los dos próximos años la reducción drástica de los déficit presupuestarios que implica semejante guión con la solución del grave conflicto social que la sacude, en un momento en que su crecimiento económico se está estacando?”, interroga Liberation
Hoy día en Europa todo el mundo se hace la misma pregunta
¿Se puede imaginar la UEM sin Francia?
Definitivamente no, contestan al unísono todos los líderes políticos europeos, y los eurócratas de Bruselas, Alemania y Francia son el eje de la UEM
¿Entonces?
Entonces empieza a darse un fenómeno inimaginable hace solamente algunas semanas De todas partes surgen voces que cuestionan la maratónica agenda de los eurócratas; se escuchan otras que exigen, además de un ritmo más lento, serios compromisos sociales Es justo recalcar que antes de la explosión social francesa, algunos expertos y políticos intentaban lanzar gritos de alarma, pero nadie quería oírlos
Hoy la situación está cambiando Esos gritos tienen eco
En Portugal, el socialdemócrata Mario Soares aprovechó la crisis francesa para rebelarse contra Bruselas: “Soy socialista —afirmó—, y pongo las exigencias sociales, culturales y políticas arriba de los criterios y exigencias monetaristas” Luego confesó que a menudo era difícil lograr el equilibrio “entre las exigencias financieras y las de un indispensable desarrollo social”
En Alemania, el otoño caliente francés confirmó a Oskar Lafontaine, líder del SPD y contrincante socialdemócrata de Helmut Kohl, en su decisión de bregar en favor de un ritmo más razonable para la construcción de la UEM “La estabilidad social de Europa es más importante que el respeto a la agenda establecida Sería preferible corregir esa agenda; si no, la unión monetaria se transformará en un polvorín social para la integración europea”, enfatizó hace tres semanas
En un largo análisis publicado el pasado 15 de diciembre en la primera plana del influyente vespertino francés Le Monde, día en que empezó la cumbre europea en Madrid, dos expertos de ese diario aconsejaron a Jacques Chirac tener el valor de frenar la carrera hacia la UEM Recalcaron que debía hacerlo por razones económicas, sociales y políticas
“Antes que todo, por razones económicas Todos los expertos independientes —los cinco `sabios’ alemanes, la mayoría de los institutos franceses de coyuntura e inclusive, ahora, la Bundesbank— están de acuerdo: debido a la disminución del crecimiento registrado en Europa desde el pasado verano, es casi seguro que ni Francia ni Alemania podrán cumplir en el tiempo exigido con los criterios de Maastricht
“Francia no logrará que su déficit público sea inferior al 3% de su producto interno bruto La deuda pública alemana será probablemente superior al 60% de su PIB Buscar a toda costa llenar estos requisitos —aumentando más los impuestos o reduciendo más los gastos— podría hundir a Europa en su conjunto en un temible ciclo recesivo y recrudecer aún más el desempleo Paradójicamente, eso aumentaría todavía más los déficit Ahora bien, nadie puede imaginar la moneda única europea sin Francia ni Alemania”
¿Qué sentido tendrá una UEM sin Italia, país donde se firmó el tratado de Roma que sentó las bases de la unidad europea; sin Gran Bretaña, país que alberga el centro financiero más importante de Europa; sin España, que hace esfuerzos desesperados por cumplir con los requisitos de convergencia?, preguntaron luego los analistas de Le Monde, antes de concluir que, con una agenda más flexible, estos tres países estarían listos y la UEM saldría reforzada
Daniel Cohn Bendit, líder estudiantil de la revuelta francesa y alemana de 1968, hoy diputado de los Verdes en el Parlamento Europeo, pide también menos precipitación en la puesta en marcha de la UEM Su punto de vista refleja muy bien el de amplios sectores progresistas europeos, partidarios de la construcción de una Europa unida, pero con “rostro humano” En los años recientes los eurócratas habían logrado amordazar a estas corrientes Hoy la explosión social francesa les da una nueva tribuna
Si la Comisión Europea se empeña en seguir imponiendo la moneda única a los pueblos sin ofrecerles serias garantías sociales, todo fracasará, insiste Cohn Bendit Hay que tomar en consideración, seriamente, la lección que da a todo el mundo la explosión francesa Los líderes europeos deben hacer una pausa y orientarse hacia una Europa más social”, recalca
“Ese reajuste podrá tomar dos o tres años Eso no es dramático”, enfatiza
Lo que sí puede ser dramático, concluye, es seguir con el actual ritmo enloquecido Las consecuencias podrían ser trágicas Se desintegraría todo el proyecto europeo, cada país se replegaría sobre sí mismo, triunfarían las tesis ultranacionalistas ya bastante fuertes en todo el viejo continente, se desatarían de nuevo los antagonismos históricos que llevaron tantas veces a Europa al abismo
Un amplio análisis del diario Liberation, publicado también el pasado 15 de diciembre, va en el mismo sentido que el de Le Monde y que las reflexiones de Cohn Bendit Después de citar a un asesor del propio Chirac, el muy “maastrichiano” Pierre Lelouche, quien acaba de reconocer “que no se puede construir la moneda unida en contra de la voluntad de los pueblos”, el matutino recuerda con justa razón la responsabilidad de Helmut Kohl y de François Mitterrand en el abandono del concepto de una unidad europea a la vez política, social y económica, y en la “deshumanización” del proyecto actual
En 1991 Francia había propuesto la creación de un “gobierno económico europeo” para contrarrestar el poder monetario del futuro banco central europeo Ese “gobierno” debía ser el garante del contenido social del Tratado de Maastricht y defenderlo contra las previsibles desviaciones monetaristas Kohl rechazó rotundamente esa iniciativa, y Mitterrand no fue capaz de defenderla
Dos años más tarde, Jacques Delors, entonces presidente de la Comisión Europea, intentó a su vez salvar el proyecto de una Europa social ante la creciente influencia de los tecnócratas Delors elaboró un denso Libro blanco, en el que insistía sobre la necesidad absoluta de tomar en cuenta criterios sociales —empleo, crecimiento— en la construcción de la UEM Los eurócratas agradecieron cortésmente a Delors su generosa aportación y se olvidaron en seguida de sus recomendaciones
“Después de eso, concluye el analista de Liberation, Europa se hundió en las delicias de un monetarismo cada vez menos comprendido por los pueblos europeos, los que hoy día sólo ven en el proyecto que se le impone una inagotable fuente de austeridad Mejor dicho, sin una verdadera orientación social que permitirá a la vez reequilibrar el monetarismo `ciego’ de Maastricht y dar sentido a la Unión Europea, ésta última corre el riesgo de romperse los huesos a fuerza de empeñarse en correr con una sola pierna”
Tanta disidencia empieza a inquietar a los eurócratas Muy tenso, uno de ellos —y no el menor—, Jacques Santer, presidente de la Comisión Europea, acaba de advertir que no respetar la agenda fijada en Madrid “provocaría una enorme pérdida de credibilidad y una formidable regresión de la idea europea”; y, amenaza suprema: la ira de los mercados financieros
¿Acaso no se enfurecerían los mercados financieros cuando esa marcha forzada hacia la UEM desatara más desempleo, más déficit, más recesión y más explosiones sociales?, replican los partidarios de una construcción más lenta de una Europa más social
“Fascinados por el corto plazo y las ganancias inmediatas, los todopoderosos mercados financieros son incapaces de anticipar el porvenir de los seres humanos y del medio ambiente, de plantificar la extensión de las ciudades, de resolver la fractura social”, se indigna Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, antes de citar a un exultraliberal arrepentido:
“La riqueza no puede reducirse al PIB por habitante, admite hoy Ralph Dahrendof después de haber cantado loas al mercado; la riqueza debe tomar en cuenta el conjunto de las condiciones que permiten lograr el bienestar La exclusión es económicamente mala, pero sobre todo socialmente corrosiva y políticamente explosiva”
¿Oirán los eurócratas, y los dirigentes políticos que coinciden con ellos o les obedecen, todas estas señales de alarma que hoy simboliza la crisis social francesa?

Comentarios

Load More