EL PINTOR CHILENO OSVALDO BARRA CUENTA EL CUMPLIMIENTO DE SU IDEAL: HABER SIDO DISCIPULO DE DIEGO RIVERA

EL PINTOR CHILENO OSVALDO BARRA CUENTA EL CUMPLIMIENTO DE SU IDEAL: HABER SIDO DISCIPULO DE DIEGO RIVERA
José Alberto Castro
Recuerda Osvaldo Barra Cunningham a su maestro Diego Rivera como a “un niño bueno y bondadoso”
A sus 74 años de edad, el pintor oriundo de Concepción, Chile, rememora los últimos cinco años del conocido muralista, y advierte: “De vez en cuando hacia sus berrinches, pero cuando se le hacia notar la verdad reaccionaba y se corregía”

Corría el año de 1953 cuando Osvaldo Barra llega a México becado por el gobierno de nuestro país para perfeccionarse en la pintura mural y, al mismo tiempo, alcanzar uno de sus máximos anhelos: trabajar al lado de Diego Rivera, quien representaba “el pintor que mejor cumplía mi ideal”
Al poco tiempo de su arribo a la Ciudad de México, luego de estudiar la técnica de la pintura al fresco en la Escuela de Pintura y Escultura La Esmeralda, Rivera lo admite en su estudio y en un par de meses se convierte en su principal asistente, a los 33 años de edad
De esa experiencia, Barra admite: “Me tocó la mejor época de él, lo mismo en el dominio técnico, en el colorido de su pintura y en su enorme vitalidad”
Barra Cunningham pertenece a una familia de mineros; algunos de sus hermanos trabajaron en la mina y él en la fábrica de cerámica, una de las secciones de la gran compañía minera de Lota Sus primeros murales y decoraciones retratan el tema
Hoy vive con su esposa Josefina Gómez Domínguez y sus hijos Federico, Héctor, Axel y Fresía en el barrio de Santa Ursula, al sur de la Ciudad de México Ahí, en su casa, estudio y taller de cerámica, confiesa que “desde Chile era mi deseo trabajar con Diego Rivera, porque desde niño me interesaba el arte social”
Con más de 40 años de residencia aquí, el pintor participa en la exposición colectiva Presencia de Chile en México, alojada en el Centro Cultural Isidro Fabela en la Casa del Risco, San Angel
Asegura que el trato con Diego Rivera le reafirmó que “el único arte verdadero es aquel que sirve a la sociedad”
Todavía recuerda cómo en Chile “me dieron muchas referencias de Siqueiros, sin embargo, mi deseo era trabajar con Rivera pues me identificaba con él Era el pintor que estaba pintando la vida social de México en todos sus aspectos, desde el político, el histórico y el popular Era el pintor que mejor cumplía mi ideal El arte como un lenguaje, una manera de expresar los sentimientos y las diferentes manifestaciones de la vida diaria Para mí ése es el verdadero arte”
Barra considera que los tres grandes del muralismo pintaron al fresco, pero que “no obstante, Rivera fue el que más pintó en esa técnica y la perfeccionó Fue el más claro al expresar sus ideas Para mí es el verdadero genio del arte mexicano después de lo precolombino”
Cuenta que uno de los momentos de mayor desaliento en su vida fue cuando Rivera se fue a la URSS para tratarse el cáncer que lo agobiaba, y de Frida Kahlo indica que la conoció ya muy enferma Pero Barra —recuerda a su vez su esposa Josefina— “por algún tiempo vivió en la casa de Frida y en la casa de la Malinche, en Coyoacán”
El artista avizora una coincidencia entre Siqueiros y su entrañable maestro, pues para ambos “el arte es un lenguaje realista, a través del cual conocemos el desarrollo de la humanidad Los sumerios, el arte asirio, el babilonio, el egipcio y el griego tuvieron reglas Por ejemplo, el arte griego o clásico está lleno de principios y reglas pero siempre utilizó un lenguaje claro Por eso el pueblo lo entendió”
Trae a cuento la famosa frase de Siqueiros ‘no hay más ruta que la nuestra’, y aclara que la entendió a nivel artístico como ‘no hay más ruta que el realismo’
SUS OBRAS
Entre 1961 y 1962, el maestro Osvaldo Barra Cunningham pintó dos frescos en los muros de los patios del Palacio de Gobierno de Aguascalientes, donde plasmó algunos pasajes de la historia de esa entidad En el primer mural se aprecia a una mujer con cabellos de elote y trigo que representa a la madre tierra, entre otras imágenes, la cual saca de un ambiente de oscurantismo clerical a un joven desnudo También se ve a una prostituta que atrapa con sus manos la balanza de la justicia, en uno de cuyos platos hay una bolsa de monedas
Ese mural fue criticado por algunos periodistas de la localidad, y los sinarquistas pretendieron borrarlo Detrás de esas manifestaciones estaba el obispo de Aguascalientes de apellido Limón que presionaba al gobernador Luis Ortega Douglas, señala Barra
Las cosas llegaron a tal punto que el mismo gobernador se vio obligado a tomar fotografías de los murales para viajar a la ciudad de México y entrevistarse con el presidente Adolfo López Mateos El mandatario le dijo que los murales le habían gustado y dio la orden de no tocarlos
El capítulo se cerró felizmente 30 años después, cuando Barra regresó a Aguascalientes para completar su obra al pintar otros dos murales en el Palacio de Gobierno: en uno se representan los colores de la enseña nacional y en el otro se aprecia un pasaje de la vida de los chichimecas
En la actualidad, Osvaldo Barra heredó a su hijo Héctor el taller de cerámica, cuya creación original fue motivada por Diego Rivera, quien un día le preguntó: “Osvaldo, ¿haría usted uno de mis murales en cerámica?”
Este le contestó afirmativamente, y Diego meses después le entregó el boceto de un mural que realizaría en la Facultad de Química de la UNAM Sin embargo, la inesperada muerte del muralista frustró el proyecto
Emocionado, Barra admite que en su caso “sigo siendo un deseo de hacer algo” Y visualiza a Diego Rivera a la altura del poeta Pablo Neruda Ambos son para él “dos gigantes del arte”

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