Veinte años del Comité Eureka: los presidentes, los procuradores, los torturadores…

Veinte años del Comité Eureka: los presidentes, los procuradores, los torturadores
Denuncia Rosario Ibarra: el gobierno implanta el terrorismo de Estado y resucita la práctica de las desapariciones
Ignacio Ramírez
Veinte años después de haber sido fundado el Comité Eureka, su presidenta, doña Rosario Ibarra de Piedra, hace un llamado a la sociedad civil para que no deje la lucha por la presentación de los desaparecidos políticos

“Es un llamado a la esperanza Ya no queremos más coronas de espinas Ni siquiera pedimos castigo para los responsables, porque ningún castigo, ningún tesoro, nos paga la vida de nuestros hijos El gobierno nunca ha dicho que estén muertos Vivos se los llevaron, vivos los queremos”
Además, anuncia la creación del Comité de los Hijos de los Desaparecidos Políticos:
“Algunas madres de los desaparecidos han muerto, pero la lucha será continuada por nuestros demás hijos La desaparición forzada de personas tiene un alto costo político: Si cortan una rama, brotan más, los otros hijos, los familiares, los amigos, los compañeros, más aun cuando el gobierno ha resucitado esta práctica terrible e implantado el terrorismo de Estado”
Rodeada de carteles y fotografías en su departamento de la colonia Condesa, doña Rosario hace un recuento de su vida, antes y después de la detención de su hijo Jesús —en 1975—, uno de los cerca de 500 desaparecidos políticos en la lista del Comité Eureka
Los responsables
Dice que los principales responsables de la desaparición de esas 500 personas son los expresidentes Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, y el actual, Ernesto Zedillo
“No se puede eludir la responsabilidad cuando el presidente es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas y se utilizan las instalaciones militares y navales como centros de reclusión”
En segundo término, dice, los exsecretarios de Gobernación —Mario Moya Palencia, Enrique Olivares Santana, Manuel Bartlett y Fernando Gutiérrez Barrios—; luego los exprocuradores —entre ellos Pedro Ojeda Paullada y Sergio García Ramírez—; los exgobernadores —principalmente Rubén Figueroa Figueroa y Pedro Zorrilla Martínez—, y los torturadores: Miguel Nazar Haro, José Salomón Tanús y Mario Arturo Acosta Chaparro
Acerca de su relación con los presidentes de la República, cuenta:
Con Echeverría:
“Mi persecución a Echeverría fue terrible: 39 veces hablé con él De nada servía que anduviera como vendaval para todos lados y que me prometiera tantas cosas para no cumplirlas Me agarraba la cabeza y le decía a Ojeda Paullada: ‘Señor procurador ¿qué hacemos con esta pobre madre?’ Hipócrita Y como siempre estaba presente en todos sus actos, me saludaba de lejos Cuando se acercaba, me preguntaba: ‘¿Cómo la tratan?’ Me tratan bien, pero quiero a mi hijo, le respondía; era una especie de chantaje”
Con López Portillo:
“Ya no lo seguí mucho En ese tiempo habíamos formado ya nuestro Comité y fueron visitas formales En una ocasión, cuando estábamos en un plantón en el Zócalo, nos mandó llamar, en vísperas de su último informe Nosotras creímos que iba a solucionarse el problema; es más, creo que hasta Gutiérrez Barrios lo creyó, porque nos habló muy apurado que el presidente nos buscaba Y resulta que al día siguiente fue cuando López Portillo se enojó con los sacadólares, que habían saqueado al país, buscando conmovernos Pero tampoco hubo nada”
Con De la Madrid:
“Fue más oscuro No quiso ni amnistía ni nada que tuviera, así lo dijo, connotaciones políticas Prefirió, en cambio, el desvanecimiento de pruebas en los casos de los 370 presos políticos que sacamos de las cárceles públicas durante su gestión De los desaparecidos logramos rescatar a 38, pero actuó a la chita callando, evitando cualquier escándalo”
Con Salinas de Gortari:
“Fue lo más horrible, el cinismo más grande Un día nos recibió en Los Pinos, éramos siete madres Nos dijo: ‘En 20 días sabrán de sus hijos’; hasta nos besó la mejilla a cada una Mis compañeras salieron llenas de esperanza, creo que la única escéptica era yo En vez de que supiéramos sobre nuestros hijos, sacó su engendro: la Comisión Nacional de Derechos Humanos que, como zopilota, anda en busca de cadáveres Después nos sacaba la vuelta, salía por otra puerta Por eso, al final de su mandato, le grité 26 veces en el recinto parlamentario, porque entonces era diputada Y el último grito fue: ¡Judas!”
—¿Y las esposas de los presidentes?
—Desgraciadamente, tuvieron una actitud totalmente evasiva Por ejemplo, a la señora María Esther Zuno de Echeverría no me le acerqué, mandé a una de mis hijas, quien tenía un ligero parecido con una de sus hijas, como alguien me comentó, para ver si se conmovía Se le acercó mi hija y le respondió que ella no, que esas cosas le correspondían al señor presidente Y se salió por la tangente
“Con la señora Carmen Romano de López Portillo me quise arrimar una vez, pero no se pudo Y a la señora Paloma Cordero de De la Madrid, le entregué una carta, en la Cámara de Diputados, pero tampoco pasó nada Y con las otras decidimos ya no hablar”
—¿Y con el presidente Zedillo?
—Después de la traición de Salinas, hubo un acuerdo de no hablar con el presidente, pero vamos a ver si lo desechamos, con motivo de los 20 años del Comité Eureka
“Quiero referir una anécdota del porqué de ese acuerdo, una anécdota que pinta de cuerpo entero al actual procurador Jorge Madrazo: Cuando fuimos a ver a Jorge Carpizo, en la CNDH, nos mandaron con él Y Madrazo nos dijo en ese entonces: ‘Señoras, quiero que me traigan las actas de nacimiento de todos los desaparecidos, para poder probarle al señor procurador que sí existieron’ Imagínese, como si fuera un deporte andar en las oficinas públicas, bajo el sol, el frío o la lluvia, luchando por nuestros hijos”
Primeras inquietudes
Doña Rosario rememora su vida en Monterrey antes de la detención de su hijo Jesús, a mediados de los setenta
“Mi vida transcurría dentro de las costumbres de aquel entonces, como ama de casa, con cuatro hijos: María del Rosario, Jesús, Claudia Isabel y Carlos Eramos clase media, con ciertos privilegios: tenía una casa amplia, con servidumbre, automóvil del año y montábamos a caballo Mi esposo, Jesús Piedra Rosales, era miembro del Partido Comunista Mexicano y médico de los mineros de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, por lo que nos empapábamos de sus problemas; falleció en 1993
“Tampoco era yo una torre de marfil Mi abuela Adelaida Villarreal era feminista, luchó por el voto a la mujer y tenía una panadería que se llamaba La voz del pueblo Mi padre, Valdemar Ibarra Ramírez, participó en la Revolución; era topógrafo e ingeniero agrónomo y masón De niña viví en Chihuahua y me acuerdo de las injusticias con los tarahumaras Fue el primer golpe que sentí, quería que mi padre les comprara zapatos a todos ellos Así que tenía antecedentes e inquietudes por la lucha libertaria”
Recuerda que iba a las manifestaciones con sus hijos y se plantaba frente al consulado norteamericano, en Monterrey, para protestar por la Guerra de Vietnam Después ella y sus hijos, ya adolescentes, siguieron el desarrollo del movimiento estudiantil de 1968 y lo ocurrido el Jueves de Corpus de 1971
En 1973, catearon su casa de Monterrey, en busca de su hijo Jesús, que militó en la Liga Comunista 23 de Septiembre, acusado de haber participado en el secuestro del industrial Eugenio Garza Sada Un año después fue detenido y torturado su esposo; le fracturaron la columna vertebral
“Con la detención de mi hijo, en 1975, acabé por entender la situación global del país, que se había esbozado desde el asalto al Cuartel Madera, en 1965”
—¿Cómo recuerda a su hijo?
—Para una madre dicen que no hay hijo malo ni feo Pero quiero decir que no es el subjetivismo de la madre el que habla ahorita Nos hemos reunido las madres de los desaparecidos a platicar de cómo eran nuestros hijos Y hemos encontrado una especie de ser humano hecho con muy buena levadura
“Jesús nació en 1954 y era, desde chiquirringiño, dadivoso, tenía cualidades muy especiales dentro del ámbito familiar Esperaba siempre a que sus hermanos tomaran la fruta que más les gustara y él se quedaba al final, no arrebataba nada, ni a sus amigos Cuidaba mucho a su hermano, cinco años menor que él Una vez íbamos en autobús y, al bajarnos, un señor felicitó a mi esposo: ‘Que lindo hijo tiene’ Mi esposo pensó que se trataba del más pequeño ‘Muchas gracias’, correspondió ‘No, el otro, el mayorcito, casi no durmió toda la noche tapando a su hermanito con el saco’ Cosas así, pequeñas, pero que hablaban mucho de su manera de ser
“Y al crecer fue igual Cursaba la carrera de Medicina, tenía todo: carro, caballo, practicaba karate y tiro al blanco, leía mucho, prefería la música clásica, tenía muchos amigos, no le faltaba nada Y, sin embargo, dejó todo Tenía 21 años cuando se lo llevaron Como decía su novia: ‘No, mamá Rosario, con esa mujer, yo no pude competir’ Le preguntaba, ¿cuál hija? ‘La Revolución, mamá, la Revolución'”
—¿Supo algo de él después de su detención?
—Después de que lo detuvieron, varias personas me dijeron que estaba en el Campo Militar Número Uno; logré colarme en varias ocasiones porque nadie sabía quién era yo A los seis meses, uno de mis informantes me dijo: ‘Póngase lista porque ya sacaron a su muchacho, al menos la hoja de su registro’, y nada Lo busqué en Santa Martha Acatitla, porque me avisaron que lo habían llevado allí `Pregunte por los depositados’, me dijeron; los ‘depositados’ eran los que tenían en los apandos Y nada Supe que lo habían tenido en otros lugares del país; diez años después de su detención, me aseguraron que lo habían visto vivo en un campo militar de La Joya, cerca de Torreón, Coahuila; lo mandé buscar, porque ya la gente me conocía, pero desgraciadamente tampoco hubo nada
“Me contaba uno de la Liga que, cuando tuvieron sus primeras acciones, le preguntó: ‘¿Cómo te sientes Piedrita?’ Y le dijo: ‘Me duele el ombligo’ Todavía lo tenía pegado”
Mujeres bravas
El primer desaparecido político fue el profesor Epifanio Avilés Rojas, durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz El 18 de mayo de 1969, en Coyuca de Catalán, Guerrero, lo secuestró el general Miguel Bracamontes, junto con el mayor Antonio López Rivera Lo trasladaron a Ciudad Altamirano y, al día siguiente, lo subieron a una avioneta militar ‘Llévenlo al Campo militar Número Uno’, fue la orden del general, delante del pueblo Y no se volvió a saber nada de él
“Ese fue el inicio del zarpazo de la represión más violenta de que tengamos memoria: la desaparición forzada de personas”
Con la desaparición de su hijo, doña Rosario siguió las huellas de las madres de Guerrero —entre ellas Celia Piedra de Nájera y Telma Jardón de Zamora—, que venían a la Ciudad de México y hacían manifestaciones en Los Pinos
“Yo las veía y al principio no sabía quiénes eran, sólo escuchaba a los soldados que decían: ‘Estas mujeres sí son bravas’ Tan cerca de ellas y no sabía que las movía lo mismo que a mí, hasta que en una ocasión vi un desplegado firmado por ellas Y, entre todas, busqué a Celia Piedra, porque se apellidaba como mi esposo Di con ella en San Gerónimo, Guerrero, y al instante me dijo: ‘Hermana, no somos parientes, porque soy de un pueblo donde hay más piedras que en el río, pero somos hermanas de dolor Desde ese momento empezamos a luchar juntas”
Al poco tiempo, los días 16, 17 y 18 de abril de 1977, formaron el Comité Eureka, en Monterrey, que al principio se llamó Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos de México
“Entonces nos dimos a la tarea de luchar por la presentación de los desaparecidos y la libertad de los cientos de presos políticos que llenaban las cárceles de Guerrero, Chihuahua, Sonora, Nuevo León, saldo del sexenio echeverrista Después, en el gobierno lopezportillista, las desapariciones se produjeron en Sinaloa, Jalisco, Oaxaca Y luego en todo el país Pero también salió a relucir el apoyo solidario de los familiares y se consolidó esa hermandad siamesa en el dolor que nos unía a todas las madres de los desaparecidos, porque los corazones nos latían al unísono”
Su lucha no fue infructuosa Con la huelga de hambre de 1978, en la catedral de la Ciudad de México, se logró la expedición de una Ley de Amnistía de los presos políticos durante el gobierno de López Portillo
“Mucha gente no lo ve así, pero la amnistía fue condición indispensable para la reforma política Jesús Reyes Heroles, entonces secretario de Gobernación, con inteligencia, lo vio así, y le aconsejó la amnistía al presidente Con ella se puso en libertad a cerca de 1,500 presos políticos, fueron suspendidas órdenes de aprehensión, cesó la persecución y regresaron 57 exiliados de distintos países de América y de Europa Pero seguimos tristes, porque de los desaparecidos, otra vez nada”
Diez años después, en 1987, ya habían logrado rescatar a 148 desaparecidos; salieron, en diferentes lugares del país, de campos militares, bases navales, cárceles secretas
De ellos, doña Rosario recuerda en especial a Domingo Estrada Ramírez, de Tlapa, Guerrero, quien hizo público el testimonio de su detención en el Campo Militar Número Uno mediante Proceso (168, 214, 233) y Amnistía Internacional (AI)
Luego de relatar las torturas a las que fueron sometidos, Estrada Ramírez habló de la última vez que vio a Sofonías González Cabrera:
estábamos en un baño y nos sacaron uno a uno para tomar nuestras declaraciones Durante tres horas me golpearon la espalda con la palma de una tabla, al tiempo que me decían: “los héroes están en el cementerio por pendejos” A sofonías no lo sacaron porque se encontraba muy mal: tenía mucha sed y no podía orinar, parece que le habían hecho estallar los riñones Llegó el momento en que lo sacaron y, después de varias horas, a los otros tres nos llevaron en un auto en donde vimos por última vez a Sofonías muerto
A Domingo también lo mataron, en 1980, en una emboscada en Yuriria, Guanajuato
Un año antes, en 1979, fue creado el Frente Nacional Contra la Represión (FNCR), que duró trece años, hasta que empezaron a proliferar las organizaciones de derechos humanos no gubernamentales (ONG)
“Bueno, por un lado, porque cada quien defendía lo suyo; malo, por el otro, porque le quitaba el movimiento unitario que tenía el FNCR Y peor, de todas, todas, porque el hecho de que haya organizaciones defensoras de los derechos humanos significa que hay más violaciones”

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