Imcine rechazó dos proyectos cinematográficos a Servando González

Imcine rechazó dos proyectos cinematográficos a Servando González
Héctor Rivera J
Que lo dejen filmar otra vez, pide Servando González
Realizador de las cintas Viento negro, Las grandes aguas y El último túnel, entre otras, González sometió al dictamen del Instituto Mexicano de Cinematografía dos proyectos para ser realizados con el respaldo de la productora privada Tabasco Films, pero ninguno fue aprobado

Al mismo tiempo, se lamenta, lleva ya cinco años solicitando al Fondo Nacional para la Cultura y las Artes la misma beca que ha sido otorgada a otros cinematografistas El resultado, dice, también ha sido el mismo: nada
Director cinematográfico desde 1960, cuando debutó con Yanco como fruto de una carrera de autodidacta iniciada a los 12 años, González filmó su más reciente cinta, El último túnel, cuando Enrique Soto Izquierdo dirigía los destinos del IMCINE, en 1986
Ahora, a los 74 años de edad, dispuesto a continuar su carrera, recuerda cómo se inició en la industria del cine:
“Empecé de traidor: el que trae la cocacola, la torta; luego, pasé a pegar la película, después a los cuartos oscuros, a los de negativos, a los de copia; después fui subjefe del laboratorio de los Estudios Churubusco, y más tarde jefe”
Orgulloso de su trayectoria “totalmente autodidacta, porque he podido sobresalir”, advierte:
“Me pueden acusar de lo que quieran, porque ni mi cine ni yo somos moneditas de oro, pero hago el cine con amor, con entrega, con oficio y, más que eso, con una sensibilidad especial, porque tengo la vocación de hacer películas”
Yanco, ganadora de 29 premios en todo el mundo, “la hice a la callada, al margen de los sindicatos, porque no me dejaban ser director”
Realizada a un costo de 35 mil pesos, la película que interpretaban Ricardo Ancona y María Bustamante fue perseguida por ilegítima por los sindicatos, en una época en que Alejandro Galindo y Roberto Gavaldón encabezaban al gremio de directores en el Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STIC)
De acuerdo con González, debió enfrentar entonces incluso el acoso y las amenazas de un sector de los sindicalistas, empeñado en quemar su película, “porque somos un país en el que cuando una persona triunfa, algo le dicen, porque no aceptan el éxito”
“Soy un director nacionalista de hueso colorado, no patriotero, y ahí están mis películas”, asegura convencido, y cuenta cómo, en sus intentos por regresar a la realización cinematográfica, ha presentado al IMCINE que dirige Diego López dos proyectos con el aval de la productora Tabasco Films, “ambos basados en hechos reales”
La azotea, los hijos del cemento y Una historia de sexo que nunca se contó, son los proyectos rechazados: “Nomás me dijeron que no, porque no se comprometen a poner nada por escrito”, se queja
En su voz, estas son las historias no aceptadas por el IMCINE:
La azotea, los hijos del cemento:
“Trata de un problema extraordinario, que no es de México, sino del mundo: el de los pueblos que tienen a su infancia vendiendo chicles, tragando lumbre, oliendo cemento No es un documental, es una película contra las drogas Es la historia de un grupo de niños que un gringo que estuvo en la guerra de Vietnam lleva a un penthouse Usa a los chamaquitos, y se los lleva para violarlos, para drogarlos, para todo Claro que al final se tiene que morir, porque es un tipo que no merece estar dentro de una sociedad”
Una historia de sexo que nunca se contó:
“Es una historia de machismo: ¿Qué le pasa a un mexicano que le violan a su mujer delante de él, en Tepoztlán? Es una película muy interesante, porque es bilingüe, porque el muchacho, que es arquitecto, hace su tesis y le dan dinero para irse a Londres Ahí conoce a una muchacha inglesa, se hacen amigos, se casan Se van de luna de miel a Tepoztlán Van a ver bailar a los chinelos Entre quienes los ven, también están unos extranjeros con unas motos No los vemos mucho para no telegrafiar, porque no me gusta telegrafiar nada: para mí, el cine es el suspense y la sorpresa Luego se van a las lagunas de Cempoala Ahí corren en cámara lenta, con música de vals: el amor, el amor, el amor, lo más bello del mundo De pronto, aparecen los chinelos, los golpean, lo amarran a un árbol A la muchacha le quitan la ropa y la ultrajan El ve a un tipo con un tatuaje y ve sus ojos azules: es un extranjero, de esos que andan con la marihuana viviendo en motocicletas, en las carreteras, barbones y sucios Viene luego una separación, un tiempo de ajuste Llega ella desnuda de regreso a la casa, en la oscuridad El está tirado en el suelo, como víbora No le dice ni una palabra Ahí puede entrar el Jarabe tapatío, que nos tiene jodidos a todos: nuestra música, el machismo, el atavismo Se mete a bañar y se ven caer con el agua la hojarasca, la tierra, la sangre Sale y ya no se detiene ante el estúpido Ya no se hablan Al final, el problema está en si va o no por ella, porque ella se va de regreso a Londres Cuando se decide a ir por ella, y la encuentra, ella le hace un violín con un movimiento de la mano”

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