No hubo autoridad que detuviera la demolición de la casa de Salvador Novo en Coyoacán; en una crónica de 1962, el escritor la vaticinó

No hubo autoridad que detuviera la demolición de la casa de Salvador Novo en Coyoacán; en una crónica de 1962, el escritor la vaticinó
Ana Cecilia Terrazas
De la casa que perteneció al cronista y dramaturgo Salvador Novo, la número 1 que da nombre a la calle y hace esquina con Francisco Sosa en el barrio de Coyoacán, no queda piedra sobre piedra
Si acaso se levanta aún la barda que la rodeaba y parece burla la placa que queda frente a la puerta y reza: “Casa y calle de Salvador Novo”
La demolición se efectuó rápidamente durante los primeros meses del año, sin objeción alguna por parte de la delegación Coyoacán, en cuya área de comunicación social aseguraron no tener informes al respecto
Después de la muerte de Novo en 1974, su sobrino, el reconocido museógrafo Antonio López Mancera, se quedó con la residencia, que fue vendida hace unos tres años, después de su muerte
Parte de ésta, el gran jardín en donde Novo construyó su estudio y una cabaña, fueron vendidos a su vez a la familia Pérez Jácome y hasta la fecha se conserva el primero, que sirve como sede del Centro de Investigación del Estudio de Salvador Novo, AC
La casa fue construida originalmente por Paulino Fontes en terrenos que compró a Miguel Angel de Quevedo; en esa misma calle se encuentra “La Escondida”, residencia colindante con la de Novo y que perteneció a la actriz Dolores del Río
La investigadora Reyna Barrera, biógrafa de Novo, lamenta:
“Si a Novo las autoridades no lo reconocieron como para colocarlo en la Rotonda de Hombres Ilustres cuando murió, menos aún iban a respetar la vida de su casa”
La residencia en la que Novo habitaba con su madre constaba de dos pisos, una biblioteca, la cocina que diseñó él mismo y a la cual acudieron personajes de la intelectualidad mexicana además de presidentes como Adolfo Ruiz Cortínez y Miguel Alemán, recuerda Barrera
El coordinador nacional de Monumentos Históricos, arquitecto Salvador Aceves, asegura a Proceso que las autoridades objetaron la intervención que se realizó en la barda de la casa, “por lo que se tiene que subir un metro más” para adecuarse al conjunto arquitectónico que la rodea
“Paramos hace poco más de un año la obra, cuando empezaron a demoler —asegura—, pero de todas formas tenemos que aprobar qué va a sustituir la casa, que está dentro de una zona de monumentos históricos, aunque la residencia no era considerada como patrimonio por ser una construcción apenas de décadas pasadas”
Según Aceves, el Instituto Nacional de Antropología e Historia al que pertenece su coordinación ha ejercido control sobre las obras realizadas en ese terreno y sólo puede intervenir en lo referente a las alturas y texturas de las bardas, así como en la relación que guarda con áreas verdes y el mantenimiento de un cierto ambiente urbano
Agrega que, en un principio, en mayo del año pasado, el despacho arquitectónico de Pedro Ramírez Vázquez “presentó un proyecto de construcción que sustituía a la casa que existía y era respetuoso del perfil urbano Mandamos analizar el proyecto al INBA y dieron un dictamen en el cual no había valores arquitectónicos —salvo los mencionados a nivel de la barda— que impidieran la demolición”
Para Aceves, los arquitectos encargados de la obra “han sido muy consecuentes con todo lo que se les ha normado y hemos tenido una respuesta muy favorable de su parte”
No obstante, lamenta “el que hayan faltado valores arquitectónicos para evitar su destrucción, puesto que Novo era una figura que dio gran prestigio a la ciudad y a la zona”
Por lo que toca a la coordinación a su cargo, comenta que se cerciorarán de que en la futura construcción se respete el contexto del lugar y “quede una zona de jardín en torno del inmueble contemporáneo que se proyecte”
Héctor Gómez, catedrático de teatro de la Universidad Nacional Autónoma de México, miembro del Centro de Investigación del Estudio de Salvador Novo —junto con José Luis Martínez, Carlos Monsiváis, José Solé, Héctor Azar, y Hugo Argüelles—, comenta en representación de todos:
“Deploramos profundamente la demolición de la casa del maestro Novo”
Y, sin embargo, considera que “si el gobierno no puede defender a los indígenas, ya ve usted su postura contra el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, cómo va a poder defender una casa monumento cultural”
Recuerda que fue el regente anterior, Oscar Villarreal, quien dio el permiso para la demolición y lo considera como un acto de negligencia e ignorancia de parte de las autoridades
Al fallecer, Novo dejó sus inmuebles a dos herederos principales: a sus sobrinos Antonio López Mancera y Salvador López Antuñano El primero se quedó con la casa ahora desaparecida, y el segundo heredó el departamento y Teatro de La Capilla —también en Coyoacán, donde funciona El Hábito de Jesusa Rodríguez y un restaurante
En vida de López Mancera, la casa se fraccionó y el jardín fue adquirido por la familia Pérez Jácome La señora de la casa, admiradora de Novo, Gloria de Pérez Jácome, gestionó la fundación de la asociación civil en el estudio que conservó del maestro, y el cual guarda hasta la fecha –en custodia el heredero– un archivo con unas 100 cajas llenas de colaboraciones periodísticas, correspondencia, y algunos borradores de Novo
Arquitectos del despacho Grupo Imagen, fundado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, a quienes en un principio se les encargó el diseño del nuevo proyecto que sustituiría la casa de Novo —y que prefirieron no revelar el nombre del dueño, una inmobiliaria—, aseguran que el terreno se volvió a vender el año pasado por lo que se deslindan de toda obra que ahí haya hecho el nuevo propietario
En una crónica lastimosamente premonitoria de 1962, tomada de La vida en México en el periodo presidencial de Gustavo Díaz Ordaz —próximo a editarse por la Dirección de Publicaciones del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes—, el escritor y poeta se conduele:
El coctel del Centro Mexicano de Escritores me deparó una triste sorpresa Se aloja en el 18 de la calle de Valle-Arizpe, junto a la casa que don Artemio se construyó con tanto amor Y están derruyéndola, imagino que sus hermanos Eché mis barbas a remojar Me entristecerá, desde el otro mundo, ver que a su turno echen por tierra la casa número 1 de la calle de Salvador Novo

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