LA SEÑORA PRESIDENTA

LA SEÑORA PRESIDENTA
Víctor Hugo Rascón Banda
La señora presidenta, un fenómeno de supervivencia en la cartelera, digno de estudio, fue estrenada el 1¼ de junio de 1991 en el Teatro Aldama e iba a llegar a sus 3,200 representaciones el jueves pasado en el Teatro Diego Rivera, pero su protagonista no llegó Del elenco original (Gonzalo Vega, Norma Lazareno, Juan Peláez, Liliana Weimer, María Alicia Delgado y Rodolfo Rodríguez) sólo queda Gonzalo Vega, también productor
Antes de llegar a México, La señora presidenta había durado cuatro años en París y dos en Madrid La obra fue dirigida y coproducida en México por Carlos Téllez, ya fallecido, quien quiso llevar al teatro a parte de su reparto de la telenovela En carne propia

¿Y su hermana? título original, es una obra francesa en la más pura tradición del vodevil, como lo son otras de los mismos autores, Jean Jacques Bricaire y Maurice Laseygues, como Las dos vírgenes, de bulevard, estrenada en enero de 1996 en París, y la muy famosa La jaula de las locas
A pocos días de su estreno en México, algunos críticos serios y rigurosos calificaron a La señora presidenta con duros juicios: “Zafiedad teatral”, “deleznable”, “vergonzosa”, “subteatro”, “teatro populachero”, “existen límites de dignidad que no pueden ser rebasados y La señora presidenta los rebasa todos” Y, sin embargo, La señora presidenta sigue tan campante, con constantes giras que recorren el país y con largas temporadas en la Ciudad de México
¿Cuál es la causa de tal popularidad y supervivencia? Son muchos factores El anuncio en la televisión; la figura de Gonzalo Vega, tan querida por el público consumidor de telenovelas y tan respetado, en otros tiempos, por sus admiradores del teatro (Bodas de sangre) o del cine (El lugar sin límites); el travestismo del protagonista (hay una extraña atracción de cierto público masculino por espectáculos de travestis), una publicidad renovada que aprovecha sucesos políticos, deportivos y sociales (vota por La señora presidenta, La señora presidenta se va al Mundial, La señora presidenta sí es honesta, ocho años de Presidenta)
El engañoso anuncio de la cartelera incluye ahora la frase Récord Guiness, sin aclarar en qué rubro mereció tal distinción No es por el número de representaciones, como se piensa a primera vista, pues tal honor se los disputa 11 y 12 de Chespirito y El extensionista de Felipe Santander El mentado récord es por haber hecho 29,904 cambios de ropa, al llegar a las 2,492 representaciones en 1997 Y esto se explica, ya que en cada función Gonzalo Vega se cambia doce veces
Un gancho manipulador es que gran parte del público cree, antes de ver la obra, que se trata de la señora presidenta del país, pero luego se entera que se trata de la presidenta de una empresa regiomontana que visita a su hermano en la Ciudad de México
Otro gancho engañoso es la parodia norteña En mala hora, cuánto han contribuido Piporro y Doña Lencha a crear ese estereotipo de acento y de gestualidad supuestamente norteña, que no se escucha ni se ve en ninguna parte del Norte En cambio el auténtico acento de Ciudad Juárez del Tin Tán pachuco, nunca tuvo seguidores ni hizo escuela
Gonzalo Vega el protagonista y Raúl Zenteno adaptador, acuden a la parodia norteña, recurso fácil y de éxito inmediato
Para que exista el vodevil, tiene que haber como mínimo tres puertas para que los personajes desaparezcan con el menor pretexto y queden solos los otros personajes que establecerán el enredo amoroso Tiene que haber también un matrimonio, aquí hay dos, y una aventura extramarital con una sirvienta o una prostituta, aquí es con una pintora Y tiene que haber un enredo y una confusión de identidades Aquí Gonzalo Vega es Martín y es Martina su hermana, pero el personaje Martín se disfraza del personaje Martina y éste del personaje Martín, para decubrirse ambos sus complejos sexuales y sus preferencias
La señora presidenta es un simple vodevil chabacano y populachero, que acude a las más elementales referencias del psicoanálisis para parodiar complejos, y a los más simples y convencionales recursos para provocar la risa de un público ingenuo, que acude masivamente mientras que otros teatros permanecen vacíos
Los único rescatable es la perfecta caracterización de Gonzalo Vega cuando aparece como Martina, pero no así cuando Martina se disfraza de Martín, en farsa y chacoteo, o cuando Martín se disfraza de Martina con recursos convencionales de travestismo En este punto el actor sabe que no se ha esforzado lo suficiente, y tiene que explicar al público quién es quién para que éste no se confunda
La señora presidenta cumplió 3,200 representaciones y posiblemente siga hasta las 10,000 o al infinito ¿Estará formando un público teatral, realmente? Hay obras excelentes que desaparecen de la cartelera antes de cumplir siquiera las 100 representaciones, lo que es una lástima Necesitaríamos el colmillo de un Gonzalo Vega que las promueve o los recursos de la mercadotecnia, que estarían más que justificados en obras de mayor ambición artística

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