Asalto al cielo

Asalto al cielo
Froylán M López Narváez
Así titulan Rubén Aréchiga Robles, Enrique Condés Lara, Jorge Meléndez, Joel Ortega Juárez y Jorge Poo Hurtado, un rico y diferente cúmulo de escritores y documentos que aspira a dar cuenta “más allá de coyunturas y efemérides” del llamado Movimiento del 68: Asalto al cielo, Océano, México 1998 No menos bien hace Raúl Jardón en su paciente y cuidado trabajo 1968 El fuego de la esperanza, Siglo XXI, México 1998
Abundan y abundarán los textos y las declaraciones sobre este arrebato mexicano e internacional A 30 años, muchos de los rencores son llagas; las ilusiones fogosas prevalecen como lámparas votivas, en corazones y mentes saludables; los poderosos de entonces, quienes se sobreviven y sobreviven, están estigmatizados y son denostados con jaculatorias infamantes; centenares de muchachos de hoy, con sus propias lastimaduras, fantasías y ensoñaciones leen y oyen testimonio de un proceso que les afecta, dotado de enseñanzas de lo ingenuo, fantástico y noble que es soñar con cambios reivindicadores

Tardía, pero valiosamente, valientemente, protagonistas de entonces y remembradores de hoy, admiten y confiesan sus errores, sus abusos y sus insanias No es lo que se destaca, pero la expiación, otro nombre de la autocrítica, puede ser el impulso, más que rescate, de una empresa confusa y festiva, abundante en simplismos y verismos, e irrigada por las ideas y emociones de muchachos que husmeaban las posibilidades de otra vida personal y comunitaria
Sergio Bagú (Catástrofe política y teoría social, Siglo XXI, México, 1997) ilumina un sendero de conciencia e investigación de quienes son aludidos, pero no reconocidos, es estos juegos sociales magnos: ” la acción de la multitud anónima como agente creador de situaciones políticas nuevas Ningún héroe genial aparece en la dramática coyuntura —es decir, ningún hacedor individualizado que invente y dirija la acción—, sino que todo lo que tiene de auténtica creación histórica se caracteriza por la rápida transformación de una multitud en una comunidad creadora, que todo lo inventa casi instantáneamente y descubre un objetivo básico de vida y acción que cambia por completo todo lo que ella misma ha conocido hasta entonces”
Nadie sensato, o sea humilde, endilga al Movimiento del 68 una calidad revolucionaria Nadie enterado negará las consecuencias directas e indirectas que produjo esta conmoción: Movimientos guerrilleros; crítica honda del sistema político mexicano; inclusión de sesentayocheros en tareas públicas sin defección o con traiciones, de unos y de otros; la presencia generosa y osada de centenares de mujeres en la vida social y política; la muerte temprana y estúpida de jóvenes y soldados; la caída del mito presidencialista; el vislumbre de otras posibilidades, tareas y responsabilidades de quienes se entienden de “izquierda”
Algunos muchachos de los sesenta, activistas, se dejaron envenenar por los reptiles del realismo, la amargura y el bienestar muy enriquecido Lúcidos como Luzbel, reniegan de sus empeños y de sus compañeros Un Sócrates, contrario al maestro de siempre, perpetró deslealtades y se dejó atrapar como heredero de Judas
Escribió José Alvarado el 2 de octubre de 1968: “¿Están en lo justo? Eso debería verse en lugar de injuriarlos o malentenderlos, en vez de pretender tapar sus nuevas palabras con viejas frases ya gastadas Si no han triunfado del todo, tienen, al menos, una batalla en su favor Y no es poco lo ganado”
Se anuncian festejos y no sólo memorias pesarosas, luctuosas Bien por ambas, eso son los seres humanos y sus sociedades, gozos y lloros Por lo demás: “La justicia no es el amor; es lo que sostiene al amor cuando es débil, es lo que reemplaza al amor cuando el amor falta” Será amable que no reaparezcan las buenas conciencias

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