Todo empezó en aquella cena con Salinas en febrero del 93, en casa de Ortiz Mena

Todo empezó en aquella cena con Salinas en febrero del 93, en casa de Ortiz Mena
Grandes empresarios, beneficiarios de las privatizaciones y del Fobaproa, financiaron la campaña presidencial del PRI en el 94
Antonio Jáquez
Declarada cosa juzgada la elección presidencial de 1994, la documentación correspondiente fue remitida, hace un año, al Archivo General de la Nación       

        
Entre los miles de legajos archivados, hay por lo menos uno que permite reabrir el expediente de los comicios federales del 94:
Es la lista oficial de quienes dieron aportaciones económicas para la campaña del Partido Revolucionario Institucional, documento de 418 fojas, que contiene casi 25 mil nombres, varios de los cuales se repiten decenas de veces
Ahí refulgen los nombres tanto de magnates de abolengo, como de millonarios al vapor de la era salinista, de empresarios rescatados por el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) y de banqueros en líos judiciales
Aparecen los multimillonarios que llegaron a las listas de los hombres más ricos del mundo y que, en su momento, fueron convocados por el presidente Carlos Salinas de Gortari para que financiaran al PRI
Significativamente, la lista incluye a la Asociación Mexicana de Intermediarios Bursátiles, el organismo cúpula de los dueños de casas de bolsa, la mayoría de los cuales se quedaron con bancos en la subasta del sexenio pasado
Con todo y sus omisiones, la lista es una llave de acceso a las catacumbas financieras del PRI
De ahí, entre otros motivos, la alarma del PRI ante los intentos en el Instituto Federal Electoral (IFE) por reabrir el expediente de la campaña que llevó a Ernesto Zedillo a la Presidencia de la República
Las primeras sospechas
En el informe sobre el financiamiento a los partidos en las elecciones de 1994, remitido a la Cámara de Diputados, la comisión de consejeros del IFE se refiere a las cinco modalidades que permite la Ley Electoral: aportaciones públicas, cuotas de militantes, donativos de simpatizantes, autofinanciamiento y rendimientos financieros
El financiamiento de simpatizantes —establece el Cofipe— “estará conformado por las aportaciones o donativos, en dinero o en especie, hechas en forma libre y voluntaria por las personas físicas y morales mexicanas, con residencia en el país”
De las aportaciones en dinero, “los partidos deberán expedir recibos foliados, en donde se hará constar los datos de identificación del aportante, salvo que hubiesen sido obtenidas mediante colectas realizadas en mítines o en la vía pública (en cuyo caso) deberá reportarse sólo el monto total obtenido”
Entre las limitaciones para los aportantes, la ley señala que bajo ninguna circunstancia pueden dar dinero a los partidos “las empresas mexicanas de carácter mercantil”
Los consejeros reconocen en su informe que la campaña electoral del 94 fue la primera en que se pudieron monitorear los ingresos y egresos de los partidos, pero advierten que los mecanismos de auditoría con que cuenta la autoridad son insuficientes, además de que los requisitos para los partidos son mínimos, pues ni siquiera están obligados a llevar libros contables
Pese a las limitantes, se detectaron varias irregularidades en el PRI, entre ellas:
Al revisar el informe del PRI, se le solicitó el control de folios de los recibos de aportaciones de militantes y simpatizantes presentados por montos de N$65’215,24100 y N$214’615,88600 respectivamente encontrándose que dicho partido no cuenta con dicho control
Así las cosas, el Consejo General del IFE acordó informar a la Sala Central del Tribunal Federal Electoral (Trife) sobre las irregularidades señaladas en el dictamen consolidado de los consejeros —referidas al PRI y a otros partidos—, “para los efectos de la aplicación de las sanciones correspondientes”
El 10 de octubre de 1995, el Trife abrió el expediente SC-SAN-002/95 y emplazó al PRI
La carpeta negra
Unos días después de recibir la notificación del Trife, la secretaría de Finanzas del PRI respondió:
Cabe mencionar que el listado que constituye nuestro control se encuentra codificado y fue exhibido en tiempo y forma, pero por razones que desconocemos no se alude a éste en el dictamen consolidado, quizá por tratarse de un análisis unilateral y subjetivo, para lo cual se exhibe como prueba documental en 418 fojas
El PRI alegó que esa lista “constituye el control de los folios”, por lo que “pretender que la información no existe o no se lleva un control, es pretender pasar por sobre el derecho específico de los partidos de determinar su forma de control”
La “prueba documental” fue recibida por el Trife mediante nota que dice: “Entran anexos del Partido Revolucionario Institucional que comprenden del folio 1865 al folio 2280, que se encuentran en una carpeta negra”
De Ortiz Mena a Cabal
El Trife multó al PRI (con 3,660 nuevos pesos) y ahí acabó la historia, sepultada por la crisis financiera de 1995 y todas sus secuelas, entre ellas el programa de rescate bancario Curiosamente, el debate sobre el Fobaproa que estalló a mediados de este año revivió uno de los puntos neurálgicos de la campaña presidencial priísta del 94: el financiamiento privado
En denuncias periodísticas, el Partido de la Revolución Democrática señaló que la campaña de Zedillo fue financiada por magnates que hicieron grandes negocios en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y que, cuando tuvieron problemas, fueron rescatados por el Fobaproa
Luego, el 10 de septiembre, el PRD interpuso una queja ante la Junta General Ejecutiva del IFE “por irregularidades y faltas administrativas” del PRI en la campaña de 1994 y demandó que se abra una investigación Dos meses después, el 13 de noviembre, la Junta turnó la queja a otra instancia del IFE El asunto llegó a la sesión del Consejo General del IFE del 17 de noviembre, lo que provocó que el PRI de plano se retirara “de manera indefinida” del instituto
En la queja del PRD —reforzada con numerosos anexos— se mencionan algunas pistas sueltas sobre el financiamiento de la campaña priísta de 1994:
—El 23 de febrero de 1993, en la residencia de Antonio Ortiz Mena, en la colonia Rincón del Bosque, se reunieron con el presidente Salinas 30 empresarios de los más acaudalados del país, entre ellos Carlos Abedrop Dávila, Gilberto Borja Navarrete, Diego Gutiérrez Cortina y Carlos Slim Helú Ante Salinas, cada magnate se comprometió a darle al PRI un donativo superior a los 75 millones de pesos
—Del 20 al 22 de mayo de este año, en Niza, Francia, Gerardo de Prevoisin, exdirector de Aeroméxico, ratificó su declaración de 1995 en una corte de Texas, en la que reveló que 8 millones de dólares de la línea aérea fueron canalizados a la campaña presidencial del PRI en 1994
—En averiguaciones de la Procuraduría General de la República, en contra de Carlos Cabal Peniche, se detectó un flujo de fondos entre Banco Unión, de la cual era accionista mayoritario, hacia fideicomisos del PRI
Cosa juzgada
En su respuesta a la Junta General Ejecutiva del IFE, sobre la queja perredista, el PRI insiste en que se apegó a la normatividad en sus reportes sobre las campañas del 94, por lo que las resoluciones del Trife tienen el carácter de “definitivas y firmes y causando estado de cosa juzgada”
Y alega:
La institución de la cosa juzgada “hace cesar la controversia y el estado jurídico de incertidumbre antes y durante la controversia o litigio, y al definir el derecho en conflicto, hace nacer un estado nuevo de certidumbre que finque en las partes la acción o excepción, consistente en la seguridad jurídica de que no volverán a ser perturbadas otra vez entre sí (Non bis in idem) por la misma situación, cosa, u objeto”
De hecho, el Tribunal Federal Electoral consideró, efectivamente, cosa juzgada las elecciones del 94 y remitió todos los expedientes al Archivo General de la Nación Ahí localizó el reportero el expediente SC-SAN-002/95, que incluye como anexo 5 la carpeta negra con la lista de donantes y otros documentos que pueden resultar perturbadores para el PRI
En su informe al IFE, el PRI anotó que obtuvo ingresos en 1994 por un total de casi 600 millones de nuevos pesos, al que se llegó con un saldo inicial de 144 millones, más los fondos recaudados de las cinco fuentes permitidas: financiamiento público (100 millones), militantes (65 millones), simpatizantes (215 millones), autofinanciamiento (60 millones) y por rendimientos financieros, fondos y fideicomisos (16 millones)
En el desglose de lo aportado por simpatizantes, el PRI informó que recibió —en números redondos— 192 millones de nuevos pesos de personas físicas, 962 mil nuevos pesos de personas morales, cero pesos de colectas en mítines y en la vía pública, 78 mil nuevos pesos de aportaciones no identificadas y 22 millones de nuevos pesos de aportaciones en especie En total: 215 millones
Respecto de los 16 millones que dice obtuvo de fondos y fideicomisos, el PRI informa que recibió 8 millones de fondos y otros 8 de fideicomisos que no especifica
Pero los números que proporcionó el PRI al IFE —en formatos oficiales del instituto— no cuadran con otras evidencias documentales conocidas después por la opinión pública:
—¿En dónde se contabilizó el fideicomiso F/1718-0 del Comité Ejecutivo Nacional del PRI-Banca Cremi, en el que recibió aportaciones por más de 74 millones de pesos, del 26 de julio de 1993 al 29 de octubre de 1994?
—¿Cómo se registraron los 8 millones de dólares que confiesa De Prevoisin que transfirió al PRI desde Aeroméxico, que como empresa mercantil estaba impedida legalmente para hacer donativos políticos?
Las listas
La carpeta negra con las listas de donantes arroja luz sobre el origen de los recursos priístas en 1994 y multiplica las interrogantes en torno de los montos y otras cuestiones
Las listas se presentan bajo las columnas “Tipo” (número), “Serie” (letra), “Folio” (número), “AI” (número), “Nombre”, “Apellido Paterno”, “Apellido Materno” y “Expr1” (números) Nada que identifique el origen del donante ni el monto de la aportación, a menos que se haya hecho bajo un código secreto en la columna “AI” o en la “Expr1”
Formulada con descuido evidente, la lista acumula 24,866 nombres que se suceden sin orden alguno —ni siquiera alfabético—, por lo que se revuelven los de militantes, simpatizantes, organizaciones, comités de financiamiento e incluso sociedades anónimas
A lo largo de más de 100 fojas, abundan nombres de personas desconocidas al lado de las que son fácilmente identificables, como Hugo Andrés Araujo de la Torre, Fernando Solana Morales, María de los Angeles Moreno, José Guadarrama Márquez, Netzahualcóyotl de la Vega, Miguel González Avelar, Héctor Hugo Olivares Ventura, José Luis Soberanes, Juan S Millán, José Luis Lamadrid, Gustavo Carbajal Moreno, Carlos Romero Deschamps, Sergio García Ramírez
El primer millonario que aparece en la lista es Eloy Vallina Lagüera, uno de los 30 empresarios que se comprometió a financiar al PRI en la cena de Ortiz Mena Su nombre figura apenas unas líneas antes que el de otro personaje de Chihuahua, Artemio Iglesias, afamado ingeniero electoral en otra época
Además de Vallina, están otros 10 de los invitados de Ortiz Mena, e incluso familiares de algunos de ellos Pero antes salen personajes que en los últimos meses han surgido en listas del Fobaproa, el programa de rescate de la élite empresarial aplicado por el gobierno de Zedillo
Es el caso de los empresarios yucatecos Nicolás y Jacobo Xacur, socios del aceitero grupo Xacur, que libra una batalla judicial con Banamex por adeudos multimillonarios Endeudados también con Bancomer, Banco Mexicano y Serfin, entre otros bancos, su cartera fue asumida por el Fobaproa
Lo mismo sucede con Olegario y Abel Vázquez Raña, accionistas del grupo mueblero K2, que se expandió vertiginosamente el sexenio pasado con créditos bancarios de Unión y Cremi (Cabal Peniche), Banpaís (Angel Rodríguez) y Confía (Jorge Lankenau) Estos bancos tronaron y fueron intervenidos, en tanto que las deudas de K2, por casi 2,500 millones de pesos, pasaron al Fobaproa
En la misma línea PRI-Fobaproa, aparecen Antonio Leaño, miembro de la familia que controla la Universidad Autónoma de Guadalajara (y su club de futbol Tecos); Enrique Molina Sobrino, presidente de los grupos Escorpión y Pepsi, socio de Angel Rodríguez en Banpaís, y Agustín Legorreta, exdueño de Inverlat, una de las casas de bolsa más denunciadas por inversionistas defraudados en el crack de 1987
Los hermanos Gutiérrez Cortina, de la corporación Gutsa, ayudaron también a la campaña priísta y unos años después se les recompensó con creces, cuando sus créditos multimillonarios por el World Trade Center fueron absorbidos por el Fobaproa, en una operación escandalosa que aún no se esclarece Diego Gutiérrez, que preside Gutsa, estuvo también en la cena de Ortiz Mena
Es la misma historia de los hermanos Martínez Güitrón (Huitrón, en la lista), del Grupo Sidek Se colaron a la lista de Forbes en el periodo de Salinas y, cuando tronaron el sexenio siguiente, fueron salvados por el Fobaproa Uno de ellos, Jorge, fue de los que se comprometió a darle al PRI 25 millones de dólares
Otros donantes ilustres del PRI que ahora están en el Fobaproa son los hermanos José Luis y Jorge Ballesteros Franco —lo mismo que su padre, ya fallecido, Crescencio Ballesteros Ibarra—, líderes del Grupo Mexicano de Desarrollo, uno de los tres consorcios de la construcción más favorecidos por Salinas
De ahí proviene David Peñaloza Sandoval, presidente de la constructora Tribasa, cuyas deudas fueron asumidas por el programa de rescate carretero que antecedió al Fobaproa Señalado como amigo cercano de Raúl Salinas de Gortari, Peñaloza es uno de los empresarios cuya fortuna se multiplicó el sexenio pasado La esposa de Peñaloza, Adriana Alanís, aparece también entre los donantes del PRI
Otros personajes enlistados, ligados a Raúl en indagaciones judiciales y periodísticas, son Justo Fernández, exdueño del Hipódromo de las Américas, Jesús Gómez Portugal y Roberto González Barrera, presidente de Banorte y Maseca, el emporio tortillero que se expandió mundialmente durante el periodo de Salinas y que ha sido objeto de investigaciones camarales por tratos poco claros con Conasupo
González Barrera sorprendió al aparecer en la famosa lista de millonarios de Forbes, de julio de 1994, con una fortuna calculada en 1,100 millones de dólares, poco más que los mil millones que se le atribuyeron a su paisano Eugenio Garza Lagüera
Además, González Barrera fue miembro de la Comisión de Financiamiento y Fortalecimiento Patrimonial del PRI, creada durante el mandato de Salinas, como también lo fueron otros donantes que salen en la lista del 94: Antonio Madero Bracho, Pablo Brener y Enrique Molina Sobrino
La lista del PRI incluye a Bruno Ferrari García de Alba, misterioso personaje que colabora en Monterrey con el magnate Alfonso Romo, presidente de Pulsar, y ha sido asesor de figuras panistas de Nuevo León Es también articulista de El Norte y de El Financiero, del que Romo es codueño
Destaca —en la página 226— la Asociación Mexicana de Intermediarios Bursátiles, que en 1994 agrupaba a las casas de bolsa Accival (de Roberto Hernández), Interacciones (Carlos Hank Rohn), Abaco (Jorge Lankenau), Inverméxico (Carlos Gómez y Gómez), Obsa (Adrián Sada González) y, entre otras, Probursa (José Madariaga)
El nombre de esa asociación aparece varias veces, además de que salen a relucir nombres de consejeros de casas de bolsa como los de Felipe Delgado Navarro (Abaco), Héctor Rangel Domene y Juan Suberville Tron (Bancomer), Máximo Hadddad Abed (Interacciones), Adrián Páez Martínez (Vector, de Alfonso Romo), Manuel Somoza (Inverméxico)
La mayoría de esos consejeros de casas de bolsa está, además, en los grupos de control de los bancos rematados por Salinas casi todos los cuales tronaron en la crisis de 1995 y fueron rescatados por el Fobaproa
Cabal Peniche, el exbanquero recién arrestado en Australia al que encumbró Salinas, aparece en la lista de donantes; algunos de sus socios también: Favio Covarrubias Piffer, Salvador Sánchez Alcántara, José Serrano Segovia
Otro personaje del clan Hank sale una sola vez: Jorge Hank Rohn
Es el mismo caso de Lorenzo Servitje, el dueño de Bimbo; Manuel Espinosa Yglesias, expropietario de Bancomer; Angel Losada, dueño de Gigante, y Jorge Larrea, de minera Cananea Espinosa Yglesias, Losada y Larrea también se comprometieron ante Salinas a financiar al PRI Losada y Larrea fulguraron en la lista de Forbes
Del grupo Modelo aparecen cuatro personajes: Fernando Sánchez Navarro, Pablo Aramburuzavala Ocaranza, Valentín Diez Morodo y Antonino Fernández Aramburuzabala, socio también de Accival, es otro de los magnates mexicanos que llegó a la lista de Forbes en 1994
En la foja 309 alternan Gilberto Borja Navarrete, Gerardo de Prevoisin y Adolfo Lagos Espinoza, que en 1994 era director adjunto de Bancomer (comprado por Eugenio Garza Lagüera) y ahora es director de Serfin, el banco que preside Sada González
Otros empresarios regiomontanos que aportaron fondos al PRI son los “hermanos Lobo Morales” —así están anotados—, de la corporación Protexa; Javier Garza Sepúlveda, del grupo Domos, y Eugenio Clariond Reyes, presidente de Imsa que desde hace unos meses encabeza el Consejo Mexicano de Hombres de Negocios, el organismo más influyente del sector privado
En la foja 308 están los hermanos Gómez Flores, que también crecieron vertiginosamente a la sombra de Salinas y de su asesor José Córdoba Montoya De ahí que Raymundo Gómez Flores fuera convocado a la cena en casa de Ortiz Mena
Así, la lista enterrada en el Archivo General de la Nación revela, en sí misma y cruzada con otras, la conexión orgánica entre los poderes político y económico Explica, además, por qué, como lo admitió el propio Zedillo en una gira por Europa, la elección presidencial de 1994 fue inequitativa

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