FLOR MINOR: MANIERISMO EN EL TECNOLÓGICO

FLOR MINOR: MANIERISMO EN EL TECNOLÓGICO
Raquel Tibol
Aunque dentro de poco el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, Campus Estado de México, se abrirá a las humanidades, hasta el presente, en sus 22 años de existencia, ha concentrado sus enseñanzas en técnicas y ciencias Para lograr una cierta compensación espiritual, el ingeniero Emilio Alvarado Badillo, su director general, ha brindado un creciente y generoso apoyo a la presencia del arte dentro del campus, tanto en áreas de exposiciones temporales, como en esculturas, muchas de gran formato, distribuidas entre los diversos edificios que integran el TEC
Su apoyo no ha sido sólo moral, sino concreto, al punto de haber redactado algunas de las representaciones de catálogo, como fue el caso de la exhibición de Esculturas modulares, de Jesús Mayagoitia (marzo-abril de 1996), o haber tomado las fotografías para ilustrar la correspondiente publicación, como lo ha hecho para el tríptico que acompaña la actual muestra de 20 obras de la dibujante, grabadora y escultora Flor Minor (nacida en la ciudad de Querétaro en 1961), instalada en la Sala de Exposiciones de la Biblioteca (19 de abril-3 de junio)

Una escultura en bronce en pequeño formato, Titán I (14 x 16 x 14 cm), 11 dibujos al carbón y tinta, cuatro litografías y tres grabados, producidos entre 1995 y 1999 por esta artista que fue precoz ganadora del XV Concurso Nacional para Estudiantes de Artes Plásticas (1980, primer premio en gráfica), del I Encuentro Nacional de Arte Joven (1981, segundo premio en dibujo), y en la Bienal de Gráfica del Salón Nacional de Artes Plásticas (1981, primer premio con pieza de neográfica) En la XI Bienal Iberoamericana de Arte organizada por el Instituto Cultural Domecq obtuvo la Medalla Goya de Plata
La exposición se titula De ojos y geometrías, pero también pudo titularse De ojos y titanes, porque ojos y vigorosos desnudos masculinos preponderan en el conjunto, el cual permite rubricar a Flor Minor como la artista plástica mexicana que más persistentemente representa la figura desnuda del hombre, con vigor siempre y a veces con violencia, midiendo algunas veces sus fuerzas en luchas que se antojan míticas, aunque las primeras observaciones hayan sido hechas por ella en zonas populosas del entorno urbano
Para encuadrar sus representaciones y en cierta medida unificarlas, Flor Minor hace uso de esquemas geométricos Su estilo oscila entre la rememoración del clasicismo renacentista y del subsecuente manierismo Dentro de formas primarias puras de geometría elemental quedan contenidos cuerpos voluminosos, a los que el cuadrado, el círculo o el rectángulo no sólo contienen, sino que comprimen Esas composiciones pueden verse como metáforas sobre el ser humano constreñido, que se esfuerza al máximo por romper las limitaciones que pesan sobre él y le impiden erguirse
Flor Minor encuadra los cuerpos flexionados, encorvados, acuclillados, y los entrega a la dinámica por su liberación No vigila proporciones anatómicas realistas, pues lo que desea exaltar son los valores vitales del individuo que se agigantan ante el reto brutal del cautiverio No hay en su quehacer relamidas nostalgias clasicistas para embobar a espectadores proclives a empalagosos amaneramientos Ella presta una máxima atención a la forma y pondera las propiedades de la geometría regular conseguida con regla y compás, como también los ecos que se logran con el dibujo hecho sin auxilio de instrumentos, cuando el codo funciona como punto de apoyo y la mano como la otra punta articulada Así, en trazos paralelos, pasa de la circunferencia al segmento y a la parábola Su control, en tal sentido, llega a lo exquisito, como en las litografías Urbano (1995), Estudio en dos niveles (1997) y Adán y Eva (1997) En esta última la litógrafa usa un entramado de hojas y flores para semiocultar las formas humanas y otorgarles un suave misterio Este recurso lo ha repetido en el tríptico Fragilidad (dibujo, 1999), constituido por tres círculos de 70 centímetros de diámetro cada uno Para los asombrados ojos del último círculo, Flor Minor tomó como modelo la mirada casi felina de la soldadera que Agustín Víctor Casasola fotografió en 1915 en la Estación Buenavista, oteando el andén desde los escalones de un vagón de ferrocarril
Ojo y geometría confluyen en Ventana I (120 x 82 x 15 cm), donde Flor Minor experimentó, con buenos resultados, el uso de un soporte no frecuente, placa de yeso, para dibujar con carbón, después de haber texturado la materia, aún blanda y húmeda, con incisiones de objetos en zonas que no habrían de interferir con el trazo manual
Conocedora de sus posibilidades, esta artista transita de la intensidad dramática al lirismo, sin pretender ordenar la realidad, sino metaforizarla Ésa es la finalidad de sus formas

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