Así se devaluó el peso

Así se devaluó el peso
Tiempo de la reconstrucción económica
La devaluación del peso es resultado de un proceso de deterioro que aquí trazamos en sus líneas generales, junto con las posibilidades que el próximo gobierno tiene para enderezar la economía nacional Al mismo tiempo presentamos, en los recuadros, las opiniones que sobre el mismo tema central dan un economista que pertenece al gobierno, un analista del sector privado y un experto académico
El 30 de agosto de 1976 pasará como una de las fechas más significativas de la historia de México en este último cuarto de siglo La devaluación del peso, después de 22 años de mantenerse inalterado su tipo de cambio con el dólar, puede identificarse con el fin de lo que el exsecretario de hacienda, Antonio Ortiz Mena, llamó el periodo del “desarrollo estabilizador” y cuyo objetivo último era mantener estable los 1250 pesos por dólar fijados en el Sábado de Gloria de 1954
En menos de dos meses, el valor de la riqueza, el ingreso y el producto nacionales, medidos en términos monetarios internacionales, se deprimió en 512 por ciento De 8 centavos de dólar que valía el peso, pasó a valer 39 centavos El valor del ingreso per cápita promedio de los mexicanos pasó, en la práctica, a un nivel inferior al que tenían en 1970 (670 dólares)
Desde finales de los sesenta se había hecho evidente que el tipo oficial de cambio sobrevaluaba artificialmente nuestra moneda Es decir, que el precio del dólar en pesos fijado por el gobierno abarataba artificialmente la compra de la divisa internacional y, en consecuencia, de los bienes y servicios importados; al mismo tiempo que encarecía artificialmente el precio de nuestra moneda en dólares y, en consecuencia, nuestra exportación de bienes y servicios
En 1970, último año del gobierno del presidente Díaz Ordaz, el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos (la diferencia entre el valor de las importaciones y las exportaciones) fue de 917 millones de dólares, y la inflación de 45% Estos niveles se consideraron extraordinariamente peligrosos para las posibilidades gubernamentales de sostener el tipo oficial de cambio
La respuesta que se dio en los setenta frente a ese peligro no fue enfrentar los desequilibrios básicos que se habían generado en la organización de la economía mexicana durante el periodo del desarrollo estabilizador, y que aceleradamente le hacían perder competitividad internacional Al principio, la respuesta del gobierno entrante fue meramente contraer la expansión de la economía mediante restricciones en el gasto público y en el crédito 1971 fue el año de la impopular y vituperada “atonía”: el crecimiento económico fue de 34% —inferior al crecimiento de la población
Entonces se hizo evidente que, sin mediar una política que solucionase obstrucciones básicas a la mayor eficiencia de la economía, la única forma de reducir el déficit comercial externo era mediante el estancamiento económico En ese año se redujo el déficit a 703 millones de dólares y se mantuvo la inflación en 45%, pero a costa de un descenso en el ingreso per cápita promedio de la población
LA FALTA DE DECISION
Frente a la impopularidad de la “atonía”, y por la indecisión para resolver esas obstrucciones, el gobierno de Echeverría optó por seguir creciendo aceleradamente, aun a costa de que ambas creciesen y de que se derrumbara, también aceleradamente, la posición internacional de la economía a niveles ruinosos
No se procedió a sanear las finanzas públicas mediante reformas urgentes a la estructura tributaria para reducir el déficit presupuestal; mediante una política de precios de los bienes y servicios producidos por el sector público capaz de cubrir sus costos; y/o mediante una elevación de los niveles de productividad con los que opera el gobierno y el sector paraestatal
Los precios “oficiales” siguieron castigando y descapitalizando la agricultura, la ganadería y los energéticos —las áreas de la economía mexicana con más claras ventajas comparativas en los mercados internacionales El desorden y la violencia agraria, en ocasiones alentados artificialmente por las propias autoridades agrarias a través de líderes controlados, también contribuyeron al estancamiento agrícola y ganadero El valor de la importación de cereales aumentó de 18 millones de dólares en 1971 a 640 en 1975; y México se convirtió de exportador en importador de azúcar
El proteccionismo industrial siguió amparando un ineficiente proceso de sustitución de importaciones, dominado por la inversión extranjera, que hizo crecer vertiginosamente el resultado neto negativo del sector manufacturero en la balanza de pagos Al mismo tiempo, siguió vigente el objetivo último de la política del desarrollo estabilizador: mantener a cualquier costa la paridad de 1250 pesos por dólar
En 1971 se desaprovechó la extraordinaria oportunidad política que ofrecía la devaluación del dólar frente al oro, el marco, y el yen, y el desajuste del sistema monetario internacional por la vigencia de las paridades rígidas, para resolver el problema en nuestra balanza de pagos que planteaba el tipo de cambio artificialmente sobrevalorado del peso
En 1972 sobreviene el fracaso del intento de reforma fiscal del secretario de Hacienda Hugo B Margáin, quien renuncia a su puesto en 1973, presumiblemente por sus diferencias con una “política financiera que se hizo en Los Pinos”, a base de la expansión ineficiente e inflacionaria del gasto público Los esfuerzos reformadores del siguiente secretario de Hacienda, José López Portillo (que encontraron resistencia en la Cámara de Diputados, en la CTM y en el Banco de México), y la descongelación de los precios de los energéticos se disolvieron por esa política
También fracasó en 1972 un intento menos conocido, pero no por ello menos importante, de imprimir una mayor competitividad internacional al sector manufacturero mexicano mediante la sustitución, como fundamento del proteccionismo industrial, de las prohibiciones y permisos “discrecionales” de importación, por aranceles de aplicación automática
Los intentos de reforma administrativa para “racionalizar el gasto público e incrementar su productividad” quedan en el establecimiento de un nuevo membrete (“unidades de organización y métodos”) y en más burocracia en las diversas dependencias del gobierno federal y del sector paraestatal Al mismo tiempo, proliferan como hongos las “comisiones”, los “fideicomisos”, los “organismos públicos descentralizados”, las “empresas de participación estatal” sin un plan coordinado y coherente de actividades, pero con una extraordinariamente costosa e improductivamente bien pagada burocracia adicional En 1976 la Secretaría del Patrimonio Nacional dejó de publicar los estados financieros de las 500 empresas paraestatales para que, de acuerdo con la promesa del presidente de la República en su quinto informe de gobierno, “cada uno de los mexicanos pueda apreciar cómo se gasta el ahorro nacional y los beneficios que se generan”
LAS FINANZAS INFLACIONARIAS
La expansión del gasto público deficitario estimuló el crecimiento de la economía Para 1972 crece en 73%, para 1973 en 76% y para 1974 en 59% Sin embargo, también estimuló en forma mucho más que proporcional la inflación, la sobrevaloración del peso y el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos La tasa de inflación reportada por el Banco de México (en su índice de precios del PIB) aumenta primero moderadamente a 56% en 1972, y después se desborda a 124% en 1973 y a 24% en 1974; mientras que la inflación experimentada en Estados Unidos (con el que se dan las dos terceras partes de nuestro comercio exterior) tiende a reducirse: 98% en 1973, y 11% en 1974 El déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos empieza a crecer de nuevo en 1972 a 7894 millones de dólares, para hacerlo vertiginosa e incontroladamente a partir de entonces: 1,1754 millones de dólares en 1973, y 2,5881 millones de dólares en 1974
En 1975 se cae en un periodo de recesión con inflación que forzó finalmente la devaluación de 1976 En ese año el crecimiento de la economía cae a 42%, la inflación se mantiene en 165% (mientras en EU, es de 91% en 1975 y de 55% —anual— en septiembre de 1976); el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos se va a 3,6434 millones de dólares— cinco veces el déficit de 1971
BIENESTAR ILUSORIO
El capital y la mano de obra empleados en las actividades protegidas por ese patrón de crecimiento económico disfrutaron ampliamente del mismo A pesar de la retórica con que frecuentemente los voceros gubernamentales maltrataban a los empresarios privados, el proteccionismo, la estructura impositiva, el gasto público y el tipo de cambio rígido se dirigieron a aumentarles sus ingresos
Sobre los fracasos de la reforma fiscal, se decretaron una variedad de “estímulos” para ampliar las ganancias empresariales Son muy ilustrativos las exenciones y créditos fiscales previstos por los llamados “decretos de descentralización industrial” de 1971 que sirvieron como pantalla para prolongar “discrecionalmente” exenciones que ya habían caducado a la luz de lo previsto por la Ley de Industrias Nuevas y Necesarias de 1955; los “certificados de devolución de impuestos interiores” por exportaciones (cedis) de 1972; las exenciones y créditos fiscales otorgables “discrecionalmente” en virtud del Decreto sobre Unidades de Fomento Industrial y Turístico de 1974, dirigidos a financiar con recursos fiscales la expansión de los grandes conglomerados económicos, como los de Monterrey, que se han beneficiado extraordinariamente con ellos
Aún en los momentos en los que la inflación se hizo más aguda, la Secretaría de Industria y Comercio se negó a afectar las utilidades de empresas protegidas en mercados oligopólicos con controles sobre precios El Decreto de Precios Oficiales de 1974, que en teoría era parte de la estrategia antiinflacionaria gubernamental, estableció un sistema “flexible” para aumentar en forma semiautomática los precios de acuerdo al incremento en costo sin castigar los niveles de utilidades
Aunque las acciones de las compañías registradas en la Bolsa de Valores alcanzaron durante el sexenio niveles de utilidades “récord” y (lo que es muy ilustrativo de los beneficios que se ofrecieron) la tasa de inversión privada descendió notablemente en relación con el sexenio anterior Tres explicaciones se han dado a este fenómeno: la hostilidad de la retórica gubernamental frente a la empresa privada; las previsiones sobre las dificultades futuras a las que conduciría la política económica; y el creciente recurso gubernamental al sistema bancario para financiar las carencias del sistema tributario
EL AHORRO ANIQUILADO
De acuerdo con el último informe presidencial, la tasa de inversión privada sólo aumentó el 4 por ciento anual en promedio durante este sexenio, mientras que la tasa de crecimiento medio real de la inversión pública durante el sexenio fue del 16% Sin embargo, el crédito para los particulares también se encareció y restringió notablemente por la creciente disponibilidad gubernamental de los recursos captados por el sistema bancario
Las singulares presiones inflacionarias también contribuyeron en forma muy importante al abatimiento del ahorro privado interno a través de inversiones financieras Esto, a su vez, fue un sector determinante de la carestía del crédito para apoyar la inversión privada Los aumentos en las tasas de interés autorizados por el Banco de México poco sirvieron Con tasas de inflación del 15 ó 20 por ciento y con un tipo de cambio que subsidiaba la compra de divisas, resultó difícil persuadir a los ahorradores que aumentaran sus inversiones financieras en pesos que no les ofrecían más del 125% primero y 135% después, y que no compraran dólares y los sacaran al exterior
La carestía del crédito interno, aunada al crecimiento vertiginoso del déficit comercial, a la compra de divisas, a la salida de capitales y a la renuencia del gobierno a enfrentar oportunamente el evidente desajuste en el tipo de cambio, llevaron a que alentase una rápida “dolarización” de la economía, cuyos extraordinarios costos tendrán que pagarse ahora Se relajaron los controles gubernamentales sobre el sistema bancario, permitiéndose una amplia laxitud para que captara y prestara “en dólares” Las empresas que creyeron en las reiteradas garantías gubernamentales a la estabilidad del tipo de cambio y se “dolarizaron” ahora tendrán que pagar más del 50% de costos financieros por su credulidad
Por el lado de la mano de obra, también se disfrutó al principio del crecimiento artificial de los últimos años y se coadyuvó a desestabilizarlo Los aumentos generalizados de salarios ordinarios o de “emergencia” decretados o “recomendados” por el presidente de la República ofrecieron, a los trabajadores y burócratas protegidos por la legislación laboral, la ilusión monetaria momentánea de que podrían evitar el pago con sus ingresos por la ineficiencia de un establecimiento económico del que son parte medular Esta ilusión buscó ser prolongada por las reformas a la legislación laboral que prevén revisiones anuales (en lugar de bianuales como era antes) a los salarios mínimos y a los contratos colectivos
Estos aumentos que desde 1973 fueron de más del 20 por ciento, fortalecieron las presiones inflacionarias y, en esa medida, contribuyeron a las desorbitadas devaluaciones que, en última instancia, deprimirán severamente el ingreso real de los trabajadores y, por lo menos a corto plazo, agravarán las tasas de desempleo
EL AFERRAMIENTO AL DESARROLLO ESTABILIZADOR
Opiniones calificadas y sin intereses particulares que proteger, manifestaron a lo largo de estos años la sobrevaloración del peso y las costosas consecuencias que acarrearía el no modificar consecuentemente su tipo de cambio A principios de 1974, Gerardo Bueno publicó en el “Trimestre Económico” un análisis sobre el grado de sobrevaloración del tipo de cambio del peso en que concluía “que existe un margen de sobrevaluación del peso, ya sea que se le mire desde el punto de vista de la paridad del poder adquisitivo o desde el punto más elaborado de la devaluación que sería necesario para reducir sustancialmente el déficit en la cuenta corriente (y que) oscila entre 14 y 19%” El último premio de economía del Banco Nacional de México fue para un análisis sobre el “desequilibrio externo” de René Villarreal, en el que se propone “la devaluación” como primer paso para corregirlo
No obstante la evidencia, al parecer por el temor a la impopularidad se tomó una firme decisión política, de sostener el objetivo último del “desarrollo estabilizador”: la rigidez en el tipo de cambio a cualquier costo “Mantener la plena convertibilidad con el presente tipo de cambio de 1250 pesos por un dólar, sigue siendo pieza vital del manejo de nuestra política económica”, reiteró el presidente Echeverría todavía en su quinto informe de gobierno En el cuarto, fue cuando advirtió a “los riquillos mexicanos que compran dólares que “les puede ocurrir lo de años pasados, en que en pocos meses el dólar se les devaluó dos veces” Entonces era la época de vituperar a los que advertían los peligros de mantener esa “pieza fundamental” Se llegó hasta a nombrar en 1975 una “comisión investigadora de los rumores sobre la debilidad de nuestra moneda” que, en términos de un diplomático, “fue a Washington a hacer el ridículo” El secretario de Hacienda, Mario Ramón Beteta, tres meses antes de la devaluación, todavía maltrataba acremente ante los corresponsales extranjeros a quienes dudaban de la solidez del peso
Para financiar esa pieza tan costosa, se hicieron amplias concesiones a la inversión extranjera en la Ley para promover la inversión mexicana y regular la extranjera de 1972; se llevó el endeudamiento externo hasta un monto equivalente al valor de más de medio año del ingreso nacional; y se afectó la rápida explotación de las reservas petroleras descubiertas en 1974 al mercado internacional
EL DERRUMBE
No obstante, para el segundo semestre de este año se había estimado dentro del gobierno que la
sobrevaluación del peso había aumentado al 42% Para el 30 de agosto pasado ya no fue posible a esta estrategia encubrir los costos para el bienestar de la población, y posponer todavía más su pago, del desequilibrio comercial aunado a los intereses y dividendos del creciente control extranjero sobre la economía y las ganancias especulativas de quienes compraron dólares subsidiados durante tanto tiempo El secretario de Hacienda, Mario Ramón Beteta, anunció que se abandonaba el tipo de cambio fijo y que el peso se pondría a “flotar” La paridad del peso con el dólar pasó de 1250 a 1990, devaluándose en 592%
La estrategia errática y contradictoria que la acompañó hace pensar que esa medida no se había planeado También había indicaciones de que se habían rebasado los límites de tolerancia del Fondo Monetario Internacional y de la Tesorería de los Estados Unidos para apoyar un tipo de cambio tan desquiciantemente sobrevaluado con los 1,046 millones ya convenidos y con los recursos adicionales que, según el presidente Echeverría en su último informe de gobierno, se necesitaban para la “consolidación económica y financiera”
Más que dejar “flotar” el peso conforme a las fuerzas del mercado, se fijó una nueva paridad Se impuso un arancel del 15% sobre el valor de la exportación, que se eliminó a las seis semanas Se suprimieron por “innecesarios” los “cedis” y se reinstalaron a las seis semanas A las siete semanas, el director del Banco de México anunció que “se amplía la banda de flotación” Al día siguiente se devalúa de nuevo el peso a 2660 por dólar, presumiblemente por los efectos negativos de las primeras medidas fiscales, por los aumentos generalizados en los precios (10%) y salarios (hasta de un 23%) decretados y recomendados por el presidente de la República; y por el refugio que se seguía encontrando en los dólares frente a la desconfianza en la capacidad gubernamental para manejar la economía
Desde la segunda devaluación ha habido una leve mejoría en el tipo de cambio del peso, al parecer porque su minusvaluación ha contrarrestado los efectos negativos de la desconfianza en un gobierno que está por terminar
POSIBILIDADES DE ENMIENDA
Los primeros pasos del próximo gobierno deberán dirigirse hacia la vuelta de una estabilidad monetaria y cambiaria que permita la planeación de un eficiente e internacionalmente competitivo crecimiento de la economía Se puede percibir un temor generalizado a caer en una espiral inflacionaria de aumentos de precios y salarios que “sudamericanice” la vida económica y política del país
La identificación de la fallida retórica gubernamental izquierdista con el desorden que priva en la economía, ha desprestigiado los planteamientos reformadores que hablan de una más equitativa y más eficiente distribución de la riqueza y del ingreso “El ambiente por la devaluación que predomina en el país a fines del sexenio tiende hacia el conservadurismo” afirma el conocido politólogo de El Colegio de México, Rafael Segovia “El próximo gabinete deberá apoyarse en políticos experimentados y razonables como Ortiz Mena, Corona del Rosal y Hank González, para que se nos devuelva la confianza que nos hicieron perder Alejo, Muñoz Ledo y Gómez Villanueva”, señaló el dirigente empresarial
No obstante, el gobierno de López Portillo deberá enfrentar los problemas de la improductividad y la iniquidad que privan en la economía agravados por el extraordinario debilitamiento de las finanzas del Estado y el desorbitado crecimiento del endeudamiento externo y del control extranjero Esto implica que deberá enfrentar y encauzar ordenadamente el malestar no sólo de poderosos intereses empresariales acostumbrados por el gobierno a altas tasas de utilidades con pocos esfuerzos, sino a poderosos intereses sindicales y burocráticos acostumbrados también por el gobierno a altos salarios con pocos esfuerzos El malestar y la incredulidad den el gobierno provocados por la devaluación del tipo de cambio dan una idea de la difícil labor de reconstrucción política y económica que tiene por delante la “Alianza para la Producción” que busca López Portillo
Sin embargo, también existen agarraderas fuertes a las que se puede asir una política inteligente de López Portillo para sortear esas dificultades El que haya sido el gobierno de Echeverría el que devaluó tan radicalmente el peso, le ahorrará al de López Portillo sus impopulares costos políticos y le ofrece la oportunidad de capitalizar sus efectos económicos que pueden ser altamente correctivos
A pesar de la crisis económica, y de la impopularidad y menoscabo de la legitimidad gubernamental, que han provocado medidas inusitadamente arbitrarias y autoritarias, la estabilidad política es sólida —presumiblemente por la autonomía presidencial con que el sistema político mexicano ha garantizado la vigencia del principio constitucional de la “no reelección” “La herencia que nos ha dejado el presidente Cárdenas al consolidar en la realidad el poder constitucional del presidente de la República frente al general Calles, ha sido una válvula de escape para contener la violencia en mi tierra”, dijo un legislador priísta del noroeste
Hay una mayor conciencia cívica de que el país ya no puede sostener y menos subsidiar un elevado nivel de bienestar para los menos, mientras los más estén irremisiblemente condenados al desempleo y a la miseria “A los trabajadores de Compañía de Luz se les paga y se les dan prestaciones muy por encima de lo que trabajan Esto se debe más al temor del gobierno y de la empresa a Galván, que a un equilibrio real de los factores de la producción”, dijo un viejo dirigente del Sindicato Mexicano de Electricistas Es ilustrativo lo que opina un industrial mediano del Estado de México: “yo creo que debo pagar correctamente mis impuestos y estoy dispuesto a hacerlo Pero para ello se necesita que no me pidan sobornos en la oficina Federal de Hacienda a cambio de no imponerme multas arbitrarias que me crearía muchos problemas litigar”
También son ilustrativas de esta mayor conciencia cívica la disposición que han mostrado los organismos empresariales para coadyuvar en las campañas contra la evasión fiscal; así como la limitación del Congreso del Trabajo y aun del independiente STEUNAM (cuyos dirigentes pertenecen al Partido Comunista Mexicano) de sus pretensiones salariales El temor nacional de que México se “sudamericanice” da una fuerte base política para reordenar en forma más eficiente y equitativa la economía
Finalmente, el cambio de gobierno en EU, y el “especial” interés que ha mostrado Carter en mejorar los términos de las relaciones con México, pueden coadyuvar singularmente a reducir los agobiantes costos del desequilibrio comercial y del endeudamiento externo

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