Los herederos de Osvaldo Barra Cunningham, el muralista chileno discípulo de Diego Rivera, piden el rescate de su obra

Los herederos de Osvaldo Barra Cunningham, el muralista chileno discípulo de Diego Rivera, piden el rescate de su obra
José Alberto Castro
El pintor y muralista chileno Osvaldo Barra Cunningham, alumno y hombre de confianza de Diego Rivera, fue literalmente sorprendido por un infarto masivo el pasado 19 de mayo a los 77 años de edad
Su muerte no dejó en la prensa testimonio a la altura de su obra

Sus hijos Héctor y Federico, y su viuda, la señora Josefina Gómez Domínguez, manifiestan a Proceso que el artista oriundo de Concepción, pero en cuerpo y alma mexicano, vivía en una suerte de febril actividad: en los días anteriores a su deceso se presentó en su casa un grupo de estudiantes huelguistas de la UNAM, quienes le pidieron que los ayudara a concretar un mural que se pintaría en uno de los anexos de la Facultad de Ingeniería
Para Barra fue como un rayo en medio de la tormenta —narran al filo de la emoción sus parientes— que lo avispó a tal grado que al siguiente día ya preparaba bocetos, juntaba libros sobre técnicas de muralismo y del filósofo alemán Herbert Marcuse para los muchachos de la UNAM; por su mente pasaban las imágenes con las cuales colmaría el muro que la providencia ponía a su disposición, y la alegría por vivir volvió, una vez más, a su semblante
Dice su hijo Federico Barra Gómez que los jóvenes se acercaron a su padre con cierto recelo porque pensaron que les cobraría la asesoría Ese temor se disipó tan pronto como el paso de una nube Entonces sobrevino lo irremediable:
Barra ya no pudo acudir a Ciudad Universitaria, empero los muchachos paristas acometieron la realización del mural, donde destaca la frase “En memoria a Osvaldo Barra C” El artista, quien meses antes apenas tuvo tiempo de formar un grupo de alumnos tras la convocatoria del Congreso de Muralismo, se dio a la tarea de confeccionar en un mes un mural desmontable de barro en bajo relieve, que todavía no encuentra una pared dónde ensamblarse y mostrarse a los ojos ajenos Sobre tableros de barro se distinguen figuras humanas de mujeres desnudas que danzan al ritmo de flautas, un teponaztle, un caracol, un huehuetl, al tiempo que en el fondo se mueve la serpiente emplumada Las dimensiones de la obra alcanzan 12 metros de largo y metro y medio de ancho
Sus hijos Héctor y Federico subrayan que el clímax de la realización de su padre hubiera sido viajar al sur profundo de su natal Chile para dibujar los Andes, la Patagonia, los glaciares y los pingüinos
El 18 de febrero de 1997 el embajador de Chile en México, Carlos Portales, le entregó la condecoración Gabriela Mistral al pintor radicado en México por casi 45 años
Pintor del Palacio
Es Héctor, el hijo más próximo al trabajo plástico de Barra, quien exclama que los murales pintados por su progenitor en la planta alta del Palacio de Gobierno de Aguascalientes en 1962 son “su capilla Sixtina”
En efecto, en ese inmueble Barra plasmó un mural alusivo a la Feria Nacional de San Marcos y algunos episodios de la historia local En primer plano, el muralista retrató la práctica del juego del casino La gente se escandalizó y su obra fue pintarrajeada
El gobernador Luis Ortega Douglas, luego de ignorar el repudio de las buenas conciencias, defendió al muralista y ordenó la reparación del fresco; el sainete ahí quedó
Detrás de esas manifestaciones estaba el obispo Limón de Aguascalientes, quien presionaba al gobernador, según señaló Barra en una entrevista de 1996 a Proceso (1021)
Las cosas llegaron a tal punto que el mismo gobernador se vio obligado a tomar fotografías de los murales para viajar a la Ciudad de México y entrevistarse con el presidente Adolfo López Mateos El mandatario le dijo que los murales le habían gustado y dio la orden de no tocarlos
El capítulo se cerró felizmente 30 años después, cuando Barra regresó a Aguascalientes para completar su obra al pintar otros dos murales en el Palacio de Gobierno: en uno se representan los colores de la enseña nacional y en el otro un pasaje de la vida de los chichimecas
Barra creó un taller de cerámica en Santa Úrsula, donde se ubicó su morada al sur de la Ciudad de México, cuya creación original fue motivada por Diego Rivera, quien un día le preguntó: “Osvaldo, ¿haría usted uno de mis murales en cerámica?” Pero la muerte del muralista mexicano frustró el proyecto
Los hijos y la viuda de Barra recuerdan que las personas de Aguascalientes lo estimaron mucho, le hacían homenajes espontáneos, a últimas fechas su ficha y la historia de los murales aparecen en el libro de texto de tercer grado de Historia y Geografía de la entidad
Recuerda Héctor, encargado del taller de cerámica:
“Mi padre se refirió a los chichimecas, de ellos narró que eran muy rebeldes, se robaban a las esposas de los españoles y andaban desnudos, imagen que no agradó a los habitantes de Aguascalientes Profundo conocedor de la historia de México, a él le gustaba relacionar la forma de ser de los chichimecas y de los araucanos, porque eran tribus nómadas y levantiscas”
Los familiares rememoran que Barra pintó para El Barzón una manta mural de protesta y además subrayan que dejó una obra aún inconmensurable, porque era un hombre que dibujaba sin descanso Dibujante muy rápido y constante, se iba a Xochimilco, viajaba en el Metro, y en Aguascalientes se compró una bicicleta, donde en una mochila transportaba su caja de lápices, crayones, pinturas, y se iba como Van Gogh a tomar apuntes
También ponen hincapié en que la obra de Barra espera aún ser exhibida, hay mucho por hacer, hay que registrarla, ponerle marcos, fotografiar murales en Chile, en Israel, y rescatar uno en la avenida de Los Insurgentes, a unas calles del Word Trade Center
Dicen que hace dos años Rafael Tovar y de Teresa, presidente de Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, mandó una carta al Instituto Nacional de Bellas Artes para que organizará una exposición retrospectiva suya
No olvidan que él pensaba que la Academia estaba perdida porque no ponía el acento en el dominio del dibujo:
“Mi padre dominó todas las técnicas, era un excelente escultor, como ceramista desarrolló la técnica de reducción para lograr una insólita barra cromática; tal vez es uno de los últimos fresquistas, pero sobre todo él se sentía muralista, todos sus dibujos, esbozos y obras de caballete eran pasos previos al mural”
La viuda del artista tercia para resaltar que su esposo fue un colorista magnífico:
“El me platicó que en Chile era conocido por sus grises, ahí se hablaba de los grises de Barra, pero en México descubrió el color y se dejó arrastrar por esos colores brillantes y chillones”
A nombre de los hermanos ausentes Fresía y Axel, Héctor y Federico dicen que su padre era un artista de tiempo completo; alejado de los circuitos comerciales, prefería recurrir al trueque de sus cuadros a cambio de comida, ropa y hospedaje
Josefina, quien fue la imprescindible compañera del muralista, trae a cuento los días en que un agente de tránsito de Aguascalientes detenía el tráfico —en el momento en que atisbaba a don Osvaldo Barra— al tiempo que decía:
“Alto, va a pasar el pintor del Palacio”

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