Cerrada hace 28 años, la institución jesuita formó a destacados personajes de la vida pública del país

Cerrada hace 28 años, la institución jesuita formó a destacados personajes de la vida pública del país
Renace el legendario Instituto Patria, pero con un proyecto que busca evitar el elitismo de antaño
Francisco Ortiz Pinchetti
El Instituto Patria —cuyo cierre fue decidido hace 28 años por la Compañía de Jesús al considerar que la educación que en ese prestigiado colegio de la capital mexicana se impartía no satisfacía “nuestro deseo de conseguir una estructura social más justa ni la necesidad vocacional de poner nuestros recursos y actividades al servicio de quienes más lo necesitan”— revivirá el año próximo

Con el apoyo del provincial de los jesuitas en México, Mario López Barrio, los exalumnos del plantel echarán a andar el proyecto del nuevo “Instituto Patria Tercer Milenio”
“Queremos revivir el espíritu, pero no la estructura del Instituto Patria, que será totalmente diferente”, describe el ingeniero Eduardo Torres Arpi, presidente de ASIA Ciudad de México (la asociación de Antiguos Alumnos de la Compañía de Jesús), a cuyo cargo está el proyecto “Un colegio laico, mixto, bilingüe, de inspiración ignaciana Un colegio de excelencia académica, pero no elitista”
El proyecto, que será dado a conocer formalmente el próximo viernes 30 de julio —víspera del día de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía—, incluye la apertura de dos planteles, que abarcarán desde preescolar hasta preparatoria Uno de ellos se instalará en Los Reyes la Paz, en la zona conurbada del oriente capitalino, para atender una de las áreas más pobres y necesitadas de la ciudad La ubicación del otro está aun por definirse El primero será “virtualmente gratuito”, con cuotas simbólicas, mientras que el segundo tendrá colegiaturas diferenciadas, conforme a las capacidades económicas de cada alumno
“Ambos serán idénticos: el mismo nombre, el mismo escudo, el mismo himno, la misma calidad educativa”, dice Torres Arpi
El Instituto Patria, que durante tres décadas vio pasar por sus aulas a más de 14 mil estudiantes varones de primaria, secundaria y preparatoria, logró por su nivel educativo el liderazgo de las escuelas particulares católicas Entre los egresados del colegio jesuita que ocupaba toda una manzana en la colonia Polanco se cuentan destacados empresarios, intelectuales, funcionarios públicos, políticos, artistas y deportistas
La clausura del colegio —iniciada a partir de 1972 y concluida en 1976— y su transformación en un proyecto de educación popular fueron resultado de un proceso de autocrítica de los jesuitas sobre su labor educativa y apostólica que llevó a una “rectificación” que sacudió, conmocionó a la Compañía de Jesús
“Fue el símbolo de un dramático viraje”, resume el jesuita Luis del Valle, maestro muchos años en el Patria
Hubo quienes, como él, respaldaron decididamente la medida y quienes se opusieron E incluso algunos que se “rebelaron”, como los padres Pablo Morales y Christian Jean, que fundaron el Centro de Integración Educativa con la pretensión de que fuera una continuación del Patria
La inminente reapertura del colegio causa otra vez controversia
“Pienso que las razones que condujeron al cierre del Patria en ese entonces están plenamente vigentes hoy, agravadas aun por el deterioro de la situación del país”, dice el doctor Pablo Latapí, exjesuita que en ese entonces dirigía el Centro de Estudios Educativos (CEE), al que se encomendó el estudio que sirvió de base para tomar la decisión del cierre
Por el contrario, Manuel Amuchástegui Quesada, uno de los exalumnos promotores del nuevo proyecto, considera que “las razones que condujeron al cierre del Patria son precisamente las que convalidan hoy su reapertura”
Buscar siempre lo mejor
El Instituto Patria fue la consolidación de un proyecto educativo jesuita para la ciudad de México iniciado en 1938, con la fundación en la calle de Gelati, en Tacubaya, del Instituto Bachilleratos, que incluía únicamente secundaria y preparatoria
Poco después, en terrenos de la exhacienda de Los Morales donados por don Eduardo Cuevas, empezó la construcción de la nueva escuela, que en 1945 abrió su primaria ya con el nombre de Instituto Patria Vinieron luego la secundaria y la preparatoria, hasta completar el proyecto
El Patria contaba con las mejores instalaciones de su tiempo Además de los edificios que albergaban uno a la primaria y otro a la secundaria y la preparatoria, tenía auditorio, gimnasio, capilla, cafetería, canchas de basquetbol, volibol y campos de futbol
Entre los egresados del Patria se cuentan empresarios de la talla del desaparecido Tigre de Televisa, Emilio Azcárraga Milmo, o del director ejecutivo de la Cervecería Modelo, Valentín Díaz Morodo; funcionarios como Pedro Aspe, Eduardo Pesqueira Olea o Fernando Solana; el científico Salvador Malo Alvarez, secretario de Planeación de la UNAM; el político opositor Gilberto Rincón Gallardo, dirigente del nuevo Partido Democracia Social; el actor Pedro Armendáriz; el escritor Héctor Aguilar Camín; el director de Seguridad Pública del Distrito Federal, Alejandro Gertz Manero; el músico Carlos Esteva Loyola, director de la Orquesta Clásica de México; el cantante Enrique Guzmán; el técnico de la Selección Nacional de futbol, Manuel Lapuente; el ganadero Fernando de la Mora, dueño de Tequisquiapan Y un obispo, Onésimo Cepeda, prelado de Cuautitlán
Los Represas, los Trouyet, los Peralta, los Mariscal, los Barroso, los De la Mora, los De la Borbolla, los Ibargüengoitia eran apellidos infaltables en las listas de alumnos de los anuarios del Patria
La calidad académica alcanzada por el colegio de los jesuitas hacía honor al lema de su escudo: Quo melus illac (“Buscar siempre lo mejor”) Según las estadísticas de ASIA Ciudad de México, 90% de los egresados del Patria alcanzaron la licenciatura y, de ellos, 70% tiene algún posgrado También 70% es director general o propietario de su propia empresa
Se hizo tradición la felicitación anual de las autoridades de la UNAM al Instituto Patria por el alto nivel de los estudiantes universitarios provenientes de esa escuela particular, que invariablemente lograban los primeros lugares en los exámenes de admisión y en los promedios generales de las diferentes carreras
A finales de los años sesenta cobró fuerza entre los jesuitas mexicanos una creciente preocupación social que llevó a un cuestionamiento no sólo de su labor educativa, sino al cuestionamiento de aspectos torales en el campo de la teología, la moral, la cuestión social y la propia vida religiosa Una corriente criticaba severamente el carácter cada vez más elitista de los colegios de la Compañía, particularmente el Instituto Patria
Dice Pablo Latapí que originalmente los colegios de los jesuitas cumplían satisfactoriamente su labor educativa, al dirigirse ésta a una amplia clase media “Entre los alumnos había muchachos de diferentes estratos sociales, incluidos algunos de muy escasos recursos; pero lo que llamo la trampa de la calidad, la necesidad de cobrar altas colegiaturas para garantizar la excelencia académica, llevó a esos colegios irremediablemente a un elitismo social”
En eso coincide el padre Luis del Valle, para quien la razón central para transformar el Instituto Patria en otra institución educativa fue la realidad misma del país: una necesidad enorme de educación “Los sectores de niveles altos o suficientes de ingreso tenían en ese momento una oferta de educación privada en la ciudad de México que superaba la demanda, mientras en el país, para los que no tienen o tienen poco la situación era al revés: una gran demanda y muy poca oferta”
Por lo demás, no se alcanzó el objetivo de formar líderes cristianos que desde los centros de decisión promovieran los cambios estructurales que requiere el país “Muchos de nuestros exalumnos alcanzaron sitios muy destacados en sus respectivas actividades, incluida la empresarial y la política, pero su acción no tuvo una repercusión significativa”, dice el jesuita
A la distancia de 28 años, Del Valle piensa que esa transformación fue buena “porque respondió a una realidad objetiva y porque hizo a muchos pensar en esa injusticia educativa que vivía y vive México Y ahora digo: si hoy se dieran tales condiciones, sería más urgente la transformación del Patria”
Un nuevo camino
En 1970, el entonces provincial de la Compañía de Jesús, Enrique Gutiérrez Martín del Campo, encomendó al CEE, dirigido por Latapí, la realización de un estudio, a partir de una encuesta, que sirviera de base para tomar una decisión sobre el sentido de la educación jesuítica El estudio fue dirigido por el padre Gabriel Cámara La conclusión fue drástica: el camino seguido no era congruente con los valores del Evangelio y los lineamientos de la Compañía de Jesús
La decisión de cerrar el Instituto Patria y emplear los recursos que se obtuvieran de su clausura a un nuevo proyecto de educación popular, anunciada a principios de 1971, fue apoyada por el general de la Compañía de Jesús, Pedro Arrupe, y contó con la venia del arzobispo Darío Miranda
Los jesuitas llegaron a la conclusión de que su labor en el Instituto Patria “no está suficientemente enfocada a apoyar y acelerar el desarrollo integral de la persona y la integridad social del país”
A la luz de los problemas nacionales y la exclusividad socioeconómica del colegio, consideraron que “la cultura que se transmite en nuestros colegios es decididamente incoherente en un país que sólo puede salvarse con participación y cooperación; es una educación que significa privilegio, fomenta el espíritu de élite y confirma socialmente el derecho del más poderoso Esto, en la situación actual, lo consideramos nocivo al crecimiento justo y armónico de nuestro país y a su desarrollo integral”
Pablo Latapí subraya que fue una decisión de conciencia, basada en una revisión cuidadosa del significado educativo y social de la institución Sin pretenderlo, y aun oponiendo resistencia a ello, “el Instituto Patria se presentaba como una institución que, por sus altas colegiaturas en relación con los niveles de ingreso nacionales, contexto y ambiente, elegía a sus educandos entre una clase social determinada, y necesariamente promovía por ello una mentalidad de selectividad, de separación”
Explica que al no ser una educación compartida con miembros de otros estratos sociales, crea necesariamente una conciencia de exclusividad “Educación que inculca una ética egoísta, convierte en normativo e ideal el dominio y la explotación y subordina los valores más altos del hombre al utilitarismo, la competencia, la producción”
Ante no pocas protestas de alumnos y padres de familia, se acordó suspender las actividades del colegio en forma paulatina, de modo de que sus dos mil 500 alumnos terminaran el ciclo que ya cursaban Y destinar los recursos obtenidos con la venta del terreno —una vez cubiertos todos los compromisos— al nuevo proyecto denominado Fomento Cultural y Educativo (FCE)
“El cierre del Patria fue una llamada de atención un tanto simbólica, pero eficaz”, dice Latapí, que dejó el sacerdocio poco después, hace 24 años “Fue un momento especialmente esplendoroso, lúcido de la historia de la Compañía de Jesús en América Latina”
Los jesuitas sostuvieron en cambio la Universidad Iberoamericana, en la capital; el Iteso, de Guadalajara; los institutos Lux, de León; Ciencias, de Guadalajara; Oriente, de Puebla, y Cultural, de Tampico, así como la Escuela Carlos Pereyra, de Torreón El Instituto Regional, de Chihuahua, cerró tiempo después, aunque por razones distintas
Fomento Cultural y Educativo, la institución jesuita que sustituyó al Instituto Patria, nació hace 26 años como alternativa de educación popular, no formal Empezó con tres proyectos innovadores: en la zona de los pedregales del Ajusco se instalaron carpas itinerantes donde durante la mañana se organizaban juegos para niños y en la tarde se impartía educación informal a los adultos; en Tlahualipan, Hidalgo, se organizaron cursos en ciclos cerrados sobre diversas especialidades, y en Huayacocotla, Veracruz, se operó una radio cultural —que continúa hasta la fecha— de la que es permisionaria la Universidad Iberoamericana
Posteriormente se estableció otro proyecto educativo en la zona fronteriza de Chiapas con Guatemala, entre Palenque y Bonampak, y un Centro de Reflexión Laboral para obreros en el Distrito Federal
“Las necesidades de la gente, pobladores y campesinos indígenas, hicieron que esos proyectos se enfocaran a la solución de una problemática concreta y tangible”, dice el jesuita Francisco Ramos, exdirector de Fomento Educativo y Cultural y encargado del proyecto de Huayacocotla “Nuestra tarea es educar en la acción Y a menudo, tenemos que dedicarnos a la asesoría legal o administrativa y a la atención médica en regiones donde el sistema de salud está en cero”
—¿Se ha cumplido el objetivo planteado al cerrar el Instituto Patria para emprender otro camino?
—Fomento ha cumplido la misión de acompañar a los más pobres, a los indígenas, en el deterioro progresivo de su nivel de vida Por otra parte, sin afanes protagónicos, la institución ha sido la voz pública de la Compañía de Jesús, a la que además ha movido para que se comprometa en esos proyectos populares campesinos
“Hemos constatado y demostrado que los pueblos indígenas organizados pueden ser factores de cambio, a partir de su estructura comunitaria, mucho más reales que los supuestos cambios originados en los centros fácticos de decisión”
“Ser para los demás”
La desaparición del Instituto Patria dolió Hubo quienes nunca se resignaron y durante años pugnaron por su reapertura Hoy anuncian el nacimiento del proyecto educativo “Instituto Patria Tercer Milenio”
Fundamentan sus promotores, directivos de ASIA Ciudad de México:
“Es necesario un colegio que se esfuerce en formar hombres y mujeres para los demás en un mundo donde actúan fuerzas contrarias a este objetivo: secularismo, materialismo, neoliberalismo, racismo, consumismo, fundamentalismo, utilitarismo, ateísmo
“Se requiere de una formación permanente para que se pueda facilitar esta pedagogía con eficacia, estimular la actividad del alumno en el aprendizaje, fomentar el crecimiento en calidad humana y promover la formación en la fe y en los valores, además de transmitir conocimientos y destrezas como dimensiones integrales del proceso educativo”
Precisan que esto ha de hacerse “con la atención especial a los pobres, que caracteriza la misión de la Iglesia hoy”
Será “un colegio laico, promovido por laicos, dirigido por laicos”, dice el presidente de ASIA Ciudad de México, Eduardo Torres Arpi “Esa fue una condición del provincial López Barrio La otra, que fuera un modelo educativo repetible en todo lugar donde haya exalumnos de la Compañía de Jesús”
El proyecto fue presentado al padre López Barrio en marzo pasado Al aprobarlo tácitamente, ofreció el compromiso de los jesuitas “de apoyar la formación espiritual de los maestros y directivos, como signo de solidaridad con esta obra”
El nuevo Instituto Patria, explican sus promotores, tendrá un millar de alumnos en cada uno de sus dos planteles Habrá 30 educandos por salón y tres salones por cada grado En septiembre del año 2000 se abrirán los grupos de preescolar y el primer grado de primaria Cada año se abrirá un nuevo grado, hasta completar la primaria, la secundaria y la preparatoria
—¿Por qué un plantel en Los Reyes la Paz?
—Es necesario poner nuestro grano de arena para que se aborde la realidad desde una perspectiva de servicio de la fe y promoción de la justicia en nuestro país, empezando en esta zona suburbana Con este proyecto pretendemos al menos empezar a dar salida al atraso educativo y la superación del empobrecimiento No hay elementos que permitan sostener que hay un proceso natural que empuje a la justicia, la riqueza y la equidad El camino hay que hacerlo: es una opción de fe, de esperanza contra la desesperanza
En ese plantel, explica Torres Arpi, las cuotas que pagarán los alumnos serán “simbólicas”, dadas las condiciones socioeconómicas de la población de la zona En el caso del otro plantel, cuya ubicación no se ha decidido, habrá “cuotas diferenciadas”, establecidas de acuerdo con un estudio socioeconómico de cada caso “Lo que podemos asegurar desde ahora es que no será un colegio para ricos, exclusivo, elitista; será un colegio en el que convivan niños y jóvenes de diversa condición, pero fundamentalmente aspiramos atender a la clase media-media de la capital del país”
—¿Cómo revivirán el espíritu del antiguo Instituto Patria sin caer en las fallas que condujeron a su cierre?
—Queremos revivir el espíritu del Patria, efectivamente, pero no su estructura Este es un proyecto totalmente diferente La misión de la Compañía es hoy el servicio de la fe, del que la promoción de la justicia constituye una exigencia absoluta: es la justicia informada por el amor evangélico
“El programa de estudios incluye el tratamiento de problemas de la justicia Las líneas de acción dan concreto testimonio de la fe, que realiza la justicia; impulsan el respeto mutuo y promueven la dignidad humana y los derechos de toda persona”
—En una ciudad donde hay 52 colegios particulares ¿se justifica la apertura de uno más? ¿Entrarán en competencia con las escuelas de los Legionarios de Cristo, los Lasallistas, el Opus Dei?
—Desde luego que no se trata de una competencia ni de ganarle clientes al de enfrente En todo caso, nuestro producto es único, porque nuestra opción es distinta a todas Ningún otro colegio ofrece una educación de inspiración ignaciana
El proyecto del Instituto Patria Tercer Milenio será dado a conocer el viernes 30 de julio durante la comida anual de los exalumnos, en la Hacienda de los Morales
Sorprende a Pablo Latapí la reapertura del Patria “El cierre del colegio fue para los alumnos y exalumnos la última gran lección —quizá tardía— de sus educadores”, dice

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