En la alianza PT-PRI, las “dos caras” de Alberto Anaya

En la alianza PT-PRI, las “dos caras” de Alberto Anaya
José María Alanís
MONTERREY, NL – La alianza de la bancada del PT con la del PRI para sacar adelante el paquete económico del gobierno federal es “una mancha más al tigre” del dirigente petista Alberto Anaya Gutiérrez, apenas consumó éste “su objetivo de dividir a la oposición”
Y es que desde hace mucho tiempo el actual líder del Partido del Trabajo “ha cumplido su papel de neutralizador de movimientos populares que tiendan a afectar al sistema oficial”, para coronarlo con su más reciente éxito: “evitar la alianza electoral PRD-PAN para que el PRI mantenga el poder”

Tal es, en resumen, la opinión que sobre Anaya tienen el historiador Raúl Ángel Rubio Cano y los líderes fundadores del Predio Tierra y Libertad, ahora convertido en Movimiento Popular Tierra y Libertad, Héctor Camero Haro y Juan de Dios Sánchez
Entrevistado en su casa de Tierra y Libertad, Camero Haro señala que en la conducta de Anaya saltan a la vista las traiciones, las represiones a colonos del predio y las negociaciones personales con políticos
Por ejemplo, dice, “para mantener el control de este predio mandó realizar por lo menos cinco desalojos intimidatorios y entabló compromisos y negociaciones con la gente del poder político, desde el gobernador de Nuevo León, Alfonso Martínez Domínguez, hasta el presidente Carlos Salinas, y por ese camino continúa”
Camero, dirigente de un sector de Tierra y Libertad que decidió desligarse de Anaya Gutiérrez desde hace unos 20 años, observa: “Nosotros vimos cómo cambió su ritmo de vida, viajando en aviones de primera y hospedándose en hoteles de cinco estrellas”
Anaya comenzó a crecer en ese sentido al mismo tiempo que la familia Salinas avanzaba hacia su encumbramiento en el poder Para ello, ha aplicado “una política de dos caras: por un lado, encabezando movimientos de izquierda comunista, como la OIR-Línea de Masas, y, por el otro, negociando con la gente del poder”
En su momento, continúa Camero, “nosotros demostramos que Anaya Gutiérrez compró diversas casas: una en la colonia Mitras, otra en Villa Universidad, una más en la colonia Roma y otra en el centro de la ciudad Así mismo, supimos que en la misma colonia Tierra y Libertad adquirió casas de contado”
Con el gobernador Alfonso Martínez Domínguez (1979-1985), puntualiza, negoció que su cuñado Guadalupe Rodríguez —actual regidor en el municipio de Escobedo— se fugara de la cárcel; con el siguiente mandatario neoleonés, Jorge Treviño (1985-91), negoció terrenos —nos lo dijeron colaboradores de Treviño”— para realizar asentamientos irregulares; y ya en 1988, en las elecciones por la alcaldía de Monterrey, se hizo evidente el apoyo de Anaya hacia el salinista Sócrates Rizzo García, ya que, recuerda Camero, en las casillas del Predio Tierra y Libertad “hubo taqueo de votos y relleno de urnas” en favor de Rizzo
No sólo eso, sino que, según cuenta el entonces candidato de la alianza de izquierda (PSUM, PST y PPS) por la presidencia municipal, Juan de Dios Sánchez, Alberto Anaya lo llevó ante Rizzo García y lo instó a que, a cambio de algunos beneficios —profesionales y laborales—, reconociera públicamente el triunfo del priísta
“Yo me negué y responsabilicé al ahora líder del PT de una posible represión contra un grupo de seguidores que mantenían un plantón frente al palacio municipal”, refiere Juan de Dios Sánchez, y abunda: “Estoy seguro de que esas elecciones fueron ganadas por la panista Teresa García de Madero —actual alcaldesa de San Pedro Garza García—, pero Pablo Emilio Madero también la abandonó”
Ese mismo año, tales apoyos de Anaya a Rizzo García se tradujeron en una diputación federal para el dirigente popular, al grado de que, en la LIV Legislatura (1988-1991), Anaya “fue el único legislador de oposición que reconoció el triunfo de Carlos Salinas de Gortari, oficialmente, en las elecciones del 88”
Y ya con Salinas en la Presidencia, manifiesta Héctor Camero, “ni se diga todo mundo sabemos que (Anaya) recibió fuertes cantidades de dinero para organizar el Partido del Trabajo, el que, desde su nacimiento, ha sido mediatizador de movimientos populares, particularmente en los estados del norte del país”
En ese sentido, el investigador e historiador Raúl Ángel Rubio Cano destaca que el papel de Anaya Gutiérrez —como ha ocurrido en otros países— consistió en acarrear campesinos hacia las grandes ciudades para impulsar la industria de la construcción, con salarios bajos, a fin de apuntalar el crecimiento urbano, acomodando a esa población en las zonas marginales
Con los excompañeros de Anaya, Rubio Cano coincide en que el dirigente petista organiza a los marginados para servirse de ellos y, una vez logrado su propósito, los abandona
Los tres entrevistados recordaron a Adolfo Oribe, también compañero de luchas y ahora en el equipo de campaña de Francisco Labastida Ochoa, quien, después de pertenecer a la “extrema izquierda”, al menos “ya se definió y reconoció que su destino estaba en las filas del PRI”
Anaya, en cambio —él fue la cuña que impidió los acuerdos de la gran alianza opositora”—, es muy peligroso, dicen, por su política de dos caras, como puede verse en el hecho de que se alía al PRD en la contienda por la Presidencia, y al PRI en su proyecto económico para el 2000

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