González Casanova: dos renuncias

González Casanova: dos renuncias
Guillermo Sheridan
El pasado 10 de febrero, el doctor Pablo González Casanova (GC) renunció a la Dirección del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM Me interesa comentar sus razones y evocar la historia de su renuncia a la Rectoría en 1972
La renuncia de 2000

Las razones fueron “una de carácter existencial: la posición que he tenido toda mi vida en contra del uso de la violencia, incluso de la llamada violencia legal, a la solución de los problemas universitarios; y otra, es más objetiva, y corresponde a toda la experiencia histórica y social de América Latina” (La Jornada, 11-II-00)
No entiendo que los problemas universitarios posean un talante excepcional que les depararía un trato diferente, si tales problemas calculan el empleo de actitudes violentas (de cualquier índole: moral o física GC ha escrito con razón que “las mentiras son un acto de violencia brutal”1) No se puede privilegiar, por universitario, a quien emplea tácticas que fuera de la Universidad serían punibles: se propiciaría que los creadores de problemas no universitarios elijan a la UNAM como escenario de impunidad y se amparen bajo ese privilegio
El exrector declara que su renuncia es parte de “las batallas que debemos dar ahora, en el seno mismo de la UNAM” ¿No sería mejor hacerlo en el seno de su seno, como director de un centro? Con el poder de un director para promover estudios, señalar directrices, aconsejar actitudes críticas, ¿no se puede luchar mejor que desde esa periferia que el discurso parece preferir? La renuncia de GC no es sólo a un centro: es una renuncia también a la capacidad que tienen las instancias de autoridad de la UNAM (colegios, consejos técnicos, etcétera) para enmendarla y reformarla Al declarar que opta en cambio por “una nueva etapa de la lucha” en favor de la educación pública y gratuita, el exrector parece pensar que esa lucha es más efectiva al margen de los instrumentos de gobierno
Quizás la segunda, enigmática razón de su renuncia (“la experiencia histórica y social de América Latina”) se refiera a esa actitud que prefiere batallar al margen de las instancias de decisión: en América Latina, en efecto, por razones históricas, no es infrecuente asumir que el Estado no es tanto expresión de los pueblos como imposición del poder De ahí la propensión a creer que luchar en favor de la justicia significa luchar contra el Estado y, peor aún, que la justicia es inimaginable dentro del Estado
De esa actitud podría derivarse que el rechazo al recurso de la violencia legal del Estado no parezca tener equivalente en el rechazo a la violencia de quienes se oponen a él, como el CGH, que ha utilizado una violencia que también aspiraba, digamos, a “resolver problemas universitarios” Si bien GC descalificó la violencia del CGH en su apoyo al plebiscito, luego del 6 de febrero se opuso en carta colectiva al “uso de la fuerza pública para la solución de los problemas universitarios” Ante el dilema que representaba, por un lado, el uso de la fuerza que hizo el CGH para despojar a la UNAM de sus instalaciones, y el uso de la fuerza pública para despojar a esos despojadores de su propia fuerza, el exrector optó por la renuncia Pero el valor que se asigna a esa renuncia se debilita si no se acompaña de una reflexión profunda sobre ese dilema; corre el riesgo de quedarse como un gesto resignado ante un dilema sin solución
Habrá que confiar de todos modos que, en esta “nueva etapa de la lucha”, la voz congruente de toda la vida de González Casanova siga sosteniendo, ahora reforzada por su gesto, su convicción de que la educación superior debe ser gratuita sólo para quien no puede pagar, como declaró en mayo de 1999:
Si la educación superior es un derecho reconocido, gozarán del mismo todos aquellos que reúnan los requisitos necesarios para tener éxito probable en sus estudios, en la inteligencia de que los estudiantes cuyas familias alcancen ingresos superiores a 20 salarios mínimos harán una contribución a los ingresos de la UNAM si la misma no afecta la libertad familiar del estudiante y éste responsablemente la acepta2
La renuncia de 1972
Revisar la renuncia de GC a la rectoría en noviembre de 1972 puede ser interesante, pues supuso el enfrentamiento al mismo dilema (Se invita al lector a vivir intensamente el déja vu intercalando la frase igual que ahora cada vez que lo crea pertinente)
Echeverría había restañado el jueves de Corpus despidiendo a Martínez Domínguez y aumentando el presupuesto de la UNAM; el rector dirigía la oposición universitaria al STEUNAM, sindicato cuya naturaleza agraviaba a su parecer la autonomía; en Arquitectura se promulgó un “autogobierno” que la paralizó un buen tiempo; dos personajes misteriosos, Mario Falcón y Miguel Castro Bustos, con la excusa de facilitar el ingreso a la UNAM de los normalistas, tomaron la Rectoría, se enseñorearon del campus, detuvieron la docencia y protagonizaron un episodio esperpéntico Al mismo tiempo, el recién nacido STEUNAM cerró la institución en su primera huelga laboral El compañero Echeverría quería mermar el poder de la CTM con un sindicalismo más adecuado a sus proyectos y le había echado el ojo al STEUNAM; por su parte, el Partido Comunista, incapaz de organizar sindicatos extramuros, había decidido reñírselo
El motivo formal de la renuncia fue contra la actitud del STEUNAM y la indiferencia de la mayoría de los universitarios GC se oponía a que el sindicato estableciera “en la UNAM un sindicato de empresa, con todas las prácticas del sindicalismo de las empresas, lo cual acabaría con la Universidad y le pondría un freno fácilmente utilizable por las fuerzas más reaccionarias del país, por los enemigos de la cultura y de la inteligencia nacionales”3 Era cierto: la central obrera y/o el partido político en control de un sindicato único, controlarían a la UNAM (GC pensaba en Fidel Velázquez; hoy sabemos que no fue el PRI el beneficiado)
Acompañado de su Comisión de Reglamentos, el rector procuró un arreglo que salvaguardara, a la vez, a los trabajadores y a la UNAM, que no tuvo éxito: “Algunos oradores revolucionarios —escribió GC— apoyaron el mismo tipo de sindicalismo que están apoyando las fuerzas reaccionarias del país, públicas y privadas, imperialistas y oligárquicas, internacionales y nacionales: las fuerzas que de triunfar serían las primeras en reprimirnos a todos los hombres revolucionarios y progresistas de la Universidad y del país”
Además, GC se quejó de padecer “varios meses de un asedio sistemático y público —se refiere a Falcón y Castro Bustos— por el cual se me quiso poner en la coyuntura de recurrir a los grupos de choque, de pedir la intervención de la fuerza pública, o de aparecer como una persona sin autoridad; cargos que, sumados a las pretensiones de convertirme en fiscal, juez, policía y —últimamente— en patrón, iban deteriorando la verdadera autoridad a que puede aspirar, en la Universidad, un profesor” GC se negó a llamar a la fuerza pública, por principio “existencial” y por la obvia cercanía de Tlatelolco y de San Cosme
Falcón y Castro Bustos fueron felices, protegidos por este privilegio GC dijo que representaban “fuerzas impunes que contaban con la complicidad o la complacencia de la policía” Pero esa impunidad no dejaba de estar sancionada por quien podía denunciarla Falcón y Castro Bustos habían “tomado por asalto” a la UNAM; se empeñaban “en hacer explotar la cólera y la violencia de los universitarios contra fuerzas que se ocultan y quedan impunes, no sólo por estos delitos del orden común, difíciles de probar en lo que a sus autores intelectuales se refiere, sino por actos evidentes del dominio y explotación del pueblo mexicano” (esto último no me queda muy claro)
En todo caso, dos sujetos inestables demostraron que podían perjudicar a decenas de miles y agraviar a “la máxima casa de estudios” impunemente, protegidos por una convicción “existencial” que GC había sobrepuesto a las obligaciones de la Rectoría Pues si por un lado parecería laudable que un individuo prefiera ser víctima de la violencia antes que su ejecutor (incluso legal), durante el episodio de 1972, al rehusarse a llamar a la fuerza pública, GC toleró que quienes habían utilizado la violencia moral (al apoderarse de la Rectoría) pudiesen dañar también con la fuerza física (se paseaban armados por el campus) a la comunidad que el rector tenía obligación de proteger
La Junta de Gobierno rechazó la renuncia y GC ofreció reconsiderar su renuncia si se cumplían “algunas condiciones objetivas” (sic): que el STEUNAM levantara el paro y entendiera que “no estamos dispuestos, por ningún motivo y bajo ninguna presión, a hacer concesiones de principio en materia de sindicalismo y de autonomía ni en cualquier otro terreno de la vida académica de la UNAM”
Otra condición era que, si bien la Rectoría estaba dispuesta a dialogar con ellos, “los normalistas o los egresados de prepas populares entendieran que mediante actos de violencia y sin los conocimientos necesarios no es posible ingresar a la UNAM” Una más era que los directores y académicos reconocieran la importancia de reformar el estatuto, “para la creación de consejos generales e internos, mixtos y representativos, de profesores, estudiantes y trabajadores que aseguren la participación legal de los mismos de manera democrática, la más efectiva en el gobierno de la universidad”
Y la última de las condiciones era “que el gobierno de la República, abierta y expresamente, decida impedir los delitos de orden común contra la UNAM, ejerciendo, bajo la responsabilidad de las autoridades competentes, el derecho positivo en forma tal que no quepa lugar a dudas de que no hay lenidad o arbitrariedad en el uso del mismo, ni impunidad para los autores materiales e intelectuales de las agresiones a la Universidad”
Algunos miembros de la Junta hicieron entonces una denuncia judicial contra “los delincuentes del orden común que atentan contra la UNAM” El movimiento estudiantil gritó “¡fascismo!” y se opuso a la entrada de la policía Echeverría envió al Congreso una iniciativa “para elevar a la calidad de garantía constitucional el reconocimiento y el respeto a las universidades autónomas del país” GC felicitó al presidente que expresaba “el deseo de darle una jerarquía más alta, la más alta en nuestro derecho, al respeto a las universidades del país” Olivos Cuéllar declaró que el rector estaba haciendo “chantaje político” y que el STEUNAM no levantaría el paro; Mario Falcón fue a nadar a la alberca universitaria, armado, y regresó después a “su” rectoría, protegido por los estudiantes (Castro Bustos ya no estaba: había solicitado poco antes asilo político en Panamá, que lo concedió en acuerdo con Echeverría)
El 25 de noviembre, un grupo de estudiantes agredió físicamente a los directores de varias facultades El domingo 26, GC declaró que había sido una provocación e hizo la denuncia La agresión era “evidencia de que se quiere llevar a los universitarios a enfrentamientos internos y con la fuerza pública” en vísperas de la visita de Salvador Allende Exhortó a que todos “en el cumplimiento del derecho actúen conforme al más estricto apego a las leyes y dentro del mayor respeto a las personas y a la Universidad”, pero a la vez negó que la denuncia fuese “una petición de la Universidad para que se allanen sus recintos en persecución de los delincuentes” Los miembros de la Junta de Gobierno no se presentaron a ratificar la denuncia Falcón y el movimiento estudiantil celebraron su triunfo
Esa declaración de GC respondía al secretario de Gobernación Moya Palencia, para quien “la Junta de Gobierno expresó ya su denuncia formal ante la Procuraduría del Distrito, con el fin de que esa dependencia pueda cumplir la orden de aprehensión existente en contra de Mario Falcón” como responsable de delitos del fuero común: robo con violencia en agravio de la UNAM, daños en propiedad ajena, ataques a las vías de comunicación, fabricación de artefactos explosivos, robo en pandilla y delitos contra la salud
El rocambolesco Falcón —que ya había estado preso en 1970— huyó de CU el mismo 25 de noviembre y, perseguido en persona por el jefe de la Policía del DF, se dirigió hacia la casa de la familia Cárdenas frente a la que, según un empleado de la casa, merodeó unos momentos antes de volver a huir Entrevistado por Excélsior, el capitán Manuel Zendejas, ayudante de doña Amalia, declaró que “aquí se conoce bien a Mario Falcón Él es amigo, desde que era niño, del ingeniero Cárdenas Cuando todavía vivía el general, pintaba cuadros en Jiquilpan”4 En un episodio asaz oscuro, luego de consultas con ambos gobiernos, la embajada de Perú le concedió asilo político y Falcón dejó el país
Ya que había huido, los estudiantes declararon que Falcón era un agente provocador “de la ultraderecha reaccionaria” disfrazado de revolucionario “Discrepamos esencialmente de sus actos y provocaciones, pero precisamente por ello es que rechazamos que se convierta a esa persona en pretexto para que la policía entre a la Universidad” Luego reafirmaron su apoyo a la huelga del STEUNAM y manifestaron su repudio a la “universidad burguesa” que produce “su cuota anual de profesionales tecnócratas” Consideraron que las autoridades de la UNAM habían “sembrado” a Falcón para meter a la policía y que “si alguna autoridad la llama, esa autoridad no volverá a pisar la UNAM” (Salvador Martínez Della Rocca razonó que si la policía sabía que Falcón había huido de CU era porque tenía espías en su interior, lo que atentaba contra la autonomía)
El movimiento estudiantil revolucionario llegó luego a la conclusión de que había “un vacío de poder rectoral” frente al que el movimiento reaccionaba con una “política perfectamente definida” que exigía:
1) Que las autoridades firmen el contrato colectivo con los trabajadores y reconozcan su derecho a sindicarse independiente y democráticamente
2) Que estudiantes, profesores y trabajadores se conjugen “en un proceso de participación colectiva para construir una nueva estructura de gobierno interno en la UNAM para neutralizar el férreo control ideológico y político que se pretende imponer en la UNAM a través de la reforma educativa oficial”
3) Que los consejos tripartitos discutan una “nueva Ley Orgánica para que haya una universidad que garantice jurídicamente la participación democrática de toda la comunidad en las decisiones que la afectan”
4) Que se conjuguen esfuerzos para lograr “una universidad democrática, crítica y científica donde las necesidades reales del pueblo sean permanente y sistemáticamente examinadas”
Los estudiantes denunciaron, por último, que González Casanova había dañado gravemente a la UNAM:
“¿Cuántas veces llamó el rector a los universitarios para discutir formas concretas de neutralizar acciones de grupos identificados con el sistema y encubiertos con fraseología seudorrevolucionaria? Ninguna ¿Cuántas veces aceptó iniciativas de movilización de las fuerzas organizadas y progresistas de estudiantes y profesores? Ninguna Y hoy encuentra una fácil solución para permitir la represión estatal a los delincuentes comunes Al renunciar, el rector encontró lo que buscaba: el abierto y total apoyo gubernamental a su reforma universitaria; de lo que se trata ahora es de transformar una universidad liberal, ineficiente para los requerimientos del desarrollo capitalista subordinado, e inoperante para los objetivos de la clase dominante, en una universidad tecnocrática”5
Al día siguiente, el STEUNAM celebró ser reconocido tácitamente como interlocutor por la Rectoría y como sindicato Olivos Cuéllar declaró que invitarían a Allende a visitar la CU tomada por el STEUNAM para que “conozca nuestros proyectos de nueva universidad, una universidad popular como deben ser todas las de Latinoamérica, que sirvan a obreros y campesinos” Al día siguiente, el movimiento estudiantil declaró en asamblea que se convertía en comisión para crear “un instrumento de lucha para la democratización de la enseñanza” y sentenció a la “fascista” Junta de Gobierno “por haber solicitado la entrada de la policía a atrapar a Mario Falcón”; apoyó al Consejo General de Huelga (CGH) del STEUNAM; rechazó el estatuto de GC para gobernar la relación de trabajo entre los trabajadores y la rectoría y se pronunciaron en favor de “la realización de elecciones generales al término de la huelga”
Tres opiniones de entonces (es decir, de ahora)
Joaquín Sánchez MacGregor, izquierdista y universitario, opinó que la táctica del STEUNAM coincidía con la del Partido Comunista: ambos “se proponen expresamente como modelo a la Universidad Autónoma de Puebla”, desean “usar a la UNAM como un ariete contra el gobierno Sometida a un desgaste continuo, la UNAM se defiende como un gato boca arriba contra un enemigo superior en fuerzas y, sin sentirlo, poco a poco se convierte en contra-universidad, según el término acuñado por sus ideólogos”6
Marcos Moshinsky escribió: “La UNAM se divide en dos grupos: nosotros y ellos Nosotros son aquellos que consideran que la principal misión de la Universidad es la preparación académica, sin olvidar la conciencia social que es vital en un país como México Ellos son aquellos que consideran que el papel fundamental de la Universidad es el de propiciar una reforma de base de las estructuras políticas del país por medios preferentemente pacíficos pero, si fuera necesario, violentos”7
Octavio Paz escribió: “Hay una hipótesis astronómica que atribuye a una maquinación del imperialismo la crisis de la UNAM: equivale a explicar la caída de Constantinopla por la situación del planeta Tierra en el sistema solar No es falso: es remoto Otra teoría es la conspiración contra la UNAM En 1968 los conspiradores eran la CIA y el comunismo internacional; en 1972, otra vez la CIA, la oligarquía, la CTM y el PRI () Es desolador que la mayoría de nuestros intelectuales haya callado ante la escandalosa utilización de las ideas de izquierda en la UNAM y que incluso algunos, echando aceite al fuego, amparen con su autoridad la hipótesis astronómica y las parodias revolucionarias En las últimas semanas ha habido una reacción tímida y tardía, pero saludable: González Casanova, antes de presentar su renuncia, expresó su preocupación ante la actitud de ciertos grupos de estudiantes y profesores que se llaman de izquierda” 8
Envío
González Casanova renunció definitivamente en diciembre de 1972
La Junta de Gobierno eligió a Guillermo Soberón el 5 de enero de 1973
La huelga del STUNAM se levantó el 15 de enero
El STUNAM logró su convenio de trabajo en febrero
Evaristo Pérez Arreola llegó a ser alcalde de Ciudad Acuña
El retrato de Ho Chi Minh pintado por Falcón en 1972 fue borrado del auditorio de Economía en 2000 l
1) La Jornada, 28-II-99
2) “UNAM: diálogo efectivo”, La Jornada, 2-V-99
3 )Excélsior, 23-XI-72, p 1
4) Excélsior, 26-XI-72, p 8-A
5) Excélsior, 26-XI-72, p 1
6) Excélsior, 8-XII-72
7) Excélsior, 22-XII-72
8) “Los misterios del Pedregal”, Plural 16, enero
    
de 1973, p 37

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