El historiador Luis Prieto recuerda a su sobrina Dení y reprueba de Retes su visión simplista

El historiador Luis Prieto recuerda a su sobrina Dení y reprueba de Retes su visión simplista
José Alberto Castro
Luis Prieto, el tío de Dení —la joven de 19 años, guerrillera del Frente de Liberación Nacional (FLN) muerta a tiros en Nepantla el 14 de febrero de 1974—, irritado suelta palabrotas, golpea de modo enérgico con su mano diestra el cristal de la mesa, contiene la cólera, y dice:
“Cómo se le ocurre a Retes imaginar que mi sobrina perdió la virginidad en el interior de un automóvil, y además achacarle sentimientos encontrados Eso es una cosa simplona, una caricatura No explica a un ser tan complejo, intenso, libre, como lo fue Dení”

La reacción airada del doctor en historia por la Universidad de París se debe a la aparición de la novela Por supuesto, de Ignacio Retes, que narra el trágico paso —con un estilo esencialmente narrativo y no realista— de cuatro mujeres por la experiencia de la lucha urbano-guerrillera en los setenta
Hacia finales de julio de 1995, Proceso logró contactar a los padres de Dení, refugiados en ese entonces en la ciudad de Cuernavaca Ahí el dramaturgo Carlos Prieto y su esposa Evelyn Stock, con profundo dolor, evocaron “la tragedia más dura de su vida”
Carlos y Evelyn corroboraron que Dení fue una estudiante muy inteligente y comprometida del Colegio Madrid; ella sucumbió en una balacera que duró “tres o cuatro horas” en Neplanta, en una granja ubicada en la calle Jacarandas, al sur del Estado de México En el fuego cruzado entre elementos del Ejército y los guerrilleros, sólo hubo un sobreviviente, Martín, y de la parte castrense varios soldados y oficiales perdieron la vida
Los Prieto y toda su numerosa familia ignoraban que Dení había ingresado al FLN Tampoco tenían noticia de la agrupación guerrillera y se enteraron del enfrentamiento y la matanza una semana después de ocurrida, cuando el Ejército soltó la información a los periódicos
Los Prieto
Luis Prieto, además, es el compilador del libro Un México a través de los Prieto, una voluminosa obra de 700 páginas que da voz a los miembros más prominentes de esta familia mexicana, y de cómo a lo largo de una centuria algunos de ellos han tenido una participación política importante:
“Entre nosotros hubo maderistas, anticomunistas, ateos, católicos, gente mocha, liberales, algunos procardenistas y otros distanciados del general Mi bisabuelo Antonio Prieto Trillo escribió unas Memorias que abarcan todo el período porfiriano y ciertos pasajes de la Revolución y de los años veinte Participación política intensa tuvieron Antonio y Jorge Prieto Laurens Y Carlos Prieto Argüelles, mi primo, fue un dramaturgo rebelde y de opiniones muy avanzadas”
Lo anterior es expresado por él para explicar que ése es el antecedente de Dení, el caldo de cultivo de donde surgió:
“Ella era una muchachita pequeña, medía 149, 150 Una joven bonita, muy bonita Muy parecida a su mamá y a los Prieto en los ojos y en la frente Miopes ella y su hermana Ayari Un día me sorprendió pues la encontré con un libro de León Tolstoi entre sus manos Era una chamaca de 12 años y ya leía en inglés, una pochita que mezclaba frases en español e inglés”
Prosigue su relato y sus ojos claros se avivan:
“Ella era muy noviera, tuvo muchos novios Pero no era una muchacha frívola que pensara en coger todo el tiempo Sus padres le dieron una gran libertad, una educación con la posibilidad de descubrir por sí misma la sexualidad, los sinsabores y las recompensas de la vida sentimental, sin culpas”
Agrega:
“A mí me dijo mi sobrina Ayari que su hermana llevaba un diario, era discutidora, en una de sus páginas cita a Hugo Hiriart, muy amigo de ellas en ese entonces También me confió que Dení, protectora de perros, quería ser zoóloga y fue comedora compulsiva de chocolates y tenía aversión, como su padre, por el fuego”
Rememora que Evelyn “mantenía un acuerdo tácito y un juego, era la época del auge de la pastilla anticonceptiva, entonces ella les decía cada noche a sus hijas: ‘oigan, no olviden su medicina’, y luego las escuchaba hablar de sus pretendientes o de las cosas que les inquietaban”
A la mente de Prieto acude un recuerdo:
“El golpe militar contra Salvador Allende se había consumado Un día o dos más tarde se dieron en la Ciudad de México manifestaciones de apoyo al mandatario socialista En una de esas marchas me encontré con mi sobrina, ella iba con un novio, y decía que esto demostraba que no había más camino que las armas A ella no le gustaba caminar, era floja y esa tarde lo hicimos por varias horas, me percaté que tenía buena condición física, prueba de que estaba entrenando También me dijo que se iba a San Francisco a estudiar enfermería Yo le recordé que le tenía pánico a la sangre Tuve la corazonada de lo que iba a ser, yo la conocía muy bien, a mí no me podía engañar”
La muerte de Dení fue un duro golpe para su tío Luis A lo largo de la entrevista, en la sede del Centro de Estudios de la Revolución Mexicana Lázaro Cárdenas que dirige, en la calle de Diego Rivera, al sur de la capital, cuenta:
“Luego de conocer la noticia, mi primo Carlos se hundió en una profunda depresión Eran días de altibajos, pese a lo rotundo de los hechos En algún momento surgió la esperanza de que Dení no estaba muerta, decían que estaba prisionera en una cárcel clandestina y había que conseguir dinero para liberarla No era cierto Se trataba de un engaño Yo acudí con algunos amigos encumbrados en la política, ellos me indicaron que estaba muerta”
Bala vil
Aunque se quiso reducir al olvido este episodio, hoy se sabe que el periodista y escritor
Raúl Prieto (no es pariente de los Prieto), un par de años después, en Excélsior publicó un editorial bajo el título ¨”Bala vil Salvador y Dení”, en el que escribió:
“Dení Prieto Stock, mexicana, antes de ser declarada activista y tenida por presunta participante del asalto al tren de Puebla —asalto que la propia gerencia de Ferrocarriles Nacionales de México se apresura a desmentir—, sin ser juzgada ni menos aún sentenciada de acuerdo a las leyes de la Revolución Mexicana, es muerta el 14 de febrero en Nepantla, estado de México”
En esa entrega también señaló:
“El cadáver de Dení nunca fue entregado a sus padres ni tampoco sus pertenencias Se les mostró un acta de defunción de su hija, en la cual aparece como ‘adulta desconocida’ y se les indicó el número de la fosa del
Panteón Civil de Dolores, donde al día
siguiente de ser asesinada y luego de practicársele la autopsia, fue sepultada”
Afirma el tío de Dení que esa historia fue digna de Kafk;, él acudió en 1981 a ese cementerio a rescatar los restos de su sobrina:
“Su tumba estaba flanqueada por otras dos, a un lado yacía quien fue un cabo o sargento y al otro un soldado No hubo necesidad de excavar a gran profundidad Casi al ras del suelo fue descubierta la caja de madera Apenas vi el esqueleto caí en la cuenta de que era Dení El sepulturero me indicó que observara el cráneo: dos orificios evidenciaban que no le perdonaron el tiro de gracia”
Luis Prieto admite que en ese momento se desplomó y brotaron las lágrimas:
“Lo que quedó de Dení fue cremado, la urna con sus cenizas estuvo algunos años en esta casa, más tarde decidí llevarla a un nicho en la iglesia de Cerro del Agua y la calle Omega, en la colonia Romero de Terreros Ahí está mi sobrina al lado de sus tíos Gloria, Isis y Arnulfo Prieto Reyes y Margot Hoffman Reyes”
Ahora Evelyn Stock vive en Londres, Inglaterra, con su hija Ayari, y Carlos Prieto falleció el 14 de diciembre de 1998 Su primo, sin poder ocultar la tristeza y enojo en el rostro, exclama:
“No sé si valga la pena que se le recuerde en una novela El subcomandante Marcos se ha referido a ella en dos ocasiones, el pasado 8 de marzo y en 1999 con motivo del cumpleaños de Dení, el 8 de septiembre Si viviera tendría 45 años”

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