Frente al mesianismo carterista

Frente al mesianismo carterista
Tomás Gerardo Allaz
Júbilo de nuestros medios de difusión México encontró al presidente que esperaba, al líder complaciente, al padre digno de su afecto y de su acatamiento Se llama Jimmy Carter
Ante esa profusa reedición del mito Roosevelt o Kennedy o Kissinger o Ford, convendría que alguien sacara de la hemeroteca algunos de los panegíricos que nuestra prensa oral y escrita dedicó sucesivamente a esos cuatro personajes La intemperancia de los ditirambos, cuando esos “buenos” sustituyeron a los “malos” que les precedieron, debería imponernos hoy algunos bemoles

Recordemos la recepción sin precedentes que reservamos aquí a JFK Sin embargo ya antes de su llegada a la Casa Blanca estábamos debidamente prevenidos Baste citar una sola advertencia suya: su cuarto encuentro televisado con Nixon durante la campaña electoral fue una verdadera declaración de guerra a Cuba Permitía augurar no sólo Bahía de Cochinos y los intentos de asesinar a Fidel, sino también intervenciones como la invasión de Santo Domingo, la serie de cuartelazos teleguiados, en plan hemisférico “antisubversivo”, los “Boinas Verdes”, etcétera
Pese a todo eso, el mito de Kennedy “el Bueno” queda tan arraigado que, para erigir su propio mito, Carter se refirió constantemente a él con una devoción llevada hasta el más extraño mimetismo
Al margen de la actual euforia, tan hábilmente orquestada, algunos, por no amnésicos, se preguntan si el encumbramiento de Carter no hace más previsible una tercera guerra mundial
Sobran los motivos de inquietud Citemos algunos:
1 Quien renunció a una vocación científica y técnica para dedicarse a negociar cacahuates, no parece tener gran preparación para manejar los asuntos mundiales La historia enseña que la improvisación en ese nivel engendra o exacerba más crisis de las que resuelve Además el principal asesor del georgiano en política extranjera, Brezezinski, da muestras de un anticomunismo algo obsesivo que nos remite a los tiempos de la guerra fría
Por añadidura, aparte las vaguedades que el candidato dispensó a los electores, afloró una precisión nada tranquilizadora Preconizó un trato “mucho más duro” con la URSS y deploró que EU hubiera concedido más atención a sus “adversarios” que a sus “aliados” La preocupación que expresó por el fortalecimiento de la OTAN manifiesta que, más allá de las bellas frases, su solicitud efectiva irá primero a los aliados militares
2 No parece muy confiable, ni en lo interno ni en lo externo, un personaje que se ajusta sistemáticamente a los prejuicios de sus oyentes Un personaje que repite: “Nunca diré una mentira Soy un hombre de Dios Rezo más de veinte veces al día”, y, después de una prédica puritana ante una asamblea bautista, se complace con la jerga lupanar ante un representante de la revista Play Boy Su asesor Schrum autor de no pocos discursos suyos, lo abandonó asqueado: “Es la campaña más deshonesta que he visto”
3 Aunque Carter no sea considerado muy progresista por los liberales e izquierdistas de su partido (los últimos que se adhirieron a su candidatura), ni duda cabe que su presidencia borrará la mediocridad provocante de Ford y el estilo chocante del Partido Republicano Por lo menos en el principio, habrá un empeño por la justicia social y por la suerte de las minorías Pero no cabe olvidar que los presidentes emanados del Partido Demócrata encontraron a menudo en sus reformas internas una justificación de su imperialismo externo o una coartada
4 Más que todo, resulta alarmante el mesianismo del presidente electo Tanto más cuanto que le debe en gran parte su victoria Ganó porque supo devolver al pueblo norteamericano el orgullo de su misión tradicional de “instrumento de Dios” en el mundo Le permitió sentirse de nuevo con “buena conciencia” En su primer discurso ante la convención de su partido, cuando se proclamó su candidatura, expresó: “Os lo digo, la apoteosis de nuestra nación está por llegar” Entonces se le vitoreó con el himno “Happy days are here again” (“Volvieron los buenos tiempos”)
Semejante mesianismo nos recuerda a Wilson invadiendo Haití y México “para ponerse al servicio de la libertad” y “por el beneficio de la humanidad”
No era menos patente la “buena conciencia” de Roosevelt, cuando repartía el mundo con Stalin sin la menor consideración por sus propios aliados y ni siquiera por Churchill sentado a su lado Véanse los documentos oficiales sobre la Conferencia de Yalta
¿Quién hubiera dudado de la religiosidad que inspiraba la política de Truman en los días de Hiroshima y Nagasaki o durante la invasión de Corea?
¿Cómo olvidar los “buenos sentimientos” de Kennedy hacia el mundo entero? El mismo, en los años 60 a 63 organizó (para limitarnos a un solo ejemplo de cada continente) la escalada bélica en Vietnam, la infiltración en Chile (lejano preámbulo al golpe militar) y la intervención en Angola contra los movimientos independientes
Nunca América Latina necesitó tanto como frente al mesianismo de Carter, un realismo frío, sin complacencia y sin ilusiones

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