En manos del hombre hueco

En manos del hombre hueco
Jorge Ibargüengoitia
Iowa City, 3 de noviembre Al sistema político de los Estados Unidos se le pueden encontrar muchos defectos, pero hay que admitir que la manera en que se hacen las elecciones —y la rapidez con que se trasmiten los resultados— puede convertirse en un espectáculo tan emocionante como una carrera de coches o una película de suspenso Pasé gran parte de la noche tratando de irme a acostar y regresando siempre a la televisión No pude desprenderme de ella hasta que dejé a Carter firmemente instalado en la silla presidencial, A las siete de la mañana ya estaba yo otra vez de pie, encendiendo el aparato Tenía miedo de que durante las horas de mi sueño alguna catástrofe imprevista —como un recuento de votos— hubiera borrado la ventaja de los demócratas y dándole el triunfo al presidente Ford
Este final absorbente, conviene advertir, es la conclusión de dos campañas presidenciales soporíferas, en las que si algo lograron demostrar los contendientes es que ninguno de ellos justifica el trabajo que le cuesta al votante salir de su casa para ir a la casilla

El presidente Ford, visto desde México, es decir, en fotos fijas, con sombrero de charro, rodándose por una escalera, queriéndole dar la mano a una señora que le apunta con una pistola, etc, me parecía un hombre limitado, pero apacible Visto en la televisión americana, en cambio, emana una aura siniestra de cerrazón La clase de señor que le da un puñetazo en la barriga al que no está de acuerdo con él Cuando recuerdo su aparición en el segundo debate, furioso, con aire de papá resentido, queriendo explicar que todo lo que ha hecho mal lo ha hecho bien, me asombra que treinta y ocho millones de gentes hayan votado por él
La figura de Carter es mucho más simpática Sobre todo cuando tiene la boca cerrada Su aspecto físico ha de haber influido mucho en su triunfo: en su rostro se pueden distinguir, como fantasmas, los rasgos mezclados y medio borrados de dos figuras políticas de gran prestigio Carter es una cruza de John Kennedy y Eleonor Roosevelt Cuando habla se queda uno pasmado Tiene una capacidad infinita para no decir nada que pueda ser interesante, auténtico u original
La gran ventaja que le atribuían los muestreos al principio de la campaña y lo pequeño que fue en realidad el margen de su victoria tienden a hacerlo a uno olvidar el tamaño de la hazaña de Carter Para apreciarla hay que recordar que en los últimos cincuenta años, cada vez que un presidente de los Estados Unidos ha querido reelegirse, se ha reelegido Los que no se quedaron en el poder es porque murieron o porque se retiraron voluntariamente Se reeligió hasta Truman, que ni siquiera hizo campaña
Las ventajas que tiene el presidente sobre su contrincante son muy claras Para ganar el voto de los negros, por ejemplo, que vaya Kissinger a Africa y le tuerza el brazo a Ian Smith Para ganar el voto judío, que les den a los israelíes más tanques de los que pidieron Para ganar el voto de los pensionados, se hace una ley para eximirlos de impuestos, y así sucesivamente
Para contestar estos argumentos contundentes, el contrincante no tiene más recurso que decir que qué feo está todo, cuántos desocupados, van a ver cuando me elijan como todo va a cambiar y qué contentos vamos a estar Nadie le cree, por supuesto Si a esto agregamos que Jimmy Carter no tiene elocuencia —las palabras salen de su boca en desorden, frases que podrían estar claras son esponjosas, el que oye no sabe dónde está el énfasis, ni para dónde va la idea— más raro se hace que haya ganado
Más mérito tiene la victoria de Carter cuando se toma en consideración el papel funesto que desempeñó en esta elección un hombre muy simpático, que es el senador McCarthy Este hombre, nomás porque le antipatizan los dos partidos que existen, se lanza sin la menor esperanza de triunfo, logra seiscientos mil votos —menos del 1%— y estuvo a punto de darle el triunfo a Ford
Por lo siguiente: todos los que votaron por McCarthy son gente que de no haber competido éste hubiera votado por Carter, nunca por Ford En el Estado en que yo estoy viviendo actualmente, Iowa, por ejemplo, los votos sumados de Carter y de McCarthy eran más que los de Ford Si McCarthy no hubiera competido, los votos de la junta electoral de este Estado hubieran ido a dar, por primera vez en la historia, a un candidato demócrata Pero McCarthy compitió, Carter tuvo menos votos que Ford, y los votos electorales de Iowa fueron a dar a Ford Afortunadamente el capricho —no se puede llamar de otro modo— de McCarthy que se parece a James Stewart y piensa como personaje de película de Frank Capra, no tuvo consecuencias fatales
Después de tanta emoción y de la satisfacción que tuve de que ganara el candidato que yo quería, vi a Carter por televisión dándoles las gracias a sus partidarios que pasaron la noche esperando los resultados Este es el hombre más poderoso del mundo, pensé, y está hueco

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