Fluidez política en las dos Españas

Fluidez política en las dos Españas
Adolfo Suárez González, primer ministro de España, “equilibrista de la cuerda floja”, como se califica a sí mismos, describe con estas palabras la España a la que se enfrenta: “La izquierda no deja de lucha contra un pasado que ya no existe y una parte de la derecha no deja de llorar por un pasado que nunca volverá” Así resume el curso político español, en un país que quiere reconciliarse con la democracia y que no quiere caer en la tentación revolucionaria
Madrid, Oviedo, Bilbao, Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza, puntos estratégicos de la península ofrecen el espectáculo de un pueblo que se libera a sí mismo En los teatros, en los cines, en la prensa, en las librerías, en los puestos de revistas La vida se liberaliza, pero las instituciones franquistas aún permanecen y obstruyen el camino a la democracia
“He aquí ya los frutos de la democracia”, dicen unos “Aquí pasan cosas increíbles, que no pasarían en tiempos de Francos, porque él si tenía pantalones”, dicen otros, los de la derecha, que denuncian “la blasfemia de la doctrina liberal”

Adolfo Suárez, de 44 años, entre las presiones de la derecha, de la izquierda y de los separatistas, asegura que trata de guiar los primeros pasos de España hacia la democracia, al mismo tiempo que se enfrenta a una economía deteriorada y a una ola de demostraciones, de huelgas y de violencia Los franquistas controlan las Cortes, el consejo asesor del rey, el ejército, la política, los tribunales y el movimiento nacional, única organización autorizada por Franco
El rey quiere esta política de reformas La Iglesia la desea El ejército la tolera La izquierda se divide frente a ella La derecha la combate En el pueblo crece el deseo de cambio Ya Suárez había antagonizado a la derecha con los primeros pasos hacia la legalización de los sindicatos y de todos los partidos políticos, con excepción del comunista A pesar de venir de la Falange, el nuevo jefe de gobierno, una tarde de este verano pasado, reveló lo inimaginable: la soberanía pertenece al pueblo
Dos Españas Una que dice con ira: “El dictador ha muerto, pero no la dictadura” Otra que contesta en desafío: “Ha muerto Franco, pero no el franquismo” Entre esos dos polos de rechazo, endurecidos por 40 años de autoritarismo, yace la política española

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