Dictadura, conciencia desdichada

Dictadura, conciencia desdichada
René Zavaleta
La cuestión de la dictadura es un tema en el que, a decir verdad, los latinoamericanos hemos razonado muy poco, incluso si no nos atenemos a la más común de sus acepciones Sin embargo, por causas que no se necesita volver a mencionar aquí, éste debió haber sido el punto de arranque de nuestra teoría del Estado, si es que en verdad partiéramos de nuestra vida para construir nuestras teorías en lugar de poner a la vida entera al servicio de las teorías
Que la dictadura es el carácter del Estado es algo más o menos conocido No sólo un incidente de concentración del decurso del Estado sino una constante del Estado como tal No significa ello otra cosa que el límite de todo poder político es siempre su causa final, es decir, su naturaleza de clase Es sólo un pensamiento pacato el que se sorprende cuando se dice, por eso, que, por lo menos en la forma, la propia revolución, esta catástrofe superestructural que llamamos revolución, no es sino la sustitución de un tipo de dictadura por otra Es también una mera recapitulación afirmar que allá donde no haya más necesidad de dictadura, tampoco sobrevivirá la necesidad del Estado
Con todo, esto que se reconoce de una manera más bien general en el plano de la teoría política no es suficiente, ni mucho menos, para explicar otras connotaciones mucho más inmediatas del asunto Donde hay clases, habrá dictadura; la dictadura es la forma de manifestarse de la organización de una sociedad con clases Pero las clases mismas no son algo inmediatamente evitable Por el contrario, del modo más claro aquí, en la América Latina, nos encontramos con contradicciones que no se resuelven en el mero nivel de la lucha entre opresores y oprimidos; a veces, es ya el desacuerdo entre todo el esquema de clases que pertenecen a un régimen productivo más avanzado con esquemas más obsoletos que impiden el pleno desarrollo, el florecimiento de aquella contradicción
En todo caso, es correcto decir que la dictadura es inevitable Pero la dictadura, si puede decirse así, puede manifestarse de una manera propiamente dictatorial o de una manera democrática, con todos los grados que la realidad impone a una cosa o a la otra, Hay en ello lo que puede llamarse la diferencia entre el carácter del Estado y su modo de revelarse Ahora bien, al prestar poca atención a la diferencia que se da entre el Estado como esencia y el Estado como práctica o aparición es ya un grave error, es cierto que cada vez menos frecuente Pero lo es aún más, acarreando consecuencias nefastas, el no distinguir (esto tiene una importancia ya estructural) entre una manera u otra que adquiera la práctica estatal, es decir el grado de democracia con que se ejerza la dictadura Los oprimidos que no aprenden a discriminar entre un momento u otro de la clase dominante, tampoco tienen los elementos para distinguir sus propios momentos La organización misma hablemos de la sociedad civil como conjunto o de la clase como particularidad, se refiere a los márgenes que admite la dominación; la clase oprimida se organiza explotando los momentos de la clase opresora La dictadura a su turno no puede hacer sino lo que le permite hacer la sociedad civil como tal
Son éstos razonamientos que no servirían para nada, si no se los aplica al carácter actual de la dictadura latinoamericana, si es que puede hablarse de tal cosa como de una unidad Al nivel más izquierdista, o sea, ahora, como una desviación, la confusión entre el momento esencial del Estado y su modo de aparecer o su práctica debe conducir a una idea que no puede decir otra cosa que el Estado es dictadura y que, por tanto, es indiferente que aparezca con una forma dictatorial o no porque, en último término, será siempre dictatorial Esto es algo que casi no merece discutirse porque supone que, al ser el Estado violencia organizada, sólo la violencia puede contradecirlo con éxito Es violencia, en efecto, pero no es una violencia que no tiene viabilidad sino en la medida en que corresponde al nivel de la hegemonía de la clase que contiene, lo cual significa que la verdadera eficacia de la violencia radica en la instancia de la dominación ideológica
Se desprenden de aquí ciertas preguntas que podemos hacernos acerca de las actuales dictaduras latinoamericanas, sea que hablemos de Chile o del Brasil, del Uruguay o de Bolivia La forma dictatorial, por cierto, está lejos de ser la superestructura más favorable para el desarrollo del capitalismo Es más bien la consecuencia de algunas urgencias coyunturales y restringidas, se diría anómalas, del capitalismo Responde o al atraso de una clase dominante, que no es capaz de racionalizar una relación de poder correspondiente a su modo de apropiación del excedente o a la falta de unidad del bloque dominante o a la necesidad de acelerar el proceso de acumulación en determinado sentido o a un pathos de salvación del capitalismo, ya acosado En ninguno de estos casos, empero, es aceptable la idea de la dictadura como conspiración, esto es, como proyecto minoritario impuesto contra la resistencia de la sociedad Si tal cosa ocurriera, configuraría, en todo caso, un poder falaz Las determinaciones de la realidad reordenarían con cierta rapidez aquello que no corresponde a ellas
Con eso no queremos sostener sino que las dictaduras, fascistas o no (habrá ocasión de ver la especie), responden a casualidades objetivas, no pueden sobrevivir sino fundándose en soportes objetivos y su duración depende, a su turno, de la extensión de esa objetividad Detener el análisis en el plano de una inculpación moral o como denuncia democrática solamente no enseña sino una parte del asunto porque la crueldad del titular de poder no es sino el tono de la necesidad de la crueldad o concentración represiva de la fase estatal Pero lo que interesa en último término, para no vivir como propaganda lo que se debe vivir como pensamiento y como organización, es demostrar por qué estas dictaduras son mucho menos poderosas de lo que parecen, en qué medida existen ellas, por lo menos en parte, como consecuencia del atraso ideológico y organizativo de las tendencias proletarias, en qué grado, aunque serán sin duda cada día más aventureras y criminales, sin embargo su fin no puede ser demasiado lejano No son sólo intencionalidades o deseos Al desatar o aceptar una ola dictatorial que no admite sino difíciles retrocesos, las burguesías de este continente han mostrado en qué proporción la suya es ya una conciencia desdichada El modo de disolución de estas dictaduras, en efecto, en las condiciones que se van agregando sin cesar, no puede sino contener situaciones prerevolucionarias desperdiciadas He ahí por qué la caída de una dictadura es tan importante como la estructura misma de la dictadura pues el desconocimiento de tal estructura conduce solamente a la incapacidad de explotación de las condiciones de su derrumbe

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