Carlos Pellicer, senador:

Carlos Pellicer, senador:
Me acuso de no haber hecho el bien
Elías Chávez
Carlos Pellicer tiene una obsesión: el gusto por la muerte
Pero quiere morir “como gente de pelea” Por eso —explica— ingresó a la política militante —pertenece al PRI aunque se dice socialista— y llegó a senador por Tabasco
—Ninguna seguridad tengo de vivir seis años como senador, pero el tiempo que me queda lo dedicaré apasionadamente al problema de los campesinos
A los 77 años de edad, Pellicer —el trópico le dio “manos llenas de color para que todo lo que toque se llene de sol”— quiere seguir luchando como cuando era joven y estuvo varias veces en la cárcel por escribir, imprimir y repartir en la calle “propaganda subversiva”
—Aunque no siempre en el PRI —recuerda el poeta— he sido político desde muy joven: desde que participé en la campaña del maestro José Vasconcelos para la Presidencia de la República Esa fue la primera vez que estuve una temporada en Lecumberri
La última vez que cayó a la cárcel fue hace siete años por repartir, en el primer cuadro de la ciudad, “hojas violentas contra el imperialismo norteamericano”
Nunca ejercí la política como profesión, y por eso quedé muy sorprendido cuando el nuevo gobierno me hizo el honor de ofrecerme la candidatura para senador por Tabasco Acepté porque pienso que estaré en mejor posición para luchar por la causa de los campesinos
Asegura que aunque no fuera senador, de todas maneras, como poeta, actuaría políticamente:
—Muchos poetas han sido políticos Muchos Desde Homero y los profetas bíblicos, que además de profetas eran grandes poetas, hasta Víctor Hugo en Francia, Enrique Heine en Alemania Y en América la lista es larga: desde Chocano, Rubén Darío y Martí, hasta Pablo Neruda
¿Son compatibles sus ideas socialistas con su militancia en el PRI?
—Bueno ese partido tiene una meta altamente humana Y eso es más que suficiente para que yo pueda considerarlo como apto para el socialismo
Pellicer ve el porvenir de México “hondamente dramático”, porque no obstante que los presidentes de 1917 a la fecha “han trabajado innegablemente”, también “es cierto que no realizaron todo lo que se habría podido hacer”
Dos —dice— son los factores que han impedido el auténtico progreso de México:
La falta de una verdadera educación cívica, y el desencanto en que han caído las masas por causa de la corrupción
Y afirma:
—El momento histórico es de combate Estamos acercándonos a una gran transición en la historia humana, para que las mayorías dejen de ser víctimas de la explotación Nunca he creído que se llegue a la perfección, pero siempre he pensado que las cosas no solamente deben, sino que pueden cambiar hondamente para que unos cuantos no sigan viviendo en jardines suspendidos, mientras casi todos viven en el sótano
En cuanto a su obra artística, Pellicer se considera “un escritor frustrado” Y da ejemplo de su frustración:
—Tengo allí —señala su mesa de trabajo— dos proyectos para grandes poemas que nunca pude realizar El Fondo de Cultura publicó recientemente dos trabajos míos que suman más de 500 versos y llevan el mismo título: Esquema para una oda tropical que nunca pude escribir Y de otro poema, el del Valle de México, no queda ni siquiera el esquema
Y en cuanto a su actitud como ser humano, Pellicer también se juzga severamente:
—Me acuso —dice, y su voz se vuelve humilde— de no haber hecho a mis semejantes todo el bien que habría podido hacerles
Quizá por eso insiste:
—Hasta que muera seguiré luchando por la causa de los campesinos En México, queramos o no, las cosas cambiarán a favor de los desheredados Y digo esto porque siempre he creído que sin el sentimiento de la esperanza, fundado en la justicia y en la belleza, la vida no tiene sentido Y nadie, ya sea senador, poeta, periodista, o lo que sea, nadie puede ser ajeno a la injusticia social
Sin embargo, Pellicer aclara que “la pelea debe ser, en primer lugar, contra uno mismo”, para erradicar “todo lo que de malo hay en nosotros mismos”
—Hay que luchar —reitera— por la justicia En la lucha los hombres se hacen buenos, independientemente de que sean jóvenes o viejos
Inclusive Pellicer piensa que, en él, ser “gente de pelea” es una fatalidad:
—Cuando querer ser gente de pelea es una convicción, entonces la edad ya no importa Cuando hay una convicción absoluta de que uno nació para pelear, pues se muere uno peleando aunque sea con los médicos

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