“Barrio bravo”, de Celso Piña

“Barrio bravo”, de Celso Piña
Roberto Ponce
Celso Piña es un clásico de la música popular
No sólo de Monterrey, sino del resto de América La razón se explica porque ha sabido, en 20 años de carrera, literalmente “apechugar” en su acordeón y voz el sentimiento musical de la cumbia y el vallenato colombianos desde la amigable calle La Palma de su Cerro de la Campana
Para este plato láser, Barrio bravo (producción de Julián Villarreal y Alfonso Herrera en la disquera MCM), Celso ha convocado a rockers de coraza regia como son los anegrados Control Machete y la onda chúntara de El Gran Silencio; pero también hay toques chilangos de Café Tacuba y Santa Sabina, amén de otras travesías amazónicas con los serpenteos amazónicos de Eder da Rosa Alves
Las geografías desaparecen y transparentan el sonido global que acompaña la oncena de piezas, todas interpretaciones de artistas en gustoso croosover Es un Barrio pobre que se deja cubrir con un manto característico de rico ambiente auditivo, envolviendo al escucha precisamente por el sello del acordeón y el canto de Celso
Cumbia sobre el río (Suena) explota la candela con rapeos de Control Machete y Blanquito Man Tras el interludio, Café Tacuba y Quem toman locuaz alternativa de jarana y juego de cuerdas con Gabriel Bronsman de Resorte; más cavaquinho, surdo y coral sambiñeiros de Eder en Sólo quiero un Xodo, Celso respirando fiel la melodía del solo en amorosa progresión armónica Viviendo en sueños concluye la trilogía participativa de Eder, a tristeza vocal de Celso
La primera cumbia llanera acopla el acordeón de Jorge Leal de Los Humildes en Al pensar en ti y Rubén de Café Tacuba (Rita Cantalagua en los créditos) vuelve al quite bolero en Aunque no sea conmigo Celso conmueve con su grito Cumbia de la paz, “de los bravos guerreros que ahí morían, en la paz de la cumbia”
José Guadalupe Lupe Esparza da un toque de fineza en el sentimiento de Gitana, vallenato profundo como para no olvidar a la sabrosa colombiana en pleno jolgorio de Santa Marta; bajo quinto de Aarón Martínez, tumbao y güiro de Rudy Wong más acordeón de Juan Cárdenas de La Firma Cumbia poder fusiona las energías del acordeonista con el grupo regiomontano número uno, El Gran Silencio Poncho Figueroa de Santa Sabina es quien manda al bajo en las cuartetas de agradecimiento Verseando pa’ mis amigos por Celso, el trovero que improvisa feliz:
De toditos los rincones/ llegaron artistas varios/ para acompañarme a mí/ en mi 20 aniversario
El segundo interludio anuncia el adiós con Sé que no gustas de mí Hay intensidad en la voz quebrada de Celso, quien entrega la intención musical en acordeón preciso, sin complejos, aquel que anima las fiestas de Nuevo León, sonideros y despide este compacto
Ya desde los años setenta existió en Guadalajara un paralelismo artístico evocador de la aventura Barrio bravo de este “rebelde del acordeón”, como se le conoce, con el grupo llamado Toncho Pilatos, si bien la ambición era genéricamente diversa: integrar universalidades musicales entre la electrónica del rock y los violines mariacheros, a tiempos terciarios y otras complicaciones rítmicas al servicio del son jalisciense
Celso ha llegado en el momento justo para disfrute de las nuevas generaciones Como dice Carlos Monsiváis en uno de los textos de la bien presentada caja:
“Celso Piña es un conductor de tribus Si viviese en tiempos medievales, sería considerado acordeonista de Hamelín, en memoria del rencoroso que al tocar la flauta, sedujo a los jovencitos que lo siguieran hasta no saberse más de ellos Celso Piña, rebelde del acordeón y emperador del Cerro de la Campana, es un fenómeno social como bien dicen, y un fenómeno musical como bien se oye”

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