Elitismo intelectual

Elitismo intelectual
Francisco Carmona Nenclares
Es de preocupar la significación del “elitismo intelectual” que nos sale al encuentro otra vez Extraña contumacia Por lo pronto no significa una sola cosa sino varias entrelazadas; vea el lector algunas, bastante inocentes: designa un grupo de individuos que escribiera para autoelogiarse, un grupo de sabihondos con la vara de la petulancia golpeando la cabeza de los ciudadanos, un grupo de tipos endiosados que sobre el plinto del propio yo contemplara su perfecto ingenio, su maravillosa inteligencia, su inconmensurable arte de vivir, un grupo de escribidores hipócritas, textos de puritana fiereza y oculta mano tendida, un grupo de lacayos de los omnipotentes intereses materiales, ciegos de soberbia; por último, un grupo de plumíferos atrapados por la insania Hay variables para todos los gustos
Pero, amigo lector, ninguna de estas significaciones corresponde al sentido genuino de la “élite intelectual”: sólo les es común la idea de un grupo socialmente abortado más que de un grupo selecto comprometido en los valores esenciales de la vida humana comunitaria ¿Citaremos Freud el pesimista? Dice que la idea de la élite la crea una cultura desarraigada de esos valores, incapaz de sublimarlos y, por tanto, agresiva y aniquiladora ¿Qué puede hacer el individuo? En el desarraigo juzga la cultura de endiosamiento o de vicio solitario En un mundo que sólo se entiende por conceptos mecánicos, aparatos y beneficios, uno descubre pronto la miseria de la vida aislada Según Marcuse, el poder del hombre actual descansa en el yo agresivo —el otro, el prójimo, es algo que hay que vencer porque se resiste
Nuestra frustración más grave proviene de los poderes dados al hombre por la ciencia y la parálisis que rige la manera de emplear esos poderes ¿No han multiplicado su influencia sobre la vida social con las técnicas electrónicas? Sin embargo, las actitudes intelectuales, los sistemas de elegir decisiones, los códigos profesionales, apenas han cambiado: sólo se insinúa por causa de sentirnos recluidos en nuestra realidad solitaria la urgencia de cambiarlos Y es aquí donde aparece la idea fundamental de nuestro tiempo: la primacía del nosotros sobre el yo insular Todo el pensamiento del siglo XX Nuevo Espíritu comunitario que hace patente el fracaso del elitismo El pronombre “nosotros” es una de las palabras claves de nuestra atormentada situación histórica ¿Acaso no declara nuestra constitutiva abertura al otro?
Y escribe Gabriel Marcel: “Hay mi conciencia y tu conciencia, no un yo pensante único y universal”, donde el elitismo habría de encaramarse, la cabeza en las nubes y los pies en la tierra Absoluto y monopólico

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