Autoexamen de Carlos Chávez

AUTOEXAMEN DE CARLOS CHAVEZ
José Antonio Alcaraz
Anualmente, son muy pocos los conciertos de música de cámara, en nuestro medio, que tengan interés más allá de lo habitual y la rutina Las actividades de la Asociación Ponce, la Biblioteca Franklin y El Colegio Nacional cubren esta tan necesaria actividad, con directivas orgánicas claramente establecidas
Una sesión musical pública es, por vocación, algo otro que una compilación al azar de obras y autores sin nexo Es —sería, en el mejor de los casos— una entidad organizada cabalmente, en que cada uno de sus componentes estuviera interrelacionado a los demás dentro de una vista de conjunto: a la vez perspectiva y atención al detalle

Decir que los puntos de partida, con el lógico enfoque derivado, para efectuar una sesión congruente de música de cámara —alejada del repertorio concebido como sinónimo de capricho despreocupado— son numerosos y posibles, es caer en la obviedad sin coartada posible
Así, este año Carlos Chávez (1899) dedica sus sesiones en El Colegio Nacional al autoexamen: su catálogo pianístico será corporizado por tres intérpretes que han demostrado particular devoción y-o acierto para la ejecución de la obra del compositor mexicano
William Masselos, Alan Marks y María Teresa Rodríguez son los pianistas escogidos por el propio Chávez para realizar la exégesis de sus partituras; en ellas puede apreciarse claramente la trayectoria evolutiva, nunca autocomplaciente, jamás estancada o carente de imaginación, de este autor mexicano
La escritura pianística de Chávez se caracteriza por su concisa claridad de líneas, vigor interno, y hábil explotación de recursos específicamente pertenecientes al instrumento: esta “objetividad”, enemiga de lo superfluo, permite al auditor captar cada secuencia y sus pormenores con nitidez Chávez no divaga jamás; con igual éxito realiza estructuras inscritas dentro de las formas clásicas con un acabado impecable o bien nociones altamente personales, como la “no-repetición” que tanto le ha obsesionado en los últimos años: “las ideas se encadenan unas con otras, se derivan unas de otras sin reaparecer jamás Es como una cadena en que un antecedente de un consecuente que se vuelve a la vez antecedente de un nuevo consecuente, para seguir siempre ese mismo proceso hasta el fin” Desde el más estricto juego contrapuntístico hasta la rica vitalidad derivada de una sonora renovación incesante de material, se logran con habilidad táctica y fértil poder creativo: rigor, precisión conceptual y limpieza de dibujo se alían en vigoroso equilibrio
La música pianística de Carlos Chávez reclama la atención urgente del auditor: es la realización de un compositor que ha trascendido todo posible pintoresquismo —tanto local como externo— gracias a una personalidad específica dotada de voz autónoma y que, si bien se encuentra en la actualidad alejada de las directivas presentes de la música (mismas de las que alguna vez formó parte, en su tiempo correspondiente), nos ofrece hoy la posibilidad de un examen concreto
Entre juvenilia, trabajos didácticos, transcripciones, arreglos y obras maduras, el catálogo pianístico de Chávez se acerca ya al centenar de partituras El propio autor ha elegido varias de entre las más representativas para realizar este ciclo De la Sonatina escrita en 1924 al asombroso Estudio en Segundas (1973) —dotado de virtuosismo trascendente—, pasando por el opus magnum; la Invención (1958), el actual análisis factible de la producción pianística de Chávez pone de relieve cuán leal consigo mismo sigue siendo este músico mexicano quien ha escrito: “una obra maestra es siempre un experimento que tuvo éxito y la comprobación de ello sólo puede encontrarse en el curso del tiempo”

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