1932-2002 “in memoriam” emilio garcía riera

Hace unos días, al cabo de una enfermedad prolongada, murió en Guadalajara el historiador de cine Emilio García Riera, que en rigor inicia esta profesión en México y al que se le debe un hecho cultural de primer orden, Historia documental del cine mexicano, editado primero por ERA y luego por la Universidad de Guadalajara Al respecto, unas notas
Década de 1950 Un contador público o privado (la diferencia entonces es el uso del CPT, Contador Público titulado) va al cine casi todos los días, toma nota de sus aceptaciones y rechazos, registra los nombres de actores y personajes, construye su fichero, lee revistas francesas (Positif, Cahiers du Cinema) y se detiene en la observación admirativa, divertida y muy crítica del cine mexicano, entonces una industria al punto del declive pero todavía parte orgánica de su público, que con frecuencia no distingue entre película mexicana y experiencia familiar
Emilio García Riera, el contador que se aburre cuando no ve o comenta filmes, es fanático del cine francés y del cine estadunidense al que, parcial pero belicosamente, la crítica francesa ha extraído del rincón de las gringadas Y el cine mexicano le provoca a García Riera sensaciones de extrañeza que mezcla con la gratitud por sus poderes nacionalizadores Al fin y al cabo hijo de transterrados españoles, educado en la lealtad a la República, antifranquista convencido, él en muy buena medida al llegar a México se educa en sus ideas y realidades gracias al cine nacional
¿Qué es entonces la historia del cine mexicano? Anuarios mal trabajados, recuentos intermitentes, entrevistas amables, acumulación de datos, recuerdos vagos, fotos y leyendas que serán mitos que serán instituciones que serán psicología de época que serán el árbol genealógico del sentimiento familiar García Riera, cultor de la Hemeroteca Nacional, consulta a los escasos críticos que, con seriedad, trabajaron durante el auge de la Época de Oro: Luz Alba, muy especialmente, J M Sánchez García, Francisco Pina La tarea es solitaria casi por definición ¿A quién le interesa trasladarse al cine Venus, el Maya, el Colonial, el Coloso, o cualquiera de la Cadena del Piojito, a ver churros? A García Riera se le toma como excéntrico con ribetes de mártir
El esfuerzo no parece desembocar en parte alguna, hasta que un amigo de García Riera, el pintor y diseñador gráfico Vicente Rojo, lo invita a ser el segundo crítico de cine de La cultura en México, suplemento del semanario Siempre! Luego, le pide el texto para el número de Artes de México dedicado al cine mexicano Estimulado por la doble sensación de ser leído y de ver sus juicios convertidos en temas de discusión, García Riera abandona la contabilidad y se entrega a su pasión fílmica Pronto, Rojo le propone publicar un primer libro en Era, la editorial de Espresate, Rojo y Azorín Allí inicia lo que Rojo y García Riera juzgan indispensable: la revisión de una industria tan básica en la educación informal Éste es el origen de Historia documental del cine mexicano Son meses y años de revisar stills, de cotejar la información de hemerotecas y libros, de volver a las películas para anotar, escribir y rescribir las notas Rojo es un editor riguroso y García Riera un obseso del dato y de la interpretación que mezcla sentido común (algo esencial), sentido del humor no siempre compartible, erudición y ganas de admirar
¿Por qué antes de García Riera no se toma en serio al cine nacional, por lo menos al grado de considerarlo historiable? Muy probablemente por el desdén cultural hacia el cine, de ningún modo considerado séptimo arte, y por el rechazo del populismo que produce Nosotros los pobres, Ustedes los ricos, Ahí está el detalle, Calabacitas tiernas y Gran casino (Bueñuel había estado de acuerdo en la inclusión) Por lo demás, y no sin razones, suele esperarse tontería y vulgaridad de la cinematografía que, pasado el deslumbramiento europeo con Emilio El indio Fernández y Gabriel Figueroa, quiere poseer, a semejanza de Hollywood, su Época de Oro
García Riera no está solo por completo en su empresa, aunque en la década de 1960 apenas se advierte su influencia en investigadores jóvenes, y esto, a veces, en forma de crítica a su estilo interpretativo Intrépido, infatigable, revisa las filmografías de, por ejemplo, Roberto Gavaldón, Alberto Gout, Fernando de Fuentes, Juan Bustillo Oro, Julio Bracho, Emilio Fernández, Matilde Landeta, Ismael Rodríguez y su creador predilecto, Luis Buñuel Para García Riera, Buñuel libera las imágenes, aprovecha los convencionalismos y los dinamita desde dentro y es fiel al surrealismo con método que no excluye el realismo Y en su exploración, no sólo reivindica Los olvidados, ya estelar desde el premio en Cannes, sino Él, entonces una obra maestra desconocida, La ilusión viaja en tranvía y Subida al cielo Casi está a punto, pero se detiene, de incluir en su reconsideración un desastre como Abismos de pasión

En 1960 o 61 surge el grupo Nuevo Cine, que significa un vuelco en la consideración cultural del cine y que edita una revista significativa Allí participan, entre otros, Jomi García Ascot, José Luis González de León, José de la Colina, Salvador Elizondo y Manuel Michel En un local facilitado por el hispano-colombiano Luis Vicens, un hombre de generosidad notable, los cineros que ya son cinéfilos polemizan y coinciden en sus puntos de vista con ansiedad hasta entonces infrecuente Y un lazo de unión es la lectura compulsiva de Cahiers du Cinema, la revista francesa que insiste en la tesis del cine de autor, del director como el artífice supremo del filme Esta apreciación exige revisiones profundas pero modifica el modo de ver cine
En la orgía de visiones y revisiones, Nuevo Cine se alboroza con el cine de Hollywood y los filmes hasta entonces ignorados o muy mal vistos de Griffith, John Ford (sobre todo), Howard Hawks, George Cukor, Vincent Minelli, Búster Keaton, Robert Siodmak, Preston Sturges Se establece el placer de la cultura cinematográfica y se retoma la admiración por Carl Dreyer, Murnau, Eisenstein, Pudovkin, que se combina con el estupor ante Fellini, Bergman, Visconti y la Nouvelle Vague, Jean Luc Godard y Truffaut Dicho sea de paso, la llegada del videocasette desvía el rumbo de la cultura cinematográfica al suprimir la ida al cine en grupo, y al individualizar al extremo el gusto fílmico Y el DVD exacerba el conocimiento egoísta al multiplicar las filmotecas hogareñas y al deprimir a los carentes de esas instituciones caseras

Con sistema, García Riera elabora su lista de predilecciones mexicanas Aparte de los filmes de Buñuel (no todos), se eligen en un primer reconocimiento La banda del automóvil gris de Enrique Rosas, La mujer del puerto de Arcady Boytler, Flor Silvestre, Enamorada y Pueblerina de Fernández-Figueroa; La barraca de Gavaldón¸ la serie febril de Ninón Sevilla dirigida por Alberto Gout con guiones de Álvaro Custodio (Aventurera, Sensualidad, Aventura en Río); las obras maestras desconocidas de Fernando de Fuentes: El prisionero 13, El compadre Mendoza y Vámonos con Pancho Villa Sin que nadie lo señale con precisión, se traza el primer gran proyecto de canon del cine mexicano, y el crítico canónico por excelencia es García Riera
García Riera encabeza viajes punitivos o triunfales a cines extravagantes, alienta con recomendaciones la programación de los cine-clubes de la UNAM y del Politécnico, publica notas en La cultura en México, participa en películas (En el balcón vacío de García Ascot), y continúa con Historia documental ¿Y qué emerge entre tanto? Perdido el público de clases medias y roto el convenio multigeneracional que ensalzaba a los ídolos y el melodrama, la industria del cine nacional se despreocupa las más de las veces de su dimensión artística, y se aferra a los dones de los géneros Y sin embargo, no obstante los miles de fracasos, algo se extrae del conjunto, no sólo obras maestras y centenares de filmes buenos o decorosos, sino también y muy centralmente, la calidad interpretativa de un centenar de actrices y actores que proporcionan la verdad infalsificable, la autenticidad de rostros, gesticulaciones, actitudes, habla A García Riera le falta examinar más a fondo los estilos de actuación, pero, por ejemplo, es de los primeros en reconocer el valor del primer Cantinflas, la enorme gracia de Germán Valdés Tin-Tán y Joaquín Pardavé, las destrezas de actor natural de Pedro Infante, y la ductilidad de los actores característicos, de Emma Roldán a Luis G Barreiro, de Antonio R Fraustro a Andrés Soler, de Miguel Inclán al Indio Bedoya No incluye entre sus dioses tutelares a Consuelo Guerrero de Luna y Óscar Pulido, pero nadie es perfecto

El cine mexicano pasa de la alabanza casi unánime de su público (los cines colmados los fines de semana, el año que dura Nosotros los pobres en su cine de estreno, los convenios de edades y familias a propósito de los Monstruos Sagrados) al rechazo de las clases medias, la reconsideración crítica de un puñado de cinéfilos, y el status de culto de que hoy gozan películas, géneros, actores García Riera no es partidario del camp o del kitsch, y sin embargo orienta diversas corrientes interpretativas muy ligadas al barroquismo de los actores Ya construido el canon, ¿quién imaginaba no sólo el deleite de adolescentes y jóvenes ante Tin-Tán y Pardavé, sino el fervor hilarante ante actores característicos muy desdeñados en su época, como Mantequilla, Agustín Isunza, El chicote, Vitola y el desafiante Lalito Montemayor, él sólo una marcha gay por su cuenta y riesgo? Al fijar su filmografía, al evidenciar hasta qué punto el cine no nada más integra por décadas a los hogares mexicanos, sino fija también las claves interpretativas de gran parte de lo real, García Riera incita a la arqueología y la sociología del cine

Instalado en Guadalajara donde funda y conduce un centro de investigación y estudios cinematográficos, García Riera dirige una serie de monografías importantes de la nueva generación de críticos, y publica varios libros de historia del cine y de ensayos El rector Raúl Padilla le propone la edición ampliada de Historia documental del cine mexicano García Riera alcanza a publicar 18 tomos, y es de esperarse su complementación sistemática Es muy recompensante leer Historia documental Basta el repaso de las tramas, casi todas fruto de la improvisación delirante, para recordar cuán opresiva y cuán liberadora a la vez ha sido esa parte de nuestra educación sentimental ¡Qué fracaso de las pretensiones! ¡Qué éxito del talento natural! ¡Qué pulverización obtiene la avidez económica! ¡Qué amor correspondido al melodrama!
Emilio García Riera es uno de los grandes historiadores culturales de América Latina

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