imre kertész dice a proceso: “europa no ha hecho la catarsis del holocausto”

BERLÍN – Imre Kertész habla a la perfección el idioma que empezó a aprender en la escuela y después de modo imperativo en los campos de concentración Durante la entrevista con Proceso, oculta bajo la mesa su mano derecha, que tiembla sin pausa, a fin de no incomodar a su interlocutor Porque la amabilidad parece ser para este hombre un bien preciado
Por eso, ante algunas preguntas, gotas más de la marea que lo ha azotado en estos días, el hombre de llovido pelo cano hace un esfuerzo Su persona emerge por debajo del cansancio Entonces, con mirada de niño ingenuo, Imre Kertész ríe Eso dará pie —más adelante— a un diálogo sobre la tristeza y la alegría Pero por lo pronto se le pregunta:
—¿Quiere presentarse?
—¿Con mi nombre? Soy Imre Kertész ¿Así dice usted? Nací en 1929 Fui llevado al campo de concentración de Auschwitz en 1944, liberado en el campo de Buchenwald por los norteamericanos en 1945 Trabajé como periodista y escribí también obras musicales y para la radio Después vino un largo proceso de escritura, del que han surgido varias novelas Y así he seguido trabajando, hasta ahora

—¿Quién es usted en este momento?
—Soy dicen que soy el Premio Nobel —reacciona por sobre el cansancio Imre Kertész
Ser escritor es para Imre Kertész un designio arduo Su obra, basada en el holocausto al que sobrevivió de adolescente, maduró en la oscuridad y en el anonimato de la censura estalinista en Hungría Su refugio es a la vez su única arma: el ejercicio doloroso y arriesgado de buscarse en su verdad
Interrogado sobre la justicia, se refiere al arte La tarea de éste es a su juicio presentar y describir, pero no juzgar La opinión invita a revisar las páginas de su novela Sin destino Bajo el color de este cristal ve el campo de concentración de Auschwitz el adolescente György Köves, otro yo del escritor de origen judío, nacido en Budapest hace 72 años, flamante ganador del Premio Nobel de Literatura
La mirada diáfana de György, ajena a la condena o la ira, genera una incomodidad ambigua El personaje casi niño lleva a los lectores por un camino donde flaquean la dirección y el suelo Describe las experiencias en Auschwitz sin percibirlas del todo A su llegada, convencido de que su papel será el de trabajador, el resto de los presos le inspira desdén o a lo sumo lástima Simpatía en cambio le despierta el médico que lo examina antes de enviarlo a que lo rapen y lo desinfecten Y admiración esos oficiales nazis, disciplinados y pulcros, con sus cuerpos esbeltos y sus rostros en los que hay gestos particulares, piel cargada, brío en los ojos, en contraste con el sonambulismo de los cuerpos fantasmas, entre los que él mismo se contará muy pronto
La obra de Imre Kertész es ante todo una confrontación con la memoria Empezó a escribir Sin destino 15 años después de su liberación El trabajo le llevó 10 años La publicación húngara en 1975 pasó inadvertida Su visión del nazismo no era la que el régimen promovía Fiasco (1988) narra la historia de un hombre convencido de que debe a toda costa escribir un libro Se tortura y lo escribe Pero al final el libro es rechazado Kaddisch por el hijo no nacido (1990) es el monólogo de un hombre a quien se le robó la oportunidad de tener hijos En sus trabajos en forma de diario, Diario de la galera (1992) y Yo, el otro (1997), Kertész reflexiona sobre las condiciones de la propia existencia Se observa como a esa persona que los demás ven en él, un judío, un húngaro; un ser en el que él mismo, ajeno a las banderas y a los credos, no se reconoce
El peso de la ironía
En estos días Kertész está en Berlín, Alemania, a merced de la paradoja En la sociedad que hace apenas medio siglo lo condenó al sufrimiento y la humillación La que dio pulso y lengua a la obra de Kant, Nietzsche, Canetti, Freud o Wittgenstein, que él se ha encargado de traducir al húngaro La que tras la caída del Muro le abrió las puertas del mercado editorial y del reconocimiento
La segunda traducción al alemán de Sin destino está considerada la mejor obra jamás escrita sobre el holocausto Aceptación debida, según Kertész, a que quizá tiene algo que decirles a los alemanes
Siempre que pienso en una nueva novela pienso en Auschwitz, sostiene
—Alguna vez usted dijo que quizá su literatura es triste, pero que usted es una persona alegre ¿Qué peso tienen la ironía y el humor en su vida y en su obra?
—Creo que el humor y la ironía juegan un papel muy importante en mi obra Son una forma de ver las cosas Uno deja que el material se enfríe, para poder dirigirle una mirada distante Entonces debe surgir la ironía, que tal vez mitiga la dureza, pero al mismo tiempo la agudiza
—¿Es al mismo tiempo la ironía una forma de resignación?
—También La ironía hace que todos los juicios fuertes y las experiencias duras se diluyan en una forma de humor Eso es importante De este modo uno se puede acercar más a los lectores
—¿Puede el humor ser una forma de resistencia?
—Por supuesto El humor siempre juega un papel muy importante en las dictaduras Por ejemplo, en Budapest, cuando ya no se oían chistes y todo estaba en orden, podía ser un poco aburrido, muy cómodo Pero, en cuanto la cosa se pone dura, surgen automáticamente Budapest es una ciudad con una gran inclinación hacia el chiste
—Usted dijo que películas como La lista de Schindler no contribuyen al verdadero debate de lo que con el nazismo le pasó a la cultura, no sólo judía, sino europea
—Lo que dije es que el señor Spielberg no es totalmente consciente del significado profundo del holocausto Eso falta en su película, que es muy kitsch, porque él supone que haber sobrevivido es el triunfo absoluto Pero el holocausto ha sido para la humanidad una derrota, ningún triunfo, a pesar de que muchos sobrevivieron No hay entre quienes sobrevivieron un sentimiento de victoria El holocausto ha sido un enorme trauma que redujo la cultura ética europea a un punto cero Cuando uno quiere plasmar el holocausto, debe incluir esta pérdida
—¿Cuánto tiempo cree usted que se necesita para superar este trauma?
—Un psicólogo diría que se necesitan tres generaciones La generación que lo ha sufrido y lo reprime, la siguiente que vive en los síntomas, y la tercera que los procesa hasta que desaparecen Si con el holocausto habrá de ser así, es todavía cuestionable He escrito, e insisto, que el holocausto es un trauma de tal magnitud en la cultura europea, que todo debería comenzar a partir de él Pero esto no ha sucedido Desde Auschwitz no ha pasado nada que niegue lo que fue y supuso Auschwitz La vida no ha cambiado No se ha registrado una catarsis ¿Qué significa catarsis en este sentido? Es algo que no puedo imaginarme concretamente, pero que implicaría una forma de cambiar la vida
—¿Y qué es lo que contribuye a que se pueda superar semejante trauma, la literatura, el arte?
—Si creemos en lo que dice Nietzsche, entonces el arte es el verdadero trabajo metafísico del hombre El arte todavía es muy importante, pero cada vez jugará un menor papel Si se terminan la fe, la religiosidad y el arte, no sé qué quedará para la humanidad Sólo los medios de comunicación masiva
Devoción ante la muerte
—Y en lo personal, ¿vivió usted de adolescente esas experiencias con la cabeza fría, o de manera inconsciente, entendiéndolas después a través de su trabajo literario?
—Así fue Viví todo, y quizá hubiese olvidado todo, si no hubiera vivido en una dictadura que me lo hizo recordar Siempre digo que el socialismo fue para mí como una especie de Magdalena, a través de la cual Proust narra todo el pasado La dictadura socialista me hizo comprender lo que había sucedido en mi niñez durante la dictadura nazi
—¿Cómo vivió usted esa cercanía con la muerte? ¿Era consciente del hecho de que tanta gente era asesinada enfrente suyo?
—Sí Pero en el campo de concentración yo también llegué a ese estado en el que uno ha perdido todo tipo de actitud y abandonado toda postura Recuerdo un momento en el que yo también morí en cierto sentido Me acosté en un lugar abierto, y me sentí muy bien Esto es interesante: cuando uno está muy cerca de la muerte, surge un sentimiento de devoción Uno está dispuesto a morir Ese estado también lo describí en mi novela Un estado extraño, en el que uno no se fija para nada en lo que lo rodea, el campo de concentración en este caso Uno está feliz en cierto sentido y dispuesto a morir, y está agradecido por la larga vida que uno pudo o le ha sido permitido vivir
—¿Qué diferencia hace usted entre cautiverio corporal y espiritual?
—Son dos cosas que van juntas Se dice que uno puede tener un cuerpo débil pero una actitud fuerte Eso nunca lo viví No creo que exista esa posibilidad Lo que yo viví de niño es que cuando uno se desmorona físicamente, también el espíritu se debilita También he oído otras cosas, como que con un cuerpo débil y muchas heridas todavía se puede ser fuerte y dar fuerzas a sus semejantes Puede que así sea Mi experiencia es que quienes en el campo de concentración estaban cada vez más débiles y peor alimentados, menos resistencia ofrecían
—En su libro Sin destino usted muestra que incluso en tales circunstancias es posible un cierto modo de felicidad ¿Cómo llegó usted a rescatar este aspecto, tantos años después de haberlo vivido, siendo que el recuerdo podía haberle despertado antes un sentimiento de ira?
—Con ira no se puede escribir Es necesario que uno vea su propia historia como un material Imagine usted que tiene una vivencia sin forma, un montón de sentimientos sin forma, todo eso lo guarda en el refrigerador y después lo saca y empieza a contemplarlo A partir de ese material sin forma hace usted un cristal Eso es escribir una novela Yo tuve que decidir si quería escribir un libro autobiográfico o una novela, y me decidí por una novela Eso significa que poco a poco uno se va independizando del material Una novela tiene una composición, un lenguaje, una trama, que deben integrarse Para eso es necesario que uno se libere de sus experiencias
—¿Cómo hizo para encontrar un nuevo enfoque de un tema como el holocausto, del cual ya tanto se había escrito?
—En mi caso fue, tal como lo escribí en mi novela Fiasco, una iluminación súbita, algo así como una visión: supe cómo y de qué tenía que escribir Yo era joven, no sé cómo es con otros escritores Tal vez algunos ya están preparados desde pequeños Otros, como el pintor Gauguin, descubren muy tarde que tienen que pintar y por lo tanto que cambiar su vida En mi caso, un día, caminando por la calle, experimenté algo así como un soñar despierto Hasta ese momento había escrito, pero no sobre las cosas esenciales, o cuando lo hacía sufría Pero entonces me llegó una especie de orden, que uno no podía sino seguir Tú tienes que escribir esto y aquello, independientemente del entorno de la dictadura, y del mercado literario, del que no puedes participar porque te volverías loco Te tienes que ganar la vida de otra forma y escribir acerca de las cosas importantes
—Usted ha dado en estos días una cantidad impresionante de entrevistas ¿Cómo se siente?
—Tengo que decirle que estoy cansado —dice Kertész y ríe— Pero esto es parte del asunto Es una hermosa oportunidad
—¿Se han convertido las entrevistas en una parte acostumbrada de su vida?
—Sí, pero esto va a terminar cuando esta primera gran ola se tranquilice un poco Creo que después de la entrega del premio voy a poder volver a mi novela, a mi habitación
—¿Es lo que transmiten sus palabras y su imagen a través de las entrevistas, una parte de su obra?
—Absolutamente no La obra surge en la calma y en la soledad Pero claro que cuando uno recibe un premio como éste, cuando uno es distinguido de esta forma, se vuelve uno una persona pública Y a pesar de que este papel es un poco ajeno a mí, hay que cumplirlo, porque en la democracia es una obligación llevar a la gente hacia el consenso Uno tiene que expresar este consenso una y otra vez, y repetirlo, y reafirmarlo, para que sea un valor estable de la vida

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