manuel álvares bravo: retrato de un surrealista tangencial

Hace siete años, Manuel Álvarez Bravo dio una entrevista a Guadalupe Alonso y José Gordon, periodistas de Canal 22 En un breve segmento, partes del diálogo fueron difundidas en aquellos momentos por el propio canal Con autorización de los entrevistadores, Proceso reproduce la transcripción de la entrevista completa, como un homenaje al gran fotógrafo fallecido el pasado 19 de octubre, a los 100 años de edad
Octavio Paz definía a don Manuel Álvarez Bravo como un surrealista tangencial: sus fotografías revelan imágenes subversivas, una mirada que transfigura la realidad Encontramos al artista en su casa de Coyoacán: lleva una camisa gris abotonada hasta el cuello y una bata corta de un tono gris más oscuro que contrasta con el cabello blanco De no ser por la piel sonrosada del rostro, podría recordarnos los matices de sus fotografías Tras la imagen apacible, tras los lentes redondos de aros negros, está la lente de su mirada inquieta Colocamos las cámaras de Canal 22 bajo la sombra, para resguardarnos de la luz intensa de un día de mayo de 1995 Le comentamos a Don Manuel que queremos saber de sus primeras imágenes como fotógrafo
—En realidad, el único documento que tengo de cuando empecé a fotografiar es el de una revista de 1924 Indudablemente empecé antes Las primeras imágenes de las cuales podría hablar tal vez serían las que mandó Tina Modotti a Weston para una exhibición de fotografía latinoamericana en Alemania Las recibió tarde, pero me envió una carta muy interesante
“Si hablamos de esas imágenes como si fueran las primeras fotografías, podría señalar particularmente una, con influencia de Weston pero esencialmente de Hokusai, esa fotografía representaba a una roca con un movimiento similar al de la ola de Hokusai Siempre me han gustado mucho la pintura y el grabado japonés”

—¿Cómo fue su primer encuentro con una cámara fotográfica?
—Comencé a tomar fotografías como todos los muchachos en mi época, con una cámara de alguno de ellos Ese fue el primer contacto El sentido propiamente dicho de la fotografía llegó tardíamente Fui burócrata del año 1916 al año de 1930 Me gustaba observar las máquinas de sumar, cómo caían las tiras de papel y hacían distintas formas en el suelo Tomé varias fotografías de esos papeles A la que considero la primera, le puse el título Roca cubierta de líquen Es notable la influencia de Weston y Hokusai, pero el hombre toda su vida está sujeto a influencias en cualquier terreno, porque desde que nace, vive de influencias y aprende de influencias
—¿Cuándo descubre que va a dedicarse completamente a la vocación de la fotografía?
—Me desprendí de la burocracia en el año de 1930 para dedicarme a la fotografía de los pintores Fue una época sumamente difícil porque no era lo mismo tener un sueldo de auxiliar de contabilidad de primera, que era muy buen sueldo, a de repente tener que fotografiar un cuadro Fue difícil, pero me enseñó mucho Desde luego, me relacionó con los pintores, un paso sumamente importante en mi vida: el conocimiento de Diego, de Clemente Orozco, de Siqueiros y la amistad profunda con Rufino Tamayo, que duró hasta su muerte Con Rufino Tamayo viajé por la República, quizás hubo una influencia mutua por la comunicación continua que tuvimos Yo lo veía trabajar, paseábamos y tomaba fotografías junto a él
De la amistad con Tina Modotti y otros creadores
Don Manuel nos habla del círculo de amistades de esos días:
—Tina Modotti tenía mucho trabajo para ganarse la vida y también mucho trabajo político, yo tenía mi trabajo burocrático pero eventualmente le hablaba por teléfono, hacíamos una cita un poquito rápida y era muy interesante Ella me obsequió una fotografía platino que todavía tengo y yo le obsequié justamente la Roca cubierta de líquen Un día, al ir a saludarla, me dijo: Mire Manuel Entonces abrió un mueble Adentro estaba la fotografía que yo había tomado Me dio mucho gusto Ella siempre me enseñaba las fotografías nuevas que le mandaba Weston
“Tina me recomendó directamente con Diego Rivera para tomar las fotografías de pinturas que ella iba a dejar de hacer La primera que tomé fue de uno de los frescos de la Secretaría de Salubridad Pública
“La primera vez que vendí una fotografía fue a Carlos Mérida en una pequeña galería que creo que se llamaba Posada Era un pequeño platino que representaba justamente el rollo de papel que yo había tomado mucho antes La compró en 20 pesos Pasó el tiempo Seguí trabajando, ganando para vivir En el año de 1934, Cartier-Bresson y yo tuvimos una exposición en México, esa muestra pasó a Nueva York Alguien me conoció en esa galería y vino a México a comprarme una fotografía Fue una sorpresa La fotografía se estaba desplazando, esto es muy importante para el artista, que se desplace, que se universalice, que circule el alimento para el espíritu
“Tuve mucha amistad con los pintores, también con los literatos Tamayo me presentó a Villaurrutia Mi placer por la lectura siempre fue enorme Yo creo que empecé a leer antes de que tuviera uso de razón Leía desde Los bandidos de Río Frío hasta Dostoievsky y Cervantes”
Un encargo de André Breton
—En 1934, André Breton me encargó una fotografía para la exposición surrealista que iba a tener lugar en la galería de Inés Amor Estaba yo en la Academia de San Carlos en una fila, esperando recoger mi sueldo —que entonces se daba por decenas— cuando recibí una llamada de parte de Breton, quería que yo hiciera la portada para el catálogo de la exhibición surrealista Fue una sorpresa tremenda La prontitud produjo una fotografía que esencialmente es surrealista, porque todo se dio de manera automática Se me ocurrió que la modelo de mi clase, que estaba junto a mí en la fila, hiciera un desnudo ¿Dónde? Pues en la azotea Le pedimos al que cuidaba la puerta en las noches que nos prestara su sarape Como estaba muy cerca La Merced, le pedimos también que se fuera a traer unos abrojos Luego le hablé por teléfono al doctor Francisco Arturo Marín y le dije que si podía venir a vendar a una modelo Se asustó y vino muy rápidamente con sus vendas Se dio una serie de automatismos porque hasta mucho más tarde me di cuenta de que esas imágenes venían de mi amistad con el grupo de Ana Sokolov, que se vendaba los pies para bailar De allí vino probablemente todo esto Esa fotografía, esa presentación no se publicó porque al llevarla a la imprenta dijeron que ellos no podían pasar ninguna fotografía en que se viera el vello Esas cosas no sucedían nada más en México, cuando hice una fotografía de otra modelo, como era a colores la mandé a revelar a Rochester y me sucedió lo mismo: no se podía por lo del vello
Técnicas para retratar desnudos
La picardía se asoma en los ojos de Don Manuel cuando nos habla de cómo convencía a las mujeres para las fotografías de desnudos:
—Tomar fotografías de desnudos es un poquito diferente Por ejemplo, uno platica con una amiga y sale el tema del desnudo, entonces cuando ella se siente libre para platicar de sus problemas, uno le pregunta que si le gustaría posar, entonces dice que no, que por su novio, pero en otras ocasiones dice que sí
“Les voy a contar una anécdota del primer desnudo que hice ya afuera de la academia donde teníamos modelos Un día llegó a conocerme una profesora de fotografía de San Francisco Bueno, pues nos conocimos, platicamos y de repente se me ocurrió decirle: ‘¿Le podría yo tomar una fotografía, quiero decir un desnudo?’ Ella me dijo: ‘Nunca he posado desnuda, pero se trata de la fotografía bueno, le posaré a usted, nada más que ahorita tengo pendiente un viaje a Acapulco De regreso le posaré a usted’
“Regresó y me resultó un poquito repentino el asunto, a veces uno no está preparado Quería cargar el rollo en la cámara Hasselblad y se me dificultaba Como ella era profesora de fotografía en Estados Unidos entonces tomo la cámara y preparó el rollo Ahí estaba yo sin saber qué hacer, ahora que ya se había dado el momento, ¿qué podía hacer? Pues ponte aquí, ponte allá Finalmente hice los desnudos, entre ellos está el titulado La fruta prohibida”
—¿Cuál es el mayor temor de un fotógrafo?
—¿El mayor temor de un fotógrafo? —se queda pensando, dispara suavemente—: El fotógrafo no creo que tenga temor, tiene fracasos
—¿Hay alguna imagen de la que se arrepiente no haber podido capturar?
—No Hay tantas posibilidades, hay tantas posibilidades —de pronto rectifica—: Sí, sí, sí retratos no retraté a personas tan importantes como el maravilloso padre Garibay, un hombre entero, y no retraté a León Felipe Son dos ejemplos nada más para determinar cómo sí se siente no haber hecho alguna fotografía
—¿Se puede tocar el alma a través de una fotografía?
—A veces, cuando está totalmente lograda la fotografía, resulta que ha habido entre la persona y el fotógrafo un choque que los ha identificado, eso es todo, nada más
“Las dos cosas más importantes para la fotografía —subraya el artista con una inclinación del cuerpo— son la realización de la obra y la economía Todo aquello que sirva para alimentar ya sea el espíritu o el estómago es mercancía
Don Manuel se emociona con lo que acaba de decir:
—Es tremenda la frase, es preciosa, les voy explicar por qué y cómo Cuando se produce esa mercancía, el fotógrafo o el pintor no piensan en nada más que emprender su trabajo Está tomando la fotografía y clic, clic, qué economía ni qué centavo ni qué nada, está realizando su fotografía Se va al cuarto oscuro y está trabajando para la realización de su fotografía Está produciendo arte Ese arte no se pierde una vez que se ha convertido en economía Aunque esté propensa a cambiar de valor, es una obra de arte, sigue siendo una obra de arte
“Por otra parte, cuando el espectador se entrega a la obra, está recreando en sí mismo la obra, la está teniendo dentro de sí Por eso, cuando uno está leyendo a Joyce, ¿qué tiene que ver Dostoievsky? Como en la pintura, uno se entrega completamente a la obra, si no, no se sabe leer”
Al terminar la entrevista, don Manuel nos habla de las nuevas tecnologías en la fotografía Es un hombre abierto a los nuevos sistemas de cámaras automáticas que permiten que uno no piense en el tiempo, la posición o el diafragma Si acaso, les encuentra un defecto: no pueden interpretar la naturaleza, pero el automatismo es bueno, dice don Manuel, y se asoma en esta instantánea el fantasma de Breton: Álvarez Bravo, casi en blanco y negro, es el retrato de un surrealista tangencial

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