Luis Barragán Morfín en sus 100 años

¿Quién fue Luis Barragán? ¿Qué hizo? Las anteriores preguntas, en apariencia simples, distan mucho de serlo Sobre el arquitecto tapatío se han escrito innumerables libros con diversos enfoques; se han estudiado sus archivos, aunque parcialmente; se han organizado coloquios y se hacen regularmente exposiciones, pero a muchos estudiosos se nos evidencia cada vez más claramente un vacío Sobre Barragán y su obra lo sabemos todo y paradójicamente no sabemos nada No hay que tomar caminos falsos Aunque Barragán decía que su obra era “autobiográfica” y que en ella subyacían referencias al rancho de su infancia, no por ello hay que forzarnos a buscar las claves para entender su trabajo en su genealogía Recientemente he leído un artículo sobre ella (la cual se remonta al siglo XVII) y el rancho familiar, “Los Corrales”, en la sierra del Tigre, Jalisco, donde el autor hasta halló una protoescalera barraganiana vernácula ¿De verdad su genealogía nos arrojará claves para entender sus descubrimientos espaciales? Entiendo la “amistad vicaria” que el biógrafo debiera establecer con su biografiado, pero creo que un estudioso de la arquitectura dista de ser un biógrafo, o no lo es solamente
Tampoco hay que hundirse en la incertidumbre, pero es un hecho que no contamos con un catálogo confiable de toda su obra Hace relativamente poco, mi amigo Roberto Moranchel me envío de Washington una fotografía sorprendente de un edificio que construyó Luis Barragán en San Juan de Letrán número 23, Ciudad de México ¿Alguien lo recuerda? Al ver la foto de la fachada, no puedo sino quedar convencido de que es una obra de Barragán, al menos así la catalogaron El fotógrafo estadunidense Hedrich Blessing vino a México durante los primeros años cuarenta e hizo una colección de imágenes de la arquitectura mexicana moderna Murió años después y su archivo se encuentra en The Hispanic Foundation Allá preservan los archivos, aquí nos estorban y los tiramos o vendemos, al igual que la arquitectura Del edificio de San Juan de Letrán no queda rastro, más que esta fotografía Pero aún más: ¿son conocidos con amplitud los cines que levantó Barragán en Guadalajara, o la fachada de la iglesia de Amatitán, Jalisco, que renovó? No podemos develar aquí en unas cuantas líneas quién fue y qué hizo Barragán Tampoco continuar las exhumaciones; más modestos, aspiramos sólo a dar algunas pistas e insistir en otras
Luis Barragán Morfín procedía de una familia acomodada y católica de Guadalajara, Jalisco De sus años de estudiante sabemos que pasaba sus vacaciones en el rancho que su familia poseía en Mazamitla, Jalisco, de donde periódicamente regresaba cargando croquis de la arquitectura vernácula local El más importante arquitecto mexicano del siglo XX no estudió arquitectura (todos lo sabemos), sino ingeniería civil Más tarde, se autoasumió como arquitecto, y a lo largo de su vida (la cual duró 86 años, 1902-1988), viajó, proyectó, construyó y trató a un enorme grupo de personas de la más variopinta procedencia Sus tres períodos proyectuales y constructivos son claramente diferenciados, pero es imposible entender uno sin los otros, sus hallazgos se trasvasan y sus fronteras sin perder la claridad se desdibujan
Esquematicemos: entre 1925 y 1936, vivió y laboró en su ciudad natal Produjo allá una arquitectura regional, exótica y pintoresca no exenta de hallazgos; para él, formativa, y para nosotros hoy, interesante y esclarecedora A partir de 1936, pasó a vivir a la Ciudad de México hasta su muerte Aquí, entre 1936 y 1947, hizo otro tipo de arquitectura, esta vez funcional a la vez que elegante y alguna, no toda, claramente especulativa A partir de la última fecha, sintetizó sus dos etapas de aprendizaje anterior (la regional y la funcionalista) en su conocido lenguaje: muros de colores deslavados (sus ensayos cromáticos) que evocan viejos paredones; una arquitectura volcada hacia su interior que recupera valores sensoriales, poéticos y emotivos; elementos lumínicos más apropiados al clima y luz de México (tragaluces, celosías, vitrales); cierta escala monumental y doméstica a la vez; materiales como tablones de madera y lozetas de barro, y todo ello en espacios fluidos, insólitos, laberínticos, promotores de la meditación y de aspiración expansiva Humberto Ricalde y Fernando González Gortázar, parafraseando a Mircea Eliade, han dicho que Barragán “puso en tensión y subvirtió el orden lineal y el tiempo implícito en las propuestas modernas”; el pasado está siempre presente en su arquitectura y se manifiesta en un eterno retorno
De su temprana época formativa sabemos que hizo por lo menos tres viajes a Europa El primero en 1924, el segundo en 1931 y el último en 1935, los cuales también se reflejaron en su obra En el primero descubrió el libro de jardines de Ferdinand Bac; poco sabemos del segundo El tercero, en cambio, le reveló a Le Corbusier y la arquitectura vernácula marroquí
No conozco a detalle las obras de su primera época Sin embargo, la secuencia de patios de la casa para Gustavo Cristo (1930) anunciaba sus investigaciones espaciales posteriores; el Parque Revolución (1934-1935) era ya un precedente de su ‘posterior’ interés en el funcionalismo; la casa Robles León (1927) y la remodelación de la residencia porfiriana en Chapala para su familia (1932) poseen una limpieza formal que asombran y a ratos pareciera que estamos frente a obras de su última época
Su trabajo en la Ciudad de México lo conozco mejor Las casas de Mississippi (recientemente demolidas) eran muy clara evidencia de lo que él mismo calificó como su labor de “especulador urbano” y a la cual no le asignaba ningún valor Dicho sea de paso, de aquel conjunto de casas sólo queda una, aunque alterada, sobre Mississippi a un costado del antiguo cine Diana La compleja disposición que subvierte la tradicional ubicación de espacios en la casa para José Clemente Orozco (1937) anticipaba sus crucigramas espaciales y soluciones laberínticas como las de su casa en Francisco Ramírez número 14 (1947); o el interés creciente por trabajar las terrazas y azoteas de las casas en avenida Chapultepec para Lupe Marín (1936), avenida México números 141 y 143 (1936) y Guadiana número 3 (1936) son un claro antecedente de los patios y terrazas cerradas que miran al cielo en su casa de Francisco Ramírez (1947), en la Casa Gálvez (1955) y en la Casa Gilardi (1976)
Barragán pasó la mayor parte del último tramo de su vida llevando una callada rutina de esteta No era un buen orador y era tímido; en una rara y estupenda entrevista que hallé recientemente en el Archivo Fílmico de Televisa, realizada en 1977, al recibir el Premio Nacional de Arte, sin empacho respondió en dos ocasiones al torpe reportero con unos lacónicos, sinceros y sorprendentes: “No sé, me pregunta usted cosas que para responderle debo reflexionar”
Tampoco era un escritor o pensador; su amigo Edmundo O’Gorman años después me platicó que fue él quien le escribió su famoso discurso para recibir el premio Pritzker Y, sin embargo, la anterior personalidad se combinaba con otra rumbosa de una agitada vida social y repito, era tímido o eso se asegura Mucha gente lo recuerda los sábados por la mañana en su mesa de Sanborns de Salamanca vistiendo pantalón y botas de montar Personalidad compleja, de caballero criollo y soltero, cruzada de fino proyectista, constructor y buen empresario urbano; el negocio de la urbanización de Jardines del Pedregal fue redondo y sólo similar al de Las Arboledas Pero, en cambio, ¿alguien conoce los pormenores del fracasado proyecto de fraccionamiento en Majahua, Colima, cuando en 1953 Barragán envió durante meses a Armando Salas Portugal a vivir en el lugar para fotografiarlo? De ese enorme proyecto sólo sobrevivió un gran álbum de estupendas fotos y los ecos de las anécdotas del fotógrafo pidiendo a Barragán regresar y del arquitecto negándose hasta que le entregara exactamente las imágenes que necesitaba En fin: Barragán fue amigo igual de Justino Fernández, que de Alfonso Pallares, el legendario Cafre (con quienes solía salir de excursión) Me han llegado, por la querida Chayo Pallares y por mi madre, un par de fotos en las que se ve a los tres contentos paseando ¿En donde están? Fue además uno de los tres primeros ‘alumnos’ de José Gaos Alí Chumacero me ha platicado (esta anécdota también la sabe mi maestro Álvaro Matute) que cuando llegó el filósofo español a México, se anunció que dictaría un curso El primer día, Gaos se encontró con un auditorio abarrotado, porque -eso él no lo sabía- un sindicato había corrido invitaciones a sus miembros para recibir fraternalmente al camarada que llegaba refugiado Gaos se asombró de que hubiera tanta gente culta en México No es difícil imaginar la cara de los obreros al oír disertar al exrector de la Universidad de Madrid sobre alguno de sus temas Al día siguiente, Gaos se sorprendió aún más, pues en el mismo auditorio sólo había tres oyentes en la primera fila Se trataba de Edmundo O’Gorman, Leopoldo Zea y Luis Barragán Pero me pregunto, ¿ése era Barragán? Hoy nos es difícil imaginar personalidades tan distintas compartiendo la fraterna amistad y yendo a conferencias juntos
Por eso repito: ¿Quién era y qué hizo Luis Barragán? Urge pues, revisar sistemáticamente sus archivos, inventariar sus obras, hacer un catálogo confiable en el que participemos todos los arquitectos e historiadores interesados, para dejar de tener esa sensación de vacío ante un alud de información (que lo dice todo y no dice nada), porque es hagiográfica En fin, desde la amistad vicaria, conocer a Luis Barragán Morfín y su legado como el mejor de los homenajes en sus 100 años

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