Jose Hierro “mas que la muerte, me horroriza la angonia”

MADRID – Atado al tanque de oxígeno, el poeta José Hierro, una de las voces más importantes de la lírica española, se aferra a la vida y recupera sus textos inéditos de juventud en dos nuevos libros sobre su vasta obra
En más de 50 años de creación poética, Hierro ha aportado libros emblemáticos: Alegría, Con las piedras, con el viento, Quinta del 42, Cuanto sé de mí, El libro de las alucinaciones, Agenda, Cuaderno en Nueva York
Y ahora, “el poeta de la realidad”, con escepticismo y humildad recibe la publicación de Guardados en la sombra, una antología de textos inéditos escritos en los años cuarenta, cincuenta y sesenta, y Entre libélulas y ríos de estrellas: José Hierro y el lenguaje de los imposibles, un estudio sobre su lucha con la palabra; ambos textos editados por Cátedra y realizados por la islamóloga y arabista de la Universidad de Puerto Rico, Luce López-Baralt, antigua alumna de Hierro
A estos dos libros se une Espacio Hierro Medio siglo de creación poética, un doble volumen en torno de su vida y obra, publicado por la Fundación Botín bajo la edición de Juan Antonio González Fuentes y Lorenzo Oliván, y una serie de homenajes organizados en España y Europa

Hierro aparece en los actos públicos con su inseparable “bombona” que le suministra la vida; vigoroso, decidido, asumiendo su destino, melancólico, viviendo, como él dice, “un poco en las afueras del mundo”
Poeta del mar, de las alucinaciones, de lo misterioso, la música, los aromas del amor, las constelaciones, el “paraíso del instante”, Hierro sigue batiéndose como el primer día en el más agónico de los conflictos: la búsqueda de la palabra perpetua
“La palabra destruye y la palabra salva; en la palabra está la mentira o en ella se guarda la verdad; la palabra nos aleja de las cosas y nos acerca a ellas; la palabra es una abstracción que mata la emoción o la palabra es algo maravilloso que recupera y crea la ilusión”
Cultiva la “sorpresa del alma”, porque para él, escribir poesía es no saber lo que se quiere decir, no conocer de antemano el verso Por eso afirma en entrevista con Proceso que la poesía de Octavio Paz es diferente:
“Tiene una peculiaridad Paz se sabía el poema, lo ponía en verso después de saberse el poema, no es el poema a través del cual vas buscando aquello que está oscuro dentro de ti En la poesía de Paz no hay sorpresa, hay buena dicción”
—¿Y eso es bueno o malo?
—Para mí, es malo La poesía es búsqueda, muy lúcida, es eso de ir tropezando; que el poeta de pronto llegue a una cosa que no sospechaba, pero intuía y lo encuentra y es el primer sorprendido Lo otro es como escribir muy seguro de sí mismo
—¿La poesía es inseguridad,incertidumbre?
—Exacto, nunca se sabe si encaja la palabra No sé qué es la poesía Nadie sabrá jamás qué es la poesía
Hierro está sentado en el patio de su casa, en una mañana otoñal, soleada, frente a un vaso de anís El suelo se encuentra cubierto por las hojas de una enredadera frutal, transterrada desde el otro lado del Atlántico, hasta donde su mirada esquiva se transporta:
“La poesía más inventiva está en América Es una lengua imaginativa Gonzalo Rojas, Vallejo, Octavio Paz, aunque Paz es el menos latinoamericano en ese aspecto de la lengua La invención de la palabra la tiene la poesía latinoamericana La poesía de allá en su defecto podría caer por barroca, desorbitada; la de aquí, por seca En su grandeza lo mismo puede ser Machado, Jorge Manrique o Neruda”
Viste de blanco reluciente La sonda de plástico sale por su nariz, cubre su cara y parte de su brillante cráneo; habla despacio, sin prisa, con ritmo y cadencia, intuyendo siempre la belleza que de sus labios palpitantes se desprende como un vendaval:
“El poeta no tiene que traducir en verso lo que siente en prosa Antes de nacer, el poema tiene su forma”
“El álamo bajo el águila, la pesadumbre/ De dónde/ la nube, la ola sobre la roca, las cuerdas tintas en rayo/ Entre los ángeles de agua/ el aire trenza y destrenza/ sus pies pálidos Columnas/ siempre relampagueando/ dentro del mar (no tenía sentido)”
El universo poético de Hierro se nutre de fuentes literarias estables: Lope de Vega, Calderón de la Barca, San Juan de la Cruz, Juan Ramón Jiménez, Unamuno, Machado, Baudelaire, Mallarmé, Rimbaud, Darío, Neruda, Pedro Salinas, Pound, Shakespeare, Quevedo
A la poesía va unida la música y también la pintura El poeta dibuja seres llenos de color, especies desconocidas de lagartos y carteles, como el del 50 aniversario del Festival Internacional de Cine de Santander
Libre, reflexivo, creador de la poesía indagadora, metafísica, social, comprometida, vencido en la Guerra Civil, perseguido durante el franquismo, sobreviviente de las modas literarias, Hierro sigue siendo fiel a los símbolos intrínsecos de su particular percepción poética
—A pesar de sus complicaciones de salud, está aferrado a la vida de una manera excepcional
—Es mi destino Si me dejo morir, en lugar del oxígeno me rodeo con la sonda y me cuelgo ¡Qué le vamos a hacer! No se vive tan cómodamente como cuando se es libre y no tener que estar aquí atado al oxígeno
—¿Se ha acostumbrado?
—A todo tiene uno que acostumbrarse Lo importante es no dramatizar, hay que resignarse Si empieza uno a autocompadecerse, con trémulo en la voz, pues se pasa muy mal Por lo tanto, lo que haya, hay que aprovecharlo Y ya está
—Tiene un poema titulado Réquiem escrito en eneasílabo ¿Piensa usted en la muerte?
—Voy mirando el espejo retrovisor y más que la muerte, me horroriza la agonía Y como no creo que haya nada después Unamuno decía: “Mi corazón me pide que Dios exista, lo necesita, pero mi cabeza me dice que no” Yo no creo que haya otra cosa Los teólogos me dicen que mi alma es eterna, por lo tanto existía antes que yo existiera, pero yo no me acuerdo de ella Cuando mi cuerpo muera, tampoco me acordaré de mi alma Entonces este que habla ahora tiene alma y luego no Muero yo y muere mi alma
—¿Ha pensado en hacer algo antes de morir?
—No, nada Escribir poesía Me gustaría tener la poesía completa reunida para publicarla, pero no pongo demasiado entusiasmo Eso por una razón, no por capricho, sino porque los autores contemporáneos somos autores de obras completas Son como fotogramas de una película La suma de toda mi poesía es mi vida
—¿Le gustaría ser recordado por una obra concreta?
—Qué me importa cómo me recuerdan Si a la humanidad que las lea le viene bien, pues vale Si existe otra vida, debe ser tan ridículo pensar allí cuántas ediciones lleva un libro o ver quién me está leyendo Ésas son tonterías
—Ahora se estila blindar las existencias
—Sí, con las “menudas” viudas No me interesan las Fundaciones, ni el ataúd, quiero que me quemen y nada más
La vida
Hierro está arropado por su familia, su “gran tesoro” Su inseparable esposa Angelines le cuida con mimo, al igual que sus hijos y nietos:
“Nunca podré agradecerles todo lo que han hecho por mí”
Con buena salud, el poeta solía caminar para escuchar, oler, ver, tocar y captar la inspiración; declamaba poesía en la radio, en las escuelas, institutos, universidades y actos públicos, y escribía huyendo del ruido hogareño en los bares, en especial en La Moderna, su sancta sanctorum de Madrid
Es el poeta más galardonado de España con premios tan importantes como el Nacional de la Crítica (otorgado en dos ocasiones), el Príncipe de Asturias, el Nacional de las Letras Españolas y el Premio Reina Sofía de Poesía Es miembro de la Real Academia de la Lengua Española
—¿Sigue usted escribiendo?
—Yo escribo muy poco, poesía poquísima, hay poemas que yo tengo empezados que tenían que haber salido en el último libro que salió hace cinco años y son poemas de hace siete u ocho años, pero no los he acabado Y tengo cantidad de papel, no mucho, sino muchísimo sobre un solo poema que trabajo dale y que te pego soy muy lento para la poesía
—¿Y para quedar satisfecho?
—Nunca se queda uno satisfecho, pero en todo caso, si escribo una prosa intento ser muy directo, que no sobre nada La poesía ya es otra cosa Es pura esencia No admite ningún relleno y tiene que estar cada palabra en su sitio
—¿Qué es la poesía?
—No sé qué es poesía, no tengo ni idea Lo que sí sé es para qué sirve la poesía: para decir lo que no se puede decir, sencillamente La poesía es como de esos inmensos puzzles, en donde cada palabra tiene un sitio, la ventaja es que acaban por encajar las piezas En la poesía no hay esa palabra única, hay esa palabra en su sitio, porque yo no creo en los sinónimos para la poesía En un poema puede resultar más eficaz decir “burro” que “asno” o decir “jumento” De manera que sinónimos ni uno, entonces, ¿cuál es la palabra que encaja?, pues nunca se sabe
—¿Hay que esperar a que venga la inspiración o buscarla?
—La inspiración está en el arranque Lo que decía Paul Valéry: “El primer verso nos lo dan los dioses, los otros hay que buscarlos” Incluso santos como San Juan de la Cruz, cuando las monjas le preguntan si aquellos versos divinos se los daba Dios, dice: “Unos me los daba Dios, los otros los buscaba yo” ¡Coño! Lo decía un gran poeta y un santo, ¿no?
—¿Es parte de la intuición?
—Tiene que ser parte de la lógica y parte de la intuición De manera que la intuición no se pierde todo, no la inspiración exactamente Es como deseos de cantar una música y no acordarse de aquella música, entonces es empezar a buscar hasta que viene ese primer verso que es cuando nos acordamos de la melodía olvidada Eso ocurre en el arranque, pero luego hay que reconstruirla entera, hay que hacer que esos versos que vienen después estén a la altura de los que tienen calor, de la inspiración
—¿Forzarse no sirve de nada? Hay poetas para todo
—Baudelaire decía que la inspiración eran ocho horas de trabajo Puede ser, para mí no es así Y trabajo mucho Hago dos versos aceptables, el tercero empieza a descarriarse y vuelta a empezar, así uno y otro, encarrilando aquello
—¿Es usted muy estricto con la ingeniería de la poesía?
—Estricto sí, porque cada secuencia debe tener su ritmo El ritmo hace claro para la sensibilidad lo que la razón no comprende Lo que para la razón es elemental, decir: “Estoy muy triste”; pero luego hay que persuadir y buscar cómo decir poéticamente en un momento determinado que se está muy triste para contagiar la tristeza y que la sienta el que está leyendo Eso es otra cosa Esa labor de la persuasión tiene que ser el ritmo que anda por debajo Puede ser una poesía en metro perfecto, en verso libre, pero el ritmo siempre es importante
—¿Usted se ha mantenido al margen de las modas literarias?
—Sí, yo he ido siempre a lo mío Hay poetas que son muy versátiles como pintores, allí está Picasso, hombre de 400 facetas y siempre es él; o pintores de una forma, como Juan Gris o Diego Rivera Pues yo soy poeta de una sola línea, no he cambiado mucho
—¿Hay diferencias en la poesía de lengua española de un lado y otro del Atlántico?
—Sí, una fundamental: la lengua más inventiva está en América Es una lengua imaginativa
—¿Hay crisis en la poesía? Siempre se habla de la escasez del género, de la dificultad para editar
—No hay crisis Nunca se ha editado tanta poesía como ahora Poesía editada por editores, no como antes que los poetas nos editábamos por nuestra cuenta Hoy la poesía tiene más lectores, aunque la poesía siempre ha tenido muy pocos lectores Hoy se publican más de 3 mil 500 títulos anuales que significaría que la crítica tendría que leer 10 libros cada día para enterarse de cómo marcha la poesía
—¿Pero se vende poca poesía?
—No, se vende más poesía Ediciones de Juan Ramón Jiménez o de Federico García Lorca serían de mil ejemplares, ahora se editan más títulos y más poemas El hecho de que se edite poca poesía, respecto de la novela es normal Naturalmente la poesía es 5% en cuanto al número de libros, respecto de la novela y el ensayo Pero el que se edite poca poesía no significa que no guste Yo pregunto, cuántas partituras musicales se editan en España ¿Es que no gusta la música? No, por Dios A la gente le llega la poesía como libro-disco, porque la gente oye la poesía, porque no sabe leerla La poesía llega a muchos sitios, pero no a través de los libros, sino de manera oral La poesía necesita quién la diga
Paz y muerte
—En la posguerra se dedicó a varios oficios
—Había mucha hambre, persecución política Hice de todo, como cilindrador, vendedor de libros a domicilio, de todo para ganarse la vida Hacía fichas para una mitología, llegó un momento en el que se acabaron los dioses y me los inventaba, así que si alguna vez ve unos dioses muy extraños, ésos son de mi autoría
—¿Se sentía mal al dedicarse a oficios que estaban alejados de la poesía?
—No, porque la poesía no me permitía vivir Si yo hubiese sido libre de mis actos y destinos, ¿cómo iba a ser yo poeta? La poesía es otra cosa De la poesía no se vive, si hubiera sido novelista, tal vez Cuando le preguntaron a Vicente Aleixandre “¿La poesía da de comer?”, él contestó: “Ni para merendar” Poeta no es un oficio No hay más poeta que haya vivido de la poesía que Neruda
—Dice usted que fue “el esclavo más libre” ¿Se ha sentido sometido alguna vez a las leyes del mercado?
—He sido un probo funcionario, sin ningún tipo de angustias, ni nada Lo hice lo mejor que podía para que no me diesen la lata Si me quedaban 10 minutos libres eran míos Trabajé en la Editora Nacional, en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y más
—Sufrió usted la censura franquista
—Hubo alguna cosa que me prohibieron de mi poesía, pero lo que no he hecho nunca es lo que hicieron muchos españoles que tenían mucho talento, pero decían que no podían escribir cuando había censura ¡Coño! Podrás no publicar, pero escribir sí podíamos, sobre todo en la poesía Mucha gente esperaba el fin de la dictadura para publicar y luego no ha aparecido ninguno de esos libros asombrosos El que tenía que escribir le podía prohibir la censura como Blas de Otero o Celaya que publicaban fuera
“Era una censura tan absurda y extraña El censor podía ser un intelectual que viese en una librería un libro de Neruda que está prohibido, entonces como censor lo prohibía, pero como lector lo compraba Había el censor que no tenía ni idea, y como las normas de la censura eran no atacar al dogma, ni al gobierno, ni a la moral —que eso es tan ambiguo—, que se dio el caso de que un falangista ganara en 1944 el Premio Nacional de Literatura, con la novela La fiel infantería, pero a los dos o tres meses, la censura se cargó la obra, la desapareció
—Para usted, los otros géneros: el cuento, la prosa, el ensayo, ¿han sido como añadidos a la poesía?
—Sí, ésos son menos complicados que la poesía El cuento puede hacerse sin ese choque de inspiración, con acierto, con bienhacer luego apareció un cuento mío en El País y ni lo he leído, me da vergüenza leerlo
—¿El tiempo sigue siendo un interrogante para usted?
—Es misterioso
—¿Los poetas tienen una sensibilidad aparte del resto de los mortales?
—Yo nunca he creído eso La diferencia del poeta no es tener más sensibilidad, sino más talento lógico, no mágico; para intentar expresar lo inefable Lo que no tiene expresión de la paradoja Eso es lo único que caracteriza al poeta Que el poeta aquello que está sintiendo y viviendo quiere perpetuarlo y traducirlo en palabras Conservarlo como el entomólogo que va tomando animalitos y los coloca con apariencia de vivos Si el poeta fuese más sensible que los demás, no lo entenderían
Cuenta que a Octavio Paz lo vio antes de morir:
“En México, poco antes fuimos a su casa Eulalio Ferrer y yo Estaba Marie Jo, que nos dijo que estaba escribiendo y que había corregido una cosa, cuando llegó en una silla de ruedas, le di un abrazo y se quejó porque le dolía todo el cuerpo No hablaba, quiso el Oporto y se lo daba el joven que lo empujaba con una pajarita Fue muy duro verlo, me quería tomar todo el tequila que había en México porque no podía aguantar aquello”
Hierro vuelve a emocionarse y sus ojos brillan de tristeza:
“Un amigo de Santander tiene un dibujo de Octavio Paz, porque una noche que estábamos todos en una taberna donde había unos pescados del Cantábrico y un amigo mío llevaba una cajita de acuarelas, entonces Paz se puso a pintar Y hay una foto de Paz pintando con eso que hizo tan bonito y se lo quedó Carlos Galán, el director de los cursos en Santander
—¿Con los poetas del exilio tuvo relación?
—Solamente con Cernuda, porque escribí en un homenaje que le hizo la revista La caña gris una nota sobre su crítica Y me mandó Desolación de la quimera con una carta muy breve en la que me agradecía Yo que no guardo cartas, ni las he escrito Y con Emilio Prado, que me escribió unas dos cartas A Guillén lo conocí aquí, igual a Alberti que lo conocí en Roma, a Neruda en Chile: Llegué con un grupo, estábamos tomando pisco y tequila y luego con el whisky una noche gélida de agosto

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