Educar con música

No cabe duda Por su insidencia en la vida cotidiana cultural, económica, etcétera, y que construye la historia de los individuos, así como de la sociedad toda, uno de los más relevantes y abismales problemas en nuestro país (y no es el único) radica en la educación
Entonces es factible preguntarse: ¿Por qué el Estado no suele ocuparse seriamente y de raíz de tal asunto vertebral para la nación? No se puede -ni debe- negarse lo que en esta materia se ha hecho, sin embargo, no ha sido lo suficiente ni lo íntegramente adecuado Además, me parece que es obvia la necesidad de revisar periódicamente, y más aún, de forma permanente, los planes de estudio de todos los niveles, desde los inicios, hasta las licenciaturas y más allá
Sabemos que por su educación y su cultura, los pueblos se levantan y florecen, fortalecen los signos que los identifican y de esta manera encuentran su trascendencia histórica Además, en la medida en que los individuos son mejores (física, mental y culturalmente), los países son también mejores, y no obstante sus diferencias divergentes -con frecuencia tan sólo de forma más que de fondo, y por lo tanto, aparentes-, el respeto y el entendimiento marcarían las relaciones entre los diversos pueblos del mundo
En particular, la educación a través de las artes es un valioso instrumento no únicamente cultural; es un arma (en el mejor de los sentidos) que en cierta medida guarda alguna equivalencia con las filosofías de Daizetz Suzuki en torno del Zen, cuando ha dicho que ” el Zen es esencialmente el arte de ver dentro de la naturaleza del propio ser, y señala el camino del hombre hacia la libertad () El objeto del Zen es salvarnos de la locura y la parálisis mental A esto me refiero cuando hablo de libertad, de dar libre juego a todos los impulsos creadores y benevolentes que yacen en nuestro corazón; generalmente estamos ciegos ante este hecho: estamos en posesión de todas las facultades necesarias para ser felices, y que nos harán amarnos los unos a los otros”

En la actualidad, en México, pocos (realmente pocos proporcionalmente) se preocupan y ocupan de la educación musical, cuando que de entre las distintas disciplinas artísticas, ésta es, quizá, por sus características, la de mayor trascendencia en la coadyuvancia para la formación integral de los individuos, incluso desde antes de su nacimiento
“Se ha comprobado que los niños con formación musical mejoran sus capacidades de abstracción, de respuesta psicomotora, la memoria mediata e inmediata, la expresión oral de sensaciones y conceptos complejos, además de presentar una sana tendencia a la integración social Por si fuera poco, la música constituye una puerta de entrada ideal para la consecuente apreciación de otras expresiones artísticas y disciplinas académicas en general”
Tal certera aseveración está contenida en Educar con música (Aguilar, primera edición, 2002), reciente libro del compositor, violinista y musicólogo Sergio Berlioz (1963), quien realizó estudios musicales en el Conservatorio Nacional de Música, y con Julio Estrada en el Taller de Composición de la Escuela Nacional de Música de la UNAM En 1989 recibió el Premio Nacional de Periodismo, y en 1992 obtuvo mención honorífica en el Premio Nacional de Periodismo Musical Esperanza Pulido; así mismo, ha recibido reconocimientos por parte de los gobiernos de Hungría y de la República Checa
En Educar con música, el autor plantea la necesidad de llevar a cabo una auténtica y (verdaderamente) sana educación musical desde que el ser humano se encuentra en el vientre materno, explicando las razones naturales de ello
Por este motivo, y después de una introducción, el primer capítulo está dedicado a los padres, con el fin de orientarlos y acercarlos al entendimiento lógico -no técnico- de la música en la cotidianidad de la vida, haciendo reiterado hincapié sobre los beneficios de ésta: “la música no sólo mejora la capacidad de pensar y la dirección y calidad de los objetivos; humaniza el sentido de las acciones Se trata de un conglomerado, un multivitamínico para la persona que se entrega a ella”
El capítulo II, “Las edades de la música”, está subdividido en cinco partes concebidas no de manera arbitraria ni mucho menos aleatoria; al contrario, está sustentada referidamente por el autor: Neonatal y lactancia (del nacimiento hasta los dos años de vida); Infancia (de los dos a los siete años); Niñez (de los siete a los 12 años); Pubertad (de los 12 a los 15 años), y Adolescencia (de los 15 a los 18 años)
Si bien Sergio Berlioz no ha querido profundizar sobre este tema tan complejo (haberlo hecho seguramente hubiera comprendido varios tomos y requerido colaboraciones de otros y varios especialistas, y de más años de trabajo), sí, en cambio, Educar con música viene siendo un elemento básico, digamos introductorio hacia la apreciación musical y hacia ciertos factores de importancia para su enseñanza en el seno familiar “Sin la música, la vida sería un error” (Friederich Nietzsche, 1844-1900) l

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