Cuba en México

Cuba acaba de participar en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, como invitado de honor, con una delegación de más de 600 escritores, artistas y funcionarios Junto con las bailarinas del Ballet Nacional y las mulatas del cabaret Tropicana, al lado de músicos y cantantes, llegaron a México los escritores de Cuba, todos ellos avalados por el régimen de su país, a pesar de que varios han tenido con él, en el pasado, desavenencias más o menos importantes (Cintio Vitier, por sus convicciones religiosas; Antón Arrufat, por sus inclinaciones sexuales) Los escritores cubanos en el exilio, en cambio, decidieron no participar, pues consideraron que no estaban dadas las condiciones para debatir en público sus diferencias ideológicas, como pretendían ingenuamente los organizadores de la Feria Guillermo Cabrera Infante, por ejemplo, recordó en una entrevista las amenazas de bomba que tuvieron lugar, años atrás, al presentar en México su libro Mea Cuba “¿Usted cree —preguntó— que entre estos 600 delegados no viene una buena cantidad de policías?” Lo que sucedió más tarde demostró que sí
La revista Letras Libres presentó en la Feria su número de noviembre dedicado a Cuba Todos los autores reunidos por la revista condenan con elocuencia el autoritarismo, la violación de los derechos humanos en Cuba Señalan las penurias que sufre la población, que no tiene la posibilidad de cambiar, con su voz y con su voto, el sistema de gobierno que padece: una dictadura, aunque pasan por alto las conquistas sociales del régimen (ya quisiéramos los mexicanos tener la educación que tienen los cubanos, por ejemplo) Todos ellos, así mismo, unidos por su oposición a la dictadura, tienen historias distintas y puntos de vista variados Algunos residen en Cuba, perseguidos por el régimen (Vladimiro Roca); otros viven en el exilio, luego de colaborar con la revolución (Carlos Franqui) Unos son críticos de la dictadura desde un punto de vista liberal (Carlos Alberto Montaner), otros desde un punto de vista socialdemócrata (Jesús Díaz)
La noche del 1 de diciembre, varios de sus colaboradores fueron agredidos por una turba, entre la que destacaban funcionarios del gobierno de Cuba, como el director de la Biblioteca Nacional, que repartió a los asistentes un texto preparado para la ocasión, escrito contra Letras Libres Acusaban a la revista —entre los insultos de siempre, no por cómicos menos peligrosos— de ser “financiada por la CIA” Más tarde, en una conferencia de prensa, Abel Prieto, ministro de Cultura en Cuba, les dio su aval: consideró “inoportuna” la presentación de la revista en la Feria de Guadalajara
Los organizadores de la Feria trataron de minimizar un incidente —“hecho menor”, “acontecimiento insignificante”— que es, por el contrario, revelador de la situación que prevalece en Cuba La reacción de la turba, en efecto, apoyada por los funcionarios del país que había sido invitado de honor, demuestra que la crítica de Letras Libres es correcta: el régimen cubano no tolera la disensión ni la libre discusión de las ideas No acepta la libertad
Son muchos los cambios que tuvieron lugar en Cuba durante los años del período especial (1990-1994), cuando la producción nacional cayó 33% respecto de la década de los ochenta, luego de la desintegración del CAME y la desaparición de la URSS, en el marco del bloqueo de Estados Unidos (bloqueo, no sólo embargo), que subía los costos, encarecía los productos y hacía perder oportunidades de inversión, y que fue por esos años reforzado con las leyes Torriceli y Helms-Burton
En ese contexto de crisis, el Partido Comunista de Cuba promovió medidas para liberalizar la economía del país: despenalizó el dólar, permitió el trabajo por cuenta propia, abrió el mercado agropecuario y el mercado artesanal, y liberó también los sectores más importantes de su economía (azúcar, turismo, tabaco, ron, níquel, cítricos, energía, telecomunicaciones) a la inversión extranjera, sin excluir la de mafiosos que andaban por el mundo, como Frank Terpil y Robert Vesco
Fidel Castro no tuvo la necesidad —como Gorbachov explica en sus memorias que la tuvo, ante la hostilidad hacia la perestroika del PCUS, la KGB, el Ejército y todos los pilares del poder en la vieja URSS—, no tuvo la necesidad, digo, de democratizar la política de su país para impulsar las reformas que requería la economía de Cuba Fidel sabía que el poder estaba concentrado en sus manos, no en las de la burocracia Pues el régimen cubano, totalitario como el soviético, es también, a diferencia de lo que fue el soviético, un sistema esencialmente caudillista La liberalización de la economía no significó, porque no quiso el caudillo, la apertura de la política: la reforma no fue acompañada de la democracia ni tampoco de la libertad Durante el IV Congreso del PCC, donde se gestaron las reformas a la economía, hubo voces que criticaron la rigidez con la que se manejaba la información en Cuba Voces que pedían más libertad para tratar los problemas del país en los medios de comunicación Voces que el comandante en jefe, al final, calló para siempre con estas palabras: “El periodista es un militante de la revolución, la prensa es un instrumento de la revolución y el deber primero del periodista es apoyar y defender la revolución”
No debe sorprender entonces —las cosas siendo como son— la reacción de los cubanos frente a la crítica de Letras Libres: la debieron haber previsto los presentadores de la revista y los organizadores de la Feria No debe sorprender, tampoco, por una razón más: porque está ya roto el pacto de no intervención y no agresión que, durante más de 40 años, tuvo vigencia entre Cuba y México El objetivo central de la nueva política exterior de México: la defensa de la democracia y los derechos humanos en el mundo, hizo, tarde o temprano, inevitable el choque con la Revolución Cubana Esta defensa, loable y valiente, se ha visto envuelta en ruido por la manera en que fue instrumentada —llamadas inocentes del presidente Fox, desencuentros públicos de la Cancillería con su embajador en La Habana—, pero también por la reacción de la Revolución Cubana, que cuenta con aliados importantes en nuestro país: entre los medios, los partidos, los sindicatos, los empresarios, y que ha puesto en juego todas sus alianzas en su lucha contra los que defienden, en México, la democracia y los derechos humanos en Cuba El capítulo más reciente de esta lucha fue la agresión que sufrió la revista Letras Libres en la Feria de Guadalajara

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