Los últimos días de Chávez Morado

GUANAJUATO, GTO – José Chávez Morado no había dormido bien en las tres noches anteriores al día de su muerte En conversaciones que sostenía con Mario, su asistente, le había dicho: “Cuando uno viene al mundo lo reciben con gusto, con honores Me gustaría que así me despidieran: con honores”
En su casa de Pastita 158-D murió entre las cinco y media y las seis de la tarde del domingo 1 del mes, rápido, sin prolongadas agonías ni hospitales
“El maestro vivió y cumplió ampliamente como artista Y la muerte cumplió igual, no sufrió ni cayó en hospitales Hasta con esa suerte corrió”, dice Javier Hernández, Capelo, quien cree que como ocurre con la mayoría de los pintores guanajuatenses de la actualidad, se sabe y se dice influenciado por el muralista de Silao Éste adoptó, junto con su esposa Olga Kostakovsky, a esta ciudad para vivir desde mediados de los sesenta, dice Y para morir
En julio, Chávez Morado viajó con la familia que lo cuidaba y asistía —el matrimonio de Rafaela Montes y Mario Jaramillo y sus hijas— a Puerto Vallarta, y estuvo frente al mar

En octubre vivió la solemnidad de los homenajes oficiales cuando el gobernador Juan Carlos Romero Hicks y el director del Festival Internacional Cervantino, Ramiro Osorio, le entregaron la moneda conmemorativa de los 30 años del FIC, grabada con la pintura Guanajuato geométrico de su autoría
Seguramente —así lo demostró— gozó más entre los niños de tres y seis años de la escuela preescolar Eduardo Zarza Ocampo, vecina a su casa, que en los últimos años realiza un desfile en esas mismas fechas, como parte de un “mini Cervantino” Chávez Morado cerraba el desfile entre disfraces diminutos de directores de cine, bailarinas, payasos Y pintores
A todas lo invitaban, y a todas iba: el festival del día del padre, la vendimia del día de muertos Pocas veces caminando; últimamente, sólo en silla de ruedas Un salón de la escuela lleva su nombre Era el invitado de honor
Últimamente había leído a Isabel Allende Escuchaba lo mismo a Chopin, Wagner, Beethoven, que música ranchera Después de una prolongada pausa ante el pincel y el caballete, en los últimos meses había terminado ya siete cuadros: magueyes, nopales, “las comadres” —dos figuras pétreas ubicadas en la carretera Panorámica, sobre las cuales hay una de las muchas leyendas locales—, y una de las cañadas que conforman este paisaje
El cronista de la ciudad y director del Archivo del estado, Isauro Rionda —nativo como él de Silao— había ido a verlo un par de semanas antes para pedirle su autorización para usar una parte del mural La abolición de la esclavitud por Miguel Hidalgo y Costilla para un cartel, que se utilizará en los actos del 150 aniversario del natalicio del Padre de la Patria el año entrante
“El viernes le mandé un cartel que publicaron en la Cámara de Diputados, en cuyo permiso intervine también Él siempre lo otorgaba verbal, sabía que no íbamos a negociar con él —contó Rionda— Me quedé con dos compromisos Iba a acompañarme a Silao a presentar un libro de un plano de Guanajuato y Silao de 1810 que encontré en España, y me prestó uno de sus bosquejos para ponerlo en la portada de un libro sobre el Pípila”
El primer muralista en entrar a pintar a la Ciudad Universitaria, como lo recordó Raquel Tibol en 1999 durante un homenaje que le rindieron en el Cervantino, ya comenzaba los preparativos para la comida que año con año reunía a sus amigos más cercanos para festejar su cumpleaños número 94, el próximo 4 de enero
El domingo había salido a Irapuato a pasear, de compras y a comer con Mario y Rafaela A Chávez Morado le gustaban mucho los mariscos, y comió ostiones Un rato después de haber regresado a la casa de Pastita, se sintió mal y se desvaneció No despertó más
Historias por contar
El cronista Rionda recuerda que estando Chávez Morado ante los muros de la escalera de la Alhóndiga de Granaditas pintando, llegó un aficionado a la historia y le dijo: “Francamente, creo que está malinterpretando la historia de México” El artista le contestó: “Pues, no piense usted más, porque le puede dar meningitis”
Rionda era uno de los invitados a la casa de Chávez Morado para la fiesta de cumpleaños Ahí se reunían el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez y políticos como Adolfo Lugo Verduzco; pintores como Luis Nishizawa y, algunas veces, Alfredo Zalce, su gran amigo; el fotógrafo Rafael Doniz, el exrector y director del Teatro Universitario, Eugenio Trueba; más recientemente Capelo, entre otros
En Guanajuato, Chávez Morado ejerció otra de sus facetas importantes, a decir de Raquel Tibol y de sus propios discípulos, como Capelo:
“Llegó en un muy buen momento No había maestros de pintura, no había escuela de pintura, más bien Había una escuela de grabado, nada más Yo lo conocí buscándolo; le fui a preguntar cosas de pintura —yo estudiaba arquitectura— El primer acercamiento fue al principio con la maestra Olga, por el carácter, porque había visto mi trabajo
“Cuando gané una de las menciones de la Bienal Nacional Diego Rivera, Olga y José me felicitaron El maestro me dijo que me dedicara a esto, que hiciera lo que yo pensara conveniente con la pintura, con libertad”
La relación se afianzó cuando el muralista lo llamó para que lo ayudara a preparar un cuadro que debía enviar a Cuenca, España:
“Estaba muy enfermo, así que, finalmente, le ayudé a pintarla y la firmamos los dos Se llama Estudio del santero, y luego el maestro me la regaló”
Ese cuadro había sido encargado por intermediación de Lourdes Chumacero —la esposa del poeta Alí Chumacero—, quien tenía una galería con su nombre en la Ciudad de México, y se encargó de vender gran parte de la obra de Chávez Morado y de Olga Costa De ese momento surgió una vivencia que Capelo nunca olvidará
“Cuando pintamos el cuadro para Cuenca se lo teníamos que entregar a Lourdes Ella llamaba todos los días para pedir que se lo enviáramos, estaba muy preocupada porque el maestro estaba enfermo Me decía que ya lo mandáramos, porque el maestro se iba a morir, estaba muy mal Poco después me llamaron para decirme que Lourdes Chumacero había muerto Estaba muy preocupada por que el maestro se le iba a morir, y fue ella quien murió, aun cuando era una mujer muy fuerte Fue una sorpresa”
Como persona cercana, Capelo fue llamado por el maestro para fungir como su testigo en cuatro cambios de testamento, tema del que prefiere no hablar
“Más que de eso, es importante hablar sobre su obra La obra escultórica, la fuente del Museo Nacional de Antropología, que es de las obras de reconocimiento internacional; su manejo de la pintura urbana guanajuatense, el Guanajuato geométrico, una pintura muy cubista, muy contemporánea, un logotipo de Guanajuato Él conoció la ciudad en diferentes épocas, tuvo las riendas mientras tuvo fuerza, como artista y con una influencia intelectual, de peso, era muy escuchado, su presencia era muy importante a nivel local”
Demetrio es velador en el Museo del Pueblo de Guanajuato Ahí recibió el ataúd con el cuerpo de Chávez Morado el domingo a las 11 de la noche Chávez Morado lo había recibido a él, vivo y pintando el mural El estípite roto de la Capilla Barroca, 23 años atrás
Benjamín, medio hermano del artista, era jefe de personal en el museo de la Alhóndiga “A él le pedí trabajo y me mandó al del Pueblo, porque estaba por abrirse”, lo que ocurrió en 1979
Bajo de estatura, moreno y enjuto, Demetrio fue uno de los modelos para El estípite roto, mientras cuidaba que nadie interrumpiera al pintor
Lo había conocido un poco antes, en la Alhóndiga, cuando por descuido de un vigilante se robaron un botón de un uniforme de la Segunda Guerra Mundial que se exhibía allí “Me dijo que si lo podía reproducir, igualito —yo trabajo la joyería— y lo hice Tan parecido, que el maestro me dijo: joyero, se me hace que tú lo quitaste y me lo volviste a traer Desde entonces, siempre me llamó joyero, nunca por mi nombre”
Como ayudante de Chávez Morado en la capilla trabajaba Marco Antonio Castro
“Yo pasaba las calcas al muro, le preparaba los colores, y ya cuando me tomó un poquito de confianza, me permitió fondearle algunas zonas planas para que luego él las terminara Es un recuerdo imborrable”
Castro recuerda —afuera de esta misma capilla— que José era visitado por muchas de sus amistades:
“Constantemente estaba aquí gente muy conocida, y él decidía si bajaba a hablar con ellos o si no Eran personas como Teresa del Conde, como Rafael Doniz Una vez vino John Nevin —quien hizo retratos de Olga y José—; se entusiasmó por el trabajo del fresco y el maestro le propuso que pintara una parte Volvió al día siguiente; le preparé la pintura y el muro, y parecía descubrir algo novedoso en el fresco a pesar de que es un artista excelente”
Marco Antonio Castro dirige hoy el Museo Olga Costa-José Chávez Morado, en el que se convirtió la casa de la Torre del Arco, donde vivió el matrimonio entre 1966 y 1991 Dos años después, Olga murió, y en una maceta de siempreviva reposan sus cenizas, en medio del jardín de esta casa-museo
Ahí le tocó a Marco Castro asistir al festejo de Olga y José como esposos por 50 años, a la que fueron invitados otros amigos del matrimonio, como Alí Chumacero, Luis Cardoza y Aragón y su esposa Lya, hermana de Olga
“Les dio pesar dejar la casa, pero, al mismo tiempo, como lo dijeron el día de la inauguración, les entusiasmó lanzar este barco al mar Ante la enfermedad de Olga, la artritis que le impedía moverse, se adaptaron a donde era antes su estudio; iban a vivir más cómodamente”
En la casa-museo se quedaron unas 400 piezas dejadas por ambos artistas: muebles, objetos personales, tapices, bordados, exvotos, así como 17 obras de cada uno, agrupadas en lo que don José llamó “Mano con mano”, y que abarcan entre 1936 y 1988
Entre la obra de Chávez Morado que pertenece al acervo de este museo se incluye Autorretrato con nana, en el que una indígena mestiza sostiene a un José niño con un rifle en la mano y un casco de cartón; El aquellare y México negro, una de las pinturas más conocidas del silaoense
Crítico sin matices de la derecha, Chávez Morado militó en el Partido de la Revolución Democrática en sus últimos años Sus dirigentes actuales, por cierto, no se acordaron de ello y pasaron por alto su muerte, aun cuando apoyó —donando varios cuadros— las campañas de Cuauhtémoc Cárdenas y hasta la de Porfirio Muñoz Ledo, cuando éste pretendió ser gobernador de Guanajuato en 1991
Con Vicente Fox como gobernador le tocó convivir, trabajar, pelear y terquear para la adquisición y restauración de los inmuebles que originalmente eran la casa donde nacieron él y su hermano Tomás en Silao, para convertirlos en un museo, el primero y único que tiene esa ciudad De este intrincado trámite dejó testimonio en Proceso
Fue ésta la labor de promoción cultural por la que, junto con su esposa, donó todas sus colecciones de arte prehispánico, colonial, obra propia, y en los últimos años la biblioteca de unos 3 mil volúmenes de arte y la casa donde murió Casi todo al pueblo de Guanajuato, y otra parte al Instituto Nacional de Bellas Artes
Está pendiente que el gobierno estatal y el INBA formalicen los proyectos a los que se destinarán la biblioteca y el departamento; una para instalarla en un lugar de acceso a todo el público; el otro, para abrir un centro de investigación y divulgación plástica
De Vicente Fox habló profusamente, en desacuerdo; con decepción cuando fue gobernador y con incredulidad cuando ganó la Presidencia A pesar de ello, dijo un amigo cercano del pintor: “Vicente lo respetó; incluso admitió admirarlo”

Comentarios