En “La playa”, Soriano retrató a Chávez Morado

Juan Soriano conoció a José Chávez Morado en 1934 en el Museo de Guadalajara: “Exponía con los alumnos del estudio ‘Evolución’ y a cada uno nos tocaba cuidar la muestra un día Llegaron ahí Lola Álvarez Bravo, María Izquierdo y Chávez Morado, iban a una junta de pintores y artistas Vieron que estaba abierto el museo y pasaron, ese día me tocó estar ahí, y alabaron mis cuadros”
Desde el Aeropuerto Internacional de México, minutos antes de abordar el avión rumbo a Berlín, Alemania, donde expondrá el 10 de diciembre en la sede de la embajada de México diseñado por el arquitecto Teodoro González de León, Soriano habla apresurado:
“Entonces los tres artistas me propusieron que me viniera a la Ciudad de México porque en Guadalajara no iba a hacer nada Les dije que lo iba a pensar Tenía como 15 años de edad Me quedé muy impresionado de María Izquierdo, era muy atractiva; de Lola, también era muy guapa, y de Chávez Morado, era muy joven y tenía un físico agradable”
Finalmente se trasladó a la capital y lo ayudaron Salían a fiestas juntos:

“La vida era un poco de parranda porque éramos muy jóvenes pero con la edad empezamos a cambiar, ya nos veíamos menos y trabajábamos más”
Siempre hubo una amistad con Chávez Morado Hace poco Soriano lo visitó y lo recuerda así:
“Era simpático, pero un poco retraído Cuando lo conocí tenía mucha prisa de llegar a ser famoso y también fue muy oportunista Hizo su carrera muy ligada a ideas políticas que desgraciadamente fracasaron, pues felizmente el mundo no se hizo comunista Todos pertenecían a la LEAR
“Nunca estuve de acuerdo con su forma de pensar Criticaba todo lo que hacíamos Se creía muy bueno, pero no lo hacía con mala fe Yo nunca tuve un resentimiento con él por eso”
En 1943, Soriano retrató desnudos en el cuadro La playa a Chávez Morado y a su esposa Olga Costa, a sus hermanas Martha y Rosa, a su mamá y otros amigos También dibujó al diablo
El autor de El toro y La paloma interrumpe la plática para abordar el avión Dos días después, en Berlín, de nuevo toma el teléfono Cuenta que el cuadro lo pintó cuando en México había mucho nerviosismo por lo que había pasado con la Segunda Guerra Mundial:
“Entonces todo era muy difícil, llegaba mucha gente del exterior Acapulco se puso de moda, ahí íbamos casi todos, pero yo sentía que era una contradicción ir a divertirse y emborracharse Me dio un poco de horror todo eso y entonces se me ocurrió ese óleo”
La obra simboliza que toda la gente en México había perdido completamente la cabeza y en lugar de estar haciendo algo constructivo en contra de los desastres de la guerra, estaba desmoralizada y sin querer vivir:
“Es un cuadro muy rojo, como con luz del infierno Ahí esta toda mi familia y mis amigos, las gentes con las que trataba en ese momento, en Acapulco, como si no hubiera otra salida que la parranda, como si uno pudiera olvidarse de todas esas miserias
“Ahí está Chávez Morado porque no se portaba muy bien con nosotros, era bastante ambicioso y quería llegar a tener un puesto importante como personaje, pero no tenía ni la virtud ni el talento para serlo Y como estaba frustrado cada que podía te volaba una chamba o él aparecía y nos decía que uno se portaba mal Siempre estaba haciendo una política muy rara entre los amigos Entonces se hizo bastante antipático para muchos de nosotros”
Sin embargo, tiene recuerdos gratos de cuando lo conoció y le gustan algunos de sus cuadros
Rememora:
“Era muy burlesco Él era el bueno y todos éramos muy malos, sin moral, sin ética porque no pensábamos en salvar a los pobres de la miseria ni hacer cosas por el socialismo y el comunismo, cuando todos estábamos tratando de olvidar todas las cosas que habían provocado esas luchas entre los diferentes dictadores que hubo en ese momento, que eran los alemanes y lo rusos”

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