Ponce, Premio Fernando Benítez: ” Tiempo y veracidad, ejes del reportero”

GUADALAJARA, JAL – Armando Ponce, “reportero en toda la extensión de la palabra” y “típico poeta de clóset”, como lo definió Vicente Leñero; tenaz, con olfato periodístico, de sabueso, “cada vez más exquisito y refinado”, como lo catalogaron Susana Cato y Sanjuana Martínez en ceremonia acogedora y muy del oficio, recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, en la clausura de la XVI Feria Internacional del Libro
Ponce y Padilla -no acostumbra su segundo apellido-, editor de Cultura de Proceso desde su fundación hace más de 26 años, romántico, erudito, despreocupado de sí mismo y vida casi franciscana, a quien no le importa la moda, sino la poesía; no el poder, sino la verdad; “ave nocturna” y “vampiro de noche” que teclea hasta el amanecer, como también fue catalogado, por su trayectoria periodística vino a revolucionar las secciones culturales de los medios en el país, se le reconoció
Casi 500 personas se reunieron en el mismo salón de Expo-Guadalajara, donde nueve días antes el cubano Cintio Vitier había sido galardonado con el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo, dotado de 100 mil dólares No así el premio periodístico para Ponce, que carece de estímulo pecuniario
Flanqueado por el rector de la Universidad de Guadalajara, José Trinidad Padilla López, y por el presidente de la Asamblea Popular de Cuba, Ricardo Alarcón, en primer lugar, y luego por el presidente y directora general de la FIL, Raúl Padilla López y María Luisa Armendáriz, respectivamente; por el presidente municipal, Fernando Garza, y por sus amigos y colegas de muchos años: el escritor, dramaturgo y periodista, Vicente Leñero; la escritora Lorena Crenier (que leería el texto de Susana Cato), y Sanjuana Martínez, Ponce hizo un repaso breve de su vida entregada al periodismo, recordó a sus padres, hermanos y dedicó el premio a todos sus compañeros de oficio
“No sé de todo lo que se ha dicho esta noche qué es verdad y qué es mentira, pero recuerdo emocionado la primera Feria Internacional del Libro de Guadalajara, con su pequeña sala de prensa donde no había periódicos diarios Empezaban las computadoras, (1986) que no funcionaban, y entre los otros tres reporteros que éramos, asistíamos con los directivos de la feria a recibir a los visitantes Al final acabábamos haciendo una evaluación conjunta, incluidos los reporteros, sobre las necesidades de las ferias futuras”
Dijo que advertía la necesidad de que haya más secciones culturales y mejor informadas en todos los diarios de México y que es una necesidad abordar con frecuencia el género del reportaje en las secciones culturales:
“El tiempo para entregar la nota y la veracidad para darle sustento son, al mismo tiempo, nuestras limitaciones y las mejores armas de una labor que hoy se despliega con ímpetu y a la cual me enorgullezco de haber contribuido en alguna medida
“¿Cuántas veces los reporteros quisieran, frente a la pantalla en blanco, como el escritor, inventar una historia? Somos nosotros hoy, los reporteros culturales de a pie, los que andamos en busca de la información, los indicados para ahondar en las entrañas de nuestra realidad cultural y sacar a flote aquello que, sin duda, constituye algo de lo más significativo de México: su notable creación artística”
Recordó en su texto -titulado así, Tiempo y veracidad- que tuvo la fortuna de encontrar espacios independientes, primero en el Excélsior de Julio Scherer García -con el que salió, junto con más de 200 periodistas, hace más de un cuarto de siglo, cuando el golpe del presidente Luis Echeverría-, y después en Proceso, “en donde se entendió que para cumplir a cabalidad como medios de comunicación modernos, era necesario entregar el espacio cultural a los reporteros de a pie”
Antes había hablado el propio Leñero (ver recuadro); Lorena Crenier, quien en lo personal reconoció la labor de Armando, leyó el discurso de Susana Cato, exreportera y crítica de cine de la revista -quien por encontrarse enferma no pudo asistir-, y Sanjuana Martínez, corresponsal del semanario en Madrid, España
Cato recordó que Armando “desciende de una casta de periodistas que empezó con su padre, el Brujo Ponce”, y que “la suya es una familia tan de periodistas que me gusta decirle a su mamá que deberían hacerle un homenaje, porque se ha dedicado a parir para Proceso Sus cuatro hijos varones han dejado la vida allí, menos su hija, pero sólo para confirmar la regla”
Luego, recordó cuando lo conoció desde su silla de la guardia hace 23 años, una vez que lo vio bajar por la misma escalera de Proceso que, “como la bíblica de Jacob”, vio subir y bajar “a seres sobrenaturales, al menos en términos periodísticos: desde mafiosos históricos hasta políticos de primer nivel, es decir, todo aquel que fuera noticia y que, por razones que nunca sabremos, visitaban a Julio Scherer”
Lo describió tal como es: “desde la sencillez de su vestimenta envuelta en un abrigo de Drácula, al que llaman la ‘piojerina de verano'”, hasta “sus reportajes y entrevistas memorables, como las que le hizo a Octavio Paz, a Ibargüengoitia, a Toledo o a Juan José Arreola”
Dijo también:
“No tiene empacho en ponerse el disfraz de reportero raso cuando es necesario De hecho, se puede disfrazar de cualquier cosa con tal de conseguir la nota o de entrar a lugares sin boleto A su olfato de sabueso le acompaña una tenacidad que no acepta el no cuando se trata de conseguir una nota El signori Ponzi, si se lo propone, encuentra a su presa por teléfono en una góndola en Venecia o en los territorios intocables de Amatlán, donde Telmex no se atreve”
Después de describirlo como un alma joven, “porque todo le conmueve, todo le sorprende”, y de ubicarlo como la “biblioteca de Alejandría ambulante”, porque sabe de todo y puede subyugar al que lo escucha con su vastísima cultura viva, Susana Cato resaltó de él su ética a toda prueba, porque “aunque conozca los secretos personales más terribles de amigos y enemigos es incapaz de publicarlos Podía ser el más feroz cuestionador de Octavo Paz a nivel periodístico, pero el más enamorado de su figura y de su pluma Tan es así que a él y a Nicolás Guillén los puede imitar de la manera más divertida y precisa”
Para concluir, aseveró que “este premio es más que merecido: es más, ya se estaba tardando”
A su vez, la corresponsal en Madrid señaló que el homenajeado vino a romper moldes y “a seguir la senda del cuestionamiento periodístico, buscando siempre el enfoque original”, por lo que es pionero al convertir una sección cultural en una sección crítica, basada en la investigación y en el rigor de la información, y que con su olfato periodístico consigue adelantarse al acontecimiento, y que es capaz de adivinar la noticia antes de que suceda”
Armando Ponce, como Fernando Benítez -agregó Sanjuana-“se ha convertido en referente para varias generaciones de periodistas Le acompaña la generosidad del maestro desprendido que regala a sus colaboradores las claves para lograr el objetivo de la entrevista difícil o el reportaje complejo”
Para él no hay imposibles ni personajes inalcanzables, dijo, y es por eso que por su pluma han pasado grandes pensadores del siglo XX, lo mismo que pintores, escultores, cineastas, artistas:
“Se ha enfrentado al poder de las ‘camarillas de intelectuales’, a los grupos culturales de presión, a las corrientes de moda”, pero, al mismo tiempo, “ha sabido huir del halago fácil y tiene la capacidad para mantener a un tiempo y en equilibrio, el nivel de crítica necesario y la cortesía debida”
Para la corresponsal en España de este semanario, Ponce, quien pertenece a la generación estudiantil del 68, es un “ave nocturna” que posee el tiempo, que no tiene prisa:
“Su reloj biológico se descompasó una vez y nunca ha tenido interés en hacerlo reparar Se inspira con la noche y el amanecer le suele sorprender leyendo
“La lectura es uno de sus placeres y, como vampiro, chupa de noche la sangre de los poetas, que luego nos regala durante el día gota a gota Es capaz de recitar de memoria desde San Juan de la Cruz, Cervantes o Juana de Asbaje, hasta Octavio Paz o Federico García Lorca”
Armando Ponce, “que fue un inquieto joven viajero y ahora se ha convertido en ilustre prisionero del Distrito Federal, un velero varado en la redacción de Proceso” es, ante todo, un ser humano excepcional, una gran persona y un gran periodista, concluyó Sanjuan Martínez
Antes que los periodistas había hablado Raúl Padilla Este definió al Premio Nacional de Cultura de 2002 como “un periodista cabal que ha desarrollado una característica poco común en el periodismo cultural al ser un cronista agudo e imparcial, cuyo reconocimiento honra al periodismo”
La noche del domingo 8 de diciembre, Armando Ponce y Padilla -su fotografía en lo alto sobre fondo negro y rodeado de las fotos de escritores galardonados con el Premio Juan Rulfo- se unió a la lista de los reconocidos con el “Fernando Benítez”, quien fue el primero en recibir ese reconocimiento; luego, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, José Emilio Pacheco, Cristina Pacheco, Jaime García Terrés, Vicente Leñero, Huberto Batis y Emilio García Riera
Al final del acto fueron entregados también los premios periodísticos dotados de 50 mil pesos, a los siguientes concursantes que resultaron ganadores: En radio, Karla Planter y J Jesús Gómez Valle; en pensa, María Rivera, y en fotografía, David de la Paz La mención honorífica fue para Giorgio Viera, en fotografía, y para Agustín del Castillo, en reportaje
Con estas premiaciones terminó la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de este año, en la que Cuba fue el país invitado de honor

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